Los instrumentos financieros de la patata escalan un 705% en menos de 1 mes por el temor al desabastecimiento tras el conflicto en Irán. Pese al exceso de cosecha en Europa, el bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza el suministro de fertilizantes, del que depende 1/3 del total mundial según la ONU.
Los contratos por diferencia (CFD) de patata, que replican el mercado de referencia de esta materia prima, han registrado un alza de precios de alrededor del 705% en menos de un mes.
Desde el 21 de abril, el coste por cada cien kilos ha pasado de aproximadamente 2,11€ hasta alcanzar 18,50€.
Sin embargo, este precio sigue siendo muy bajo si se compara con los niveles del mercado de la patata en los dos últimos años. La razón es que el mercado físico subyacente en Europa sufre en estos momentos un importante exceso de oferta.
Tras la escasez y los precios elevados de campañas anteriores, los agricultores de países como Bélgica, Países Bajos, Francia y Alemania ampliaron de forma significativa las superficies de cultivo.
A continuación, unas condiciones meteorológicas favorables dieron lugar a cosechas excepcionalmente abundantes, lo que generó un importante excedente en todo el mercado europeo. Como consecuencia, las empresas transformadoras y los exportadores han tenido dificultades para absorber la oferta y los precios en origen se han desplomado.
Según diversas informaciones, algunas patatas de menor calidad destinadas a la alimentación animal o a usos industriales se han llegado a vender a precios extremadamente bajos o incluso negativos. En esos casos, los productores acaban asumiendo los costes de transporte o eliminación para sacar el excedente de sus explotaciones.
La referencia de 18,50€ citada corresponde por lo general a patata 'free-buy', es decir, vendida en el mercado libre, y no a la que ya está cubierta por contratos a precio fijo entre productores e industrias transformadoras.
Aunque este precio está por encima de los valores negativos observados en los mercados secundarios, muchos productores lo consideran todavía inviable desde el punto de vista económico, ya que los costes de producción, incluidos el combustible, los fertilizantes, el almacenamiento y la electricidad, han aumentado de forma considerable.
El contraste entre unos precios débiles en el mercado físico y los bruscos movimientos de las referencias financieras refleja la diferencia entre los mercados de negociación de materias primas y la cadena de suministro agrícola real.
Los mercados financieros pueden reaccionar con fuerza a la volatilidad, las expectativas sobre futuras cosechas, los riesgos meteorológicos, la demanda exterior o posibles ajustes de la oferta, incluso cuando los inventarios físicos actuales siguen siendo excesivos.
En otras palabras, el fuerte incremento porcentual registrado por los instrumentos financieros vinculados a la patata no significa que la patata se haya vuelto de repente cara en Europa, sino que refleja la volatilidad de un mercado que intenta anticipar y valorar las condiciones futuras asociadas a la actual inestabilidad.
Efectos negativos de la guerra de Irán
El conflicto en Oriente Medio ha dificultado seriamente la exportación de productos químicos y minerales esenciales para la agricultura industrial, lo que ha desatado un amplio temor por la seguridad alimentaria mundial.
Dado que la patata es un cultivo muy exigente en nutrientes, la súbita falta de fertilizantes asequibles tiene consecuencias directas tanto sobre los rendimientos futuros como sobre las valoraciones actuales del mercado.
Para empeorar las cosas, la inestabilidad regional ha vuelto cada vez más peligrosas las principales rutas marítimas, lo que complica la logística del comercio agrícola.
Según la ONU, aproximadamente un tercio de los fertilizantes del mundo, como la urea, la potasa, el amoniaco y los fosfatos, suele pasar por el estrecho de Ormuz, actualmente bloqueado.
Ante el aumento de los costes y la incertidumbre, los operadores parecen estar revisando al alza el precio de los contratos de futuros y dejando de priorizar la realidad actual de exceso de oferta.
Por ahora, para los consumidores europeos esto no se traduce en un fuerte encarecimiento de un alimento básico, pero el movimiento de los CFD de patata pone de relieve un mercado inquieto que intenta cuantificar los múltiples y amplios efectos económicos de la guerra de Irán.