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¿Cómo combatir el calor extremo que aumenta el riesgo entre madres y bebés?

Según un nuevo informe, el calor extremo está sometiendo a mayor presión a las embarazadas y a los recién nacidos.
Un nuevo informe advierte de que el calor extremo somete a mayor presión a las embarazadas y a los recién nacidos -  Derechos de autor  Richard Vanlerberghe / Unsplash
Derechos de autor Richard Vanlerberghe / Unsplash
Por Craig Saueurs
Publicado •última actualización
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El 73 % de los profesionales de la salud materna encuestados afirma haber visto aumentar los casos relacionados con el calor en los últimos cinco años.

El calor extremo está haciendo que el embarazo y el parto sean más peligrosos, han advertido expertos en salud. Casi tres de cada cuatro médicos, matronas y otros profesionales de la salud materna afirman que los casos o complicaciones relacionados con el calor han aumentado en los últimos cinco años, según una encuesta encargada por la fundación global de salud Wellcome.

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Simon Stiell, responsable del organismo climático de la ONU, ha citado hoy, 5 de octubre, estos resultados en la cumbre previa a la COP (pre-COP) en Nadi, Fiyi, al advertir sobre los peligros menos evidentes del calor extremo.

Las temperaturas más altas se han relacionado con partos prematuros, muerte fetal y bajo peso al nacer, así como con complicaciones para las madres. Según Wellcome, cada aumento de 1°C de la temperatura se correlaciona con un incremento del 5% de los partos prematuros y del 7% de los casos de diabetes gestacional.

Pero muchos de estos riesgos pueden reducirse con una mejor planificación, señala Stiell, ya sea mediante sistemas de alerta por calor más eficaces o simplemente con suministro de agua fiable y electricidad en las clínicas.

Los sanitarios piden ayuda para hacer frente al calor extremo

La encuesta de Wellcome incluyó a 1.000 profesionales de la salud materna en Australia, Brasil, India, el Reino Unido y Zimbabue. El 98% había atendido a una mujer embarazada cuya salud creían que se había visto afectada por el calor extremo, y el 99% dijo lo mismo respecto a un bebé.

La gran mayoría de los encuestados afirmó además que necesita más apoyo. El 92% pidió más formación, orientación y recursos para proteger del calor a las mujeres embarazadas.

Stiell pronunció su discurso en un acto organizado por Wellcome en la jornada inaugural de la pre-COP, que se celebra del 5 al 8 de octubre. La reunión es el último gran encuentro antes de la COP31, que tendrá lugar del 9 al 20 de noviembre en Antalya, Turquía.

Los coanfitriones de este año, Turquía y Australia, han presentado esta cita como una 'Implementation COP' (cumbre de la aplicación) centrada en convertir las promesas en avances. Entre sus prioridades figuran la financiación climática, la construcción de ciudades e infraestructuras resilientes y la protección de las regiones vulnerables. Sin embargo, ambos países han sido cuestionados por su apuesta por el carbón, a menudo descrito como la forma de energía "más sucia".

Stiell defendió que los gobiernos deberían incluir la salud materna y neonatal en la acción climática.

Explicó que las mujeres embarazadas que trabajan al aire libre, viven sin una refrigeración adecuada en casa o tienen que recorrer largas distancias para recibir atención médica pueden contar con muy poca protección durante los episodios de calor extremo. Las propias clínicas también pueden verse en apuros cuando el agua, la electricidad o los sistemas de refrigeración son poco fiables.

"'Mantenerse fresco' simplemente no es una opción cuando no hay ningún lugar fresco al que ir", señala Stiell.

Desde las alertas por calor hasta los tejados refrigerantes, las soluciones ya existen

En su llamamiento a la acción, Stiell dijo que los gobiernos deberían invertir en soluciones prácticas como alertas por calor, personal sanitario mejor formado, infraestructuras de agua y electricidad y clínicas mejor preparadas para las temperaturas extremas.

En todo el mundo, algunas de estas ideas ya se están poniendo a prueba.

En Zimbabue y Sudáfrica, un proyecto financiado por Wellcome en el que participan 1.600 mujeres está probando protecciones de bajo coste frente al calor extremo, como sombreros para el sol, botellas de agua, paraguas y ventiladores. Algunas comunidades también están pintando de blanco los tejados, difundiendo consejos sobre el calor por la radio y formando a los trabajadores sanitarios para que emitan avisos diarios a través de una aplicación.

Las ciudades también pueden reducir el calor al que se enfrentan cada día las mujeres embarazadas y los niños. Algunas de las soluciones más prometedoras son relativamente baratas y pueden aprovechar infraestructuras ya existentes. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Manchester descubrieron que los sistemas de recogida de agua de lluvia en azoteas pueden ayudar a refrescar las ciudades pulverizando el agua almacenada sobre los tejados recalentados.

Cuando el agua se evapora, enfría el tejado, reduce la cantidad de calor que entra en el edificio y también la necesidad de aire acondicionado. Usar menos aire acondicionado significa además expulsar menos calor al exterior.

En España, por su parte, cientos de edificios públicos ya existentes se han designado como refugios climáticos, ofreciendo a la población lugares frescos a los que acudir durante las olas de calor peligrosas. Solo Barcelona cuenta con unos 400, entre ellos bibliotecas, museos y mercados municipales.

La ciudad anfitriona de la COP31 ya está buscando soluciones frente al calor extremo. Antalya ha cartografiado los barrios donde se solapan las altas temperaturas y las poblaciones vulnerables, y ha utilizado esos datos para dirigir la creación de sombra, los espacios verdes, los sistemas de alerta temprana y el apoyo sanitario a esas zonas.

Financiar medidas como estas, que protegen a los más vulnerables de la sociedad, será otra prueba para los gobiernos. En la COP30, los países participantes acordaron triplicar la financiación para la adaptación al clima de aquí a 2035. La COP31 podría poner a prueba si esas promesas se traducen en acciones reales.

"Un clima cambiante nunca debe aceptarse como motivo para que el embarazo y el parto sean menos seguros", afirma Stiell. "El inicio saludable de un recién nacido nunca debe depender de la capacidad de una familia para escapar del calor."

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