Mientras Turquía se prepara para acoger la cumbre climática de la ONU (COP31), su apuesta por las energías renovables contrasta con su dependencia del carbón y las críticas a sus políticas climáticas, calificadas de "críticamente insuficientes".
Fila tras fila de paneles solares se extiende a lo largo de un vasto paisaje en la provincia central turca de Konya, convirtiendo la luz solar en electricidad y ayudando a Turquía, anfitriona de la próxima cumbre climática de la ONU, a poner de relieve sus esfuerzos por ampliar las energías renovables.
Sin embargo, los defensores de una acción contundente contra el cambio climático señalan que las ambiciones de Turquía en materia de energía más limpia contrastan claramente con su continua dependencia del carbón.
Los activistas sostienen además que el país carece de planes concretos para abandonar los combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón, que al quemarse liberan gases de efecto invernadero que calientan el planeta.
El Ministerio de Energía de Turquía afirma que el carbón siguió siendo el año pasado la principal fuente de electricidad del país, con el 33% de la generación. Pero subrayó que la cuota de la energía solar y eólica en la generación eléctrica se situó en casi el 23%.
Turquía cuenta con una de las mayores plantas solares de Europa
La localidad de Karapinar, en Konya, alberga la central solar Kalyon Karapınar YEKA-1, que cuenta con más de tres millones de paneles solares instalados en un terreno equivalente al tamaño de 2.600 campos de fútbol.
Operativa desde 2023, genera cada año electricidad suficiente para cubrir en torno al 0,7% de la demanda eléctrica del país, según el director de la planta, Burak Dogru.
"Evitamos aproximadamente 1,75 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono cada año", dijo Dogru a The Associated Press, una prueba, afirmó, de cómo Turquía ha orientado su economía y su sector energético hacia fuentes de energía más limpias.
Las emisiones totales de gases de efecto invernadero de Turquía en 2024, el último año del que se disponen datos, alcanzaron los 584,5 millones de toneladas de CO2 equivalente, según el Instituto Estadístico de Turquía (Turkish Statistical Institute).
Duygu Kutluay, activista del grupo de presión Beyond Fossil Fuels, señaló que Turquía ha elaborado planes para un gran impulso en energías renovables.
"Pero estos planes no incluyen ni una hoja de ruta para la eliminación progresiva del carbón ni planificación alguna para la eliminación de otros combustibles fósiles, incluido el gas", advirtió Kutluay, y añadió que esto "no es compatible" con el compromiso de Turquía de alcanzar emisiones netas cero en 2053.
Turquía también está recurriendo a la energía nuclear para reducir su dependencia energética. La primera central del país se está construyendo en la costa mediterránea, mientras que aún se estudian planes para reactores adicionales.
Aumentan las preocupaciones y las críticas antes de la cumbre COP31
A unos 265 kilómetros de Konya, la cumbre que se celebrará del 9 al 20 de noviembre en la ciudad mediterránea de Antalya reunirá a decenas de miles de delegados, líderes mundiales y representantes del mundo empresarial y de la sociedad civil para debatir cómo aplicar los objetivos climáticos.
La cumbre, oficialmente la Conferencia de las Partes, o COP31, llega en un contexto de crecientes preocupaciones sobre la seguridad energética y la guerra en Irán, que ha provocado un aumento de los precios del gas y el petróleo y ha llevado a los países a buscar desesperadamente cómo cubrir sus necesidades energéticas.
Muchos expertos han defendido recientemente que una misión clave, la de combatir el cambio climático reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, está fracasando.
Los Estados Unidos, la nación más rica del mundo y el segundo mayor emisor de carbono después de China, volverán a estar ausentes de la cumbre, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, retirara al país de las negociaciones climáticas globales.
Las dos últimas cumbres han concluido con escaso acuerdo sobre cómo reducir las emisiones, y los textos finales ni siquiera mencionan los combustibles fósiles.
El ministro turco de Medio Ambiente y Cambio Climático, Murat Kurum, que presidirá la cumbre, ha dicho que quiere que la COP31 se centre en transformar los compromisos climáticos en acciones, más que en fijar nuevos objetivos.
Con ese fin, Turquía impulsará un "climate implementation bridge", una iniciativa destinada a ayudar a los países a convertir sus promesas climáticas en medidas concretas conectándolos con financiación, tecnología y otros apoyos.
"Hoy, el mundo no está simplemente esperando nuevas decisiones", dijo Kurum al presentar las prioridades de la cumbre a principios de este año. "Lo que el mundo quiere es ver que las decisiones adoptadas en el pasado se ponen en práctica".
Turquía se presenta como adalid del medioambiente
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha insistido en que su país está comprometido con la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático, y la primera dama, Emine Erdogan, ha abanderado una campaña de "cero residuos" para fomentar el reciclaje y un uso más responsable de los recursos.
La COP31 también dará prioridad a la electrificación y a la reducción de los residuos y de las emisiones de metano, ha señalado Kurum.
Sin embargo, el observatorio Climate Action Tracker, que mide los avances de los países respecto a los objetivos del Acuerdo de París de 2015, ha descrito los objetivos y políticas climáticas de Turquía como "críticamente insuficientes".
El acuerdo fijó el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius en comparación con principios del siglo XIX, e instó a los países a desarrollar políticas que contribuyeran a alcanzar esa meta.
Mientras tanto, los grupos de derechos humanos acusan a Ankara de desestimar las preocupaciones medioambientales y de detener con frecuencia a activistas.
A principios de este año, un tribunal anuló la evaluación de impacto ambiental para la prevista ampliación de una central térmica de carbón en Afsin-Elbistan, en el sureste de Turquía. Los ecologistas celebraron la resolución como una gran victoria.
Pero poco después surgieron planes para ampliar otra central térmica de carbón en Canakkale, en el noroeste del país.
Al igual que otros países mediterráneos, Turquía se enfrenta a riesgos crecientes de olas de calor, sequía, escasez de agua, incendios forestales e inundaciones. El mes pasado, unas lluvias descritas como las más intensas en más de 80 años provocaron graves inundaciones en Estambul, la mayor ciudad de Turquía, y dejaron ocho muertos.
Se anunció que Turquía sería la anfitriona de la COP31 tras una pugna con Australia, que también quería acoger la cumbre. Como compromiso, Australia ha liderado las consultas para ayudar a definir la agenda de la cumbre y estará al frente de los debates.
Los defensores del clima han criticado duramente que la cumbre se haya concedido a Turquía, que depende del carbón; Australia, exportadora de carbón, también ha sido objeto de críticas.
Pero el secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, defendió esta elección y afirmó en febrero que la situación de un país anfitrión de la COP en materia de combustibles fósiles no determina el éxito o el fracaso de una cumbre.
"Con Turquía y Australia liderando este proceso, existe toda la oportunidad de lograr un resultado muy sólido", afirmó.