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La guerra de Irán aviva el miedo a la inflación y provoca la subida del rendimiento de la deuda

Federico DeMarco trabaja en el parqué de la Bolsa de Nueva York, 25 de marzo de 2026
Federico DeMarco trabaja en el parqué de la Bolsa de Nueva York, 25 de marzo de 2026 Derechos de autor  AP Photo/Seth Wenig
Derechos de autor AP Photo/Seth Wenig
Por Quirino Mealha
Publicado Ultima actualización
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Casi un mes después del inicio de la guerra en Irán, los mercados de deuda pública se ajustan a duras penas. El encarecimiento del petróleo y el gas hace subir las expectativas de inflación y obliga a revisar la política de los bancos centrales.

Los rendimientos de la deuda soberana en los países europeos y en Estados Unidos no han dejado de subir desde el inicio de la guerra de Irán. Los inversores exigen rentabilidades más altas, ya que la confianza en la economía global se ha desplomado por el fuerte impacto negativo del conflicto en los mercados energéticos, las cadenas de suministro y las infraestructuras de Oriente Medio.

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Los bonos a dos años, muy sensibles a las expectativas sobre los tipos de interés a corto plazo, han subido más deprisa que sus homólogos a diez años en un clásico movimiento de aplanamiento bajista, mientras que las rentabilidades a plazos más largos reflejan la preocupación por el lastre económico que supone una energía más cara.

En declaraciones a 'Euronews', el estratega jefe de renta fija de BCA Research, Robert Timper, explicó que "el acusado aplanamiento bajista de las curvas de tipos refleja una revalorización al alza de las expectativas sobre una política monetaria más restrictiva, en respuesta a los temores de inflación derivados de la guerra de Irán".

"El tramo corto de la curva de rendimientos a dos años es más sensible a los cambios de política monetaria y, por tanto, ha subido más que el tramo largo rendimientos a diez años ante la expectativa de los inversores de una política más restrictiva por parte de los bancos centrales", añadió Timper.

Históricamente, este comportamiento concreto de la curva suele preceder a una curva de tipos invertida, un indicador ampliamente reconocido de una posible recesión económica.

Los bonos europeos sufren la mayor presión vendedora

El ajuste de precios ha sido más acusado en Europa, y el mercado de deuda del Reino Unido es el que sufre una mayor presión. Desde el inicio del conflicto, la rentabilidad del gilt británico a diez años ha pasado del 4,2% a superar el 5%, mientras que la del bono a dos años ha saltado del 3,5% a un máximo del 4,6%.

Timper explicó a 'Euronews' que la experiencia inflacionista reciente ha resultado determinante, y señaló que "las subidas de tipos en el Reino Unido son más probables que en otros lugares porque la inflación ha sido más elevada que en otras economías y, por tanto, el riesgo de que se desanclen las expectativas de inflación es mayor".

El miércoles, el director de inversiones de AJ Bell, Russ Mould, destacó en una nota detallada las implicaciones específicas para el Reino Unido, y apuntó que la rentabilidad del gilt a diez años ronda el 5% por tercera vez desde 2008, mientras que la del bono a dos años supera con holgura el tipo de referencia del Banco de Inglaterra.

Mould añadió que la diferencia entre la rentabilidad del gilt a diez años y la rentabilidad por dividendo del FTSE 100 se ha ampliado hasta más de un punto y medio porcentual, lo que hace que la renta variable británica resulte relativamente menos atractiva.

Un hombre pasa frente al Banco de Inglaterra en el distrito financiero de Londres, 5 feb. 2026
Un hombre pasa frente al Banco de Inglaterra en el distrito financiero de Londres, 5 feb. 2026 AP Photo/Kin Cheung

En el resto de Europa, las rentabilidades de la deuda han registrado aumentos similares. La rentabilidad del bund alemán a diez años ha subido del 2,65% a alrededor del 3%, cerca de máximos de los últimos 15 años, mientras que la del bono a dos años ha pasado de aproximadamente el 2% al 2,65%.

En Francia, la rentabilidad del OAT a diez años ha repuntado del 3,2% a por encima del 3,7%, acercándose a máximos de los últimos 17 años, mientras que la del bono a dos años ha subido del 2,1% a más del 2,8%.

En Italia, la rentabilidad del BTP a diez años se situaba en torno al 3,3% antes de la guerra de Irán y ahora ha superado el 3,9%, cerca de máximos de los últimos dos años, mientras que la del bono a dos años ha pasado de aproximadamente el 2,15% al 3%.

En todos estos mercados de deuda, la rentabilidad de los bonos a dos años ha subido más deprisa que la de sus equivalentes a diez años. También las rentabilidades de los bonos a 30 y 20 años cotizan al alza, lo que denota una confianza menguante en las perspectivas de crecimiento a largo plazo de las economías europeas correspondientes.

Los bonos del Tesoro estadounidense encaran vientos en contra similares

Al otro lado del Atlántico, los bonos del Tesoro de Estados Unidos han seguido una trayectoria similar, aunque la presión vendedora ha sido menos intensa que en el Reino Unido, por ejemplo. La rentabilidad del bono a diez años ha subido de alrededor del 3,9% a un máximo del 4,4%, alcanzado el lunes, y actualmente se sitúa en el 4,37%.

Mientras tanto, la rentabilidad del bono a dos años ha pasado del 3,35% a un máximo de algo más del 4% y ronda el 3,9% en el momento de redactar esta información.

Las rentabilidades de ambos bonos han tocado máximos de los últimos ocho meses. El análisis de Timper sitúa el comportamiento de la deuda estadounidense muy cerca del de la zona euro, lo que refleja unas trayectorias de inflación y unas expectativas de política monetaria en gran medida comparables. Apenas hay indicios de que los inversores estén abandonando la deuda europea para refugiarse en los bonos del Tesoro estadounidense.

En declaraciones a 'Euronews', Timper explicó que esos cambios de flujo se notarían más en los mercados de divisas, dado que el dólar estadounidense es la moneda de referencia predominante para las exportaciones de energía.

Por ahora, el mensaje que lanzan los mercados de deuda a ambos lados del Atlántico es coherente, el conflicto en Oriente Medio ha cambiado por completo las perspectivas a corto plazo sobre la inflación, la política monetaria y el coste de la financiación.

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