Las tensiones en Oriente Medio y los cortes en las infraestructuras energéticas sacuden el mercado mundial de GNL y golpean con más fuerza a Asia.
El comercio mundial de la energía atraviesa una grave crisis, mientras la guerra en torno al Golfo Pérsico perturba los envíos de petróleo y gas natural y dispara con fuerza los precios.
Asia probablemente será la región más afectada. La zona depende en gran medida de las importaciones de combustible, gran parte del cual se transporta por el estrecho de Ormuz, el angosto paso marítimo por el que circula alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo crudo y gas natural licuado (GNL).
Más del 80% del GNL que atravesó el estrecho en 2024 tenía como destino los mercados asiáticos, según la Administración de Información sobre Energía de Estados Unidos.
Sin embargo, los analistas advierten de que el problema no se limita a las rutas marítimas, es la propia estructura del mercado mundial de GNL la que está amplificando el impacto.
Yousef Alshammari, presidente del London College of Energy Economics, señala que la crisis llega en un momento en que los mercados energéticos ya lidiaban con una oferta ajustada, precios volátiles y una demanda cambiante.
Aunque gran parte de la atención se ha centrado en el estrecho de Ormuz, explica que los mercados del gas están reaccionando con más intensidad que los del petróleo. "Lo que estamos viendo se parece más a un encarecimiento del 50% en los precios del gas", dijo.
Los mercados petroleros se han mostrado más resistentes, ayudados por una fuerte oferta y por el uso estratégico de reservas. "Estados Unidos está produciendo ahora más de 13 millones de barriles diarios, y recientemente ha superado los 13,5 millones de barriles", señaló Alshammari. "China ha ido llenando sus reservas con más de 1.200 millones de barriles, suficientes para más de 90 días de consumo".
Los mercados asiáticos soportan la mayor parte del impacto
Las perturbaciones se sienten con especial intensidad en Asia, que se encuentra en el centro del comercio mundial de GNL. "Si se observa dónde está expuesto el GNL procedente de Qatar, casi el 80% va a Asia", apunta Yousef Alshammari. Esa dependencia implica que cualquier alteración del suministro en el Golfo se transmite rápidamente a los mercados energéticos asiáticos.
China e India, bajo presión
Las dos mayores economías de Asia son especialmente vulnerables a un encarecimiento prolongado de la energía. China es el mayor importador mundial de petróleo crudo, mientras que India ocupa el tercer lugar.
Un aumento de los precios de la energía podría trasladarse a ambas economías y encarecer el transporte, la industria y los costes para los hogares. India ya ha reanudado temporalmente la compra de crudo ruso con descuento, una muestra de la presión que sufren los países para asegurarse suministros alternativos.
La dependencia de GNL en Asia Oriental
Pocas regiones dependen tanto de la energía importada como Asia Oriental. Japón importó en enero unos 2,34 millones de barriles de petróleo crudo al día, aproximadamente el 95% de todas sus importaciones de ese mes, según su Ministerio de Economía, Comercio e Industria. También figura entre los mayores importadores de GNL del mundo.
Corea del Sur depende casi por completo de la energía importada. Datos de la Asociación de Comercio Internacional de Corea indican que en torno al 70% de su petróleo crudo y cerca del 20% de su GNL proceden de Oriente Medio.
Taiwán, que importa prácticamente todo su GNL, ha intentado diversificar el suministro. Sin embargo, aproximadamente un tercio de su GNL ha procedido tradicionalmente de Qatar, que paralizó la producción tras los ataques contra sus instalaciones.
El Sudeste Asiático, expuesto a la volatilidad del GNL
Varias economías del Sudeste Asiático también son vulnerables a las oscilaciones del precio del GNL. Tailandia, por ejemplo, depende en gran medida de las compras de GNL en el mercado al contado.
Eso la deja "altamente expuesta a la volatilidad de los precios y a la incertidumbre geopolítica", según Amy Kong, del grupo de investigación con sede en Bruselas Zero Carbon Analytics.
Los países que dependen de compras en el mercado al contado pueden verse abocados a guerras de ofertas por cargamentos de GNL cuando el suministro se ajusta, a menudo compitiendo con naciones más ricas.
Riesgos económicos más amplios
El encarecimiento del gas y las tensiones geopolíticas pueden acarrear consecuencias económicas más amplias. "La volatilidad no beneficia a nadie salvo a los operadores", afirmó Alshammari.
"Unos precios de la energía excesivamente altos pueden alimentar la inflación, desembocar potencialmente en estanflación y aumentar el riesgo de recesión". Fuertes vaivenes de los precios pueden debilitar la demanda y aumentar la incertidumbre económica.
"Eso a la larga lastra la demanda de energía y amplifica la volatilidad, con precios muy altos que pueden desencadenar una recesión y precios muy bajos que desestabilizan los mercados", añadió. Alshammari estableció paralelismos con la crisis del petróleo de 1973. "Si esta situación se prolonga, podríamos encaminarnos hacia una recesión mundial", advirtió.