Los bancos centrales se apresuran a entender cómo la inteligencia artificial está transformando la inflación, pero no todos coinciden en el diagnóstico. La IA tiene un peso suficiente como para obligar a replantearse cómo funciona la economía.
Durante la mayor parte de los últimos tres años, los bancos centrales han tratado la inteligencia artificial igual que el cambio climático o la demografía, como una fuerza de largo plazo que conviene vigilar, pero que todavía no forma parte de los instrumentos de política monetaria. Esa distinción se ha desvanecido.
Los responsables de política económica han empezado a presentar la IA como un cambio estructural comparable a la electrificación o a internet, llamado a redefinir la inflación, los tipos de interés y las propias herramientas con las que los bancos centrales los fijan. El debate ya no gira en torno a si la IA importa o no.
La discusión se centra ahora en los plazos, los canales y el sentido de su impacto, en cuán rápido se materializarán sus efectos, si los precios subirán o bajarán primero y cómo deben reaccionar los bancos centrales ante una fuerza que puede ser inflacionista a corto plazo pero desinflacionista con el tiempo.
Qué hacen ya el BCE y el Bundesbank con la IA
El Banco Central Europeo es el que más rápido ha pasado de la teoría a la práctica en materia de IA. En una entrada de blog publicada el 21 de abril de 2026, cuatro economistas del BCE, Óscar Arce, Karin Klieber, Michele Lenza y Joan Paredes, revelaron que desde finales de 2022 un modelo de aprendizaje automático forma parte del conjunto de herramientas de análisis utilizado para preparar las decisiones de política monetaria del Consejo de Gobierno.
El modelo se nutre de unas sesenta variables que recogen las expectativas de inflación, las presiones de costes, la actividad económica real y las condiciones financieras, y se actualiza varias veces en cada trimestre. Sus resultados ya se han puesto a prueba en tiempo real.
En el segundo y el cuarto trimestre de 2025, el modelo señaló riesgos al alza para la inflación subyacente que después se materializaron, con lecturas finales en torno a 20 puntos básicos por encima de las previsiones oficiales del Eurosistema. "La inteligencia artificial (IA) puede ayudar a seguir en tiempo real los riesgos para la inflación", escribieron los autores.
El Bundesbank avanza por una senda similar. En una conferencia conjunta del Bundesbank y SUERF celebrada en Fráncfort el 9 de diciembre de 2025, el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, afirmó que el banco central alemán ya utiliza una amplia gama de aplicaciones de IA para mejorar los análisis y apoyar los procesos de trabajo.
Entre ellas figuran asistentes inteligentes basados en texto, análisis documental mediante IA y un modelo denominado MILA que evalúa las comunicaciones de los bancos centrales del área del euro.
"La tecnología, en última instancia, debe estar al servicio de las personas. Y lo mismo vale para nosotros como bancos centrales, usamos la IA para cumplir nuestro mandato lo mejor posible", dijo Nagel.
Qué dice la Fed sobre la IA, de la curiosidad al núcleo del debate
En la Reserva Federal el giro ha sido menos operativo y más conceptual, y resulta cada vez más apremiante. Los responsables han pasado de limitarse a reconocer la IA a debatir cómo modifica los equilibrios fundamentales de la política monetaria.
El año pasado, el gobernador de la Reserva Federal, Christopher Waller sostuvo que la IA se está adoptando más rápido que los ordenadores personales, internet o los teléfonos inteligentes, y que la cuestión de la productividad se sitúa ahora en el centro del debate sobre política monetaria.
"Una cuestión crucial es si la IA contribuirá a un repunte del crecimiento de la productividad. Cualquier crecimiento de la productividad sostenido por encima del dos por ciento tenderá a respaldar el aumento de las rentas reales y del nivel de vida sin generar presiones inflacionistas. Como responsable de política monetaria, confío en que la IA lo consiga", dijo Waller.
En el acto Euro20+ organizado por Nagel en noviembre de 2025, el vicepresidente de la Reserva Federal, Philip Jefferson, subrayó el efecto ambivalente de la IA sobre la inflación. Por un lado, la tecnología podría reducir los costes de producción gracias a las ganancias de productividad. Por otro, podría presionar al alza los precios de los factores de producción.
"La IA podría ejercer presiones alcistas sobre ciertas categorías de precios a medida que muchas empresas traten de ampliar el uso de esta tecnología. Además, la IA requiere centros de datos, que compiten con otros procesos productivos por el suelo, la energía y otros recursos. Por eso creo que el efecto de la IA sobre la inflación no se limita a una presión a la baja", afirmó Jefferson.
Warsh: "La IA es la ola que más impulsa la productividad"
La voz políticamente más cargada en este debate es la de Kevin Warsh, a quien Donald Trump ha propuesto para presidir la Fed cuando termine el mandato de Jerome Powell en mayo. Warsh ha descrito el boom de la IA como la oleada que más ha impulsado la productividad en toda su vida y ha comparado el momento actual con finales de la década de 1990, cuando Alan Greenspan mantuvo una política más laxa de lo que indicaban las reglas mecánicas y fue recompensado con una productividad al alza y precios estables.
Pero su comparecencia de confirmación la semana pasada mostró una faceta más prudente. Definió la IA como una fuerza que se aproxima a la "velocidad de escape" y advirtió de que los responsables de política económica aún no pueden apoyarse en esas ganancias de productividad.
"La IA está adquiriendo una importancia tal que se aproxima a algo similar a la velocidad de escape", dijo Warsh, advirtiendo de que la Reserva Federal puede verse obligada a replantearse sus modelos.
Aunque reconoció que la actual oleada de innovación podría aliviar con el tiempo las presiones sobre los precios y facilitar la lucha contra la inflación, advirtió de que los responsables siguen sin tener claro cómo se trasladarán esas ganancias al empleo, la otra mitad del mandato de la Fed.
Wall Street se divide entre optimistas de la desinflación y halcones de la inversión
Mientras los bancos centrales siguen discutiendo cómo interpretar la IA, Wall Street ha empezado a operar en función de ella. Los mayores gestores de activos y los economistas de los bancos de inversión ya incorporan esta tecnología a sus previsiones de inflación, crecimiento y rentabilidad de la deuda, y el mercado se ha dividido en dos apuestas enfrentadas.
Los optimistas de la desinflación ven la IA como un shock de oferta positivo, con precios más bajos, tipos más bajos y activos de riesgo al alza. Los halcones de la inversión, en cambio, perciben un problema de inflación a corto plazo, un ciclo de inversión récord que impulsa al alza los precios de la electricidad, agota el equilibrio entre ahorro e inversión y eleva los rendimientos a largo plazo antes de que lleguen las ganancias de productividad.
El argumento desinflacionista más contundente procede del sector de la gestión de activos. Mike Hunstad, responsable de la división de gestión de activos de 1,4 billones de dólares de Northern Trust, afirmó al 'Financial Times' en abril de 2026 que la IA podría convertirse en uno de los mayores shocks de oferta positivos de la historia económica reciente.
Según Hunstad, si la IA logra un aumento sostenido de la productividad, hará el trabajo desinflacionista que años de política restrictiva no han conseguido culminar. "Es casi como si la IA fuera la política monetaria, y va a ser más eficaz que cualquier cosa que pueda hacer la Fed o, en realidad, cualquier banco central del mundo", afirmó Hunstad.
Los halcones de la inversión sostienen lo contrario, un ciclo inversor de tal magnitud que elevará los precios de la electricidad y las rentabilidades antes de que se materialicen las ganancias de productividad.
En febrero, Ben May y Daniel Harenberg, de la empresa Oxford Economics, defendieron que recortar los tipos de forma preventiva bajo la suposición de que la IA será desinflacionista sería un error, ya que en estos momentos la IA está impulsando la inflación a través de los precios de la electricidad, la inversión en centros de datos y los efectos riqueza derivados de la subida de las bolsas.
"El impacto de la IA sobre la inflación dependerá de hasta qué punto el impulso al lado de la oferta de la economía se vea compensado por el aumento asociado de la demanda agregada", señalaban desde Oxford Economics en una nota.
Goldman Sachs llegó a una conclusión similar. Los economistas Manuel Abecasis y Hongcen Wei se centraron en el que puede ser el canal de transmisión más infravalorado entre la IA y la inflación, los precios de la electricidad.
La inflación de la electricidad en Estados Unidos se situó en el 6,9 % interanual hasta diciembre de 2025, muy por encima de la inflación general del gasto en consumo personal, del 2,9 %. Goldman prevé que la inflación de la electricidad para los consumidores se mantenga cerca del 6 % tanto en 2026 como en 2027 antes de desacelerarse hasta alrededor del 3,5 % en 2028.
"Esperamos que los centros de datos impulsen de forma significativa la demanda de electricidad y representen en torno al 40 % del aumento total de la demanda de energía en los próximos cinco años", señaló Abecasis.
Goldman calcula que el encarecimiento de la electricidad sumará 0,2 puntos porcentuales a la inflación general en 2026 y 0,15 puntos en 2027, con los sectores sanitario, del transporte y de los servicios de restauración absorbiendo la mayor parte de la transmisión indirecta a los precios subyacentes.
La cuestión es el calendario, no el destino
Hoy existe un amplio consenso en un punto, la IA tiene un tamaño suficiente como para obligar a los bancos centrales a replantearse cómo funciona la economía. Lo que sigue sin resolverse es la secuencia. Si las ganancias de productividad llegan primero, los bancos centrales podrían disponer de margen para recortar los tipos sin reavivar la inflación.
Si, por el contrario, el boom de inversión se impone antes, a través de los precios de la energía, la demanda de capital y las valoraciones de los activos, quienes relajen la política demasiado pronto pueden verse obligados a dar marcha atrás. Esto marca una ruptura clara con la situación de hace solo unos años, cuando la inteligencia artificial apenas aparecía en los discursos de los bancos centrales.