Cada vez más inversores recurren a metales preciosos mientras persiste la incertidumbre mundial, pero los analistas advierten que el oro no es una reserva de valor estable.
El oro ha subido más de un 15% desde comienzos de año y esta semana superó el significativo umbral de 5.500 dólares.
El repunte del metal precioso, en paralelo al de materias primas como la plata y el platino, obedece a varios factores interrelacionados, entre ellos las tensiones geopolíticas, el aumento de la deuda pública y la incertidumbre sobre los tipos de interés y la inflación.
El atractivo del oro se asocia a la idea de que es un activo refugio y actúa como cobertura frente a la inflación. Suele aumentar de valor cuando el dólar se debilita, se vende con facilidad y, además, es un activo tangible y finito.
Estos factores cobran relevancia en un momento en que se cuestiona el dólar y también monedas fiduciarias como el yen japonés. A medida que crece la deuda pública, crecen asimismo los temores sobre la inflación y la estabilidad fiscal.
En Estados Unidos, las políticas incendiarias de la Administración Trump aumentan la inquietud de los mercados sobre la salud de la economía y alimentan lo que algunos analistas ven como una apuesta por 'vender Estados Unidos'. En las últimas semanas, el presidente ha amenazado con conquistar Groenlandia, ha insinuado una intervención estadounidense en Irán, ha tratado de influir en la política de la Reserva Federal y ha lanzado un ataque contra Venezuela. Para rematar, también ha amenazado con más aranceles a sus socios comerciales, resucitando una táctica muy manida de 2025.
Aunque los analistas sostienen que el dólar no perderá su condición de moneda de reserva mundial a corto plazo, parece que los inversores se están diversificando y se alejan del billete verde. Las próximas decisiones de Estados Unidos siguen siendo inciertas y nadie quiere quedar en la línea de fuego. Como alternativa a las monedas fiduciarias, el oro puede parecer una opción sólida para las carteras.
"Antes, los inversores compraban bonos del Tesoro de Estados Unidos porque se consideraban bastante libres de riesgo. Pero, sobre todo por la manera en que cierta riqueza se ha utilizado como arma, algunos países están siendo más cuidadosos a la hora de asignar su capital", dijo Simon Popple, director general de Brookville Capital. "La depreciación del dólar favorece el precio del oro", explicó a Euronews.
Aun así, Popple y otros analistas subrayan que un factor clave que impulsa el precio del lingote es bastante menos complejo. A medida que el oro acapara titulares, los inversores se dejan llevar por la inercia y se desata una fiebre compradora.
"La gente se siente de forma natural atraída por lo que ve moverse y ha visto al oro protagonizar un repunte asombroso", dijo Chris Beauchamp, analista jefe de mercados de IG. "Es inevitable que reavive el interés."
Añadió que, aunque el oro tiene propiedades de inversión favorables, se exagera su capacidad para conservar el valor, en particular a corto plazo. La posición del metal en el mercado cambió de manera notable después de que el expresidente estadounidense Richard Nixon decidiera en 1971 poner fin a la convertibilidad directa del dólar en oro. En pocas palabras, los países dejaron de fijar sus monedas a una cantidad determinada del metal precioso.
"Todavía se invoca el patrón oro para sugerir que el metal es una especie de activo casi sagrado que deberíamos tener porque es una reserva de valor fija. No lo es", concluyó Beauchamp.
Kenneth Lamont, responsable del Departamento de Análisis de Gestores de Morningstar, reiteró este mensaje y trazó además paralelismos entre el oro y las criptomonedas. Aunque ambos tienen una oferta limitada, los dos son increíblemente volátiles, subrayó.
"Si utilizas cripto u oro para comprar algo, puede valer un 30% menos de un día para otro. En realidad, no es una buena reserva de valor a corto plazo."
Aunque el oro está mucho más asentado que bitcoin y ha tenido un buen comportamiento histórico a largo plazo, los analistas insisten en que la imprevisibilidad de ambos activos implica que aún no suena la sentencia de muerte de las monedas fiduciarias.
El viernes, a primera hora de la mañana en Europa, el metal precioso caía en torno a un tres por ciento. Pese al tropiezo, todo apunta a que aún puede tener más recorrido en los próximos meses dada la precaria situación de la política internacional.