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El boom de la IA sostiene los mercados, pero los bancos centrales alertan de un posible desplome

Personas participan en una marcha para protestar contra la apertura de centros de datos de IA en Vancouver, Columbia Británica, 27 de junio de 2026
Personas participan en una marcha para protestar contra la apertura de centros de datos de IA en Vancouver, Columbia Británica, 27 de junio de 2026 Derechos de autor  Darryl Dyck/The Canadian Press via AP
Derechos de autor Darryl Dyck/The Canadian Press via AP
Por Quirino Mealha
Publicado última actualización
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El fuerte aumento de la inversión en IA, que ha llevado las bolsas mundiales a máximos históricos, puede acabar en un pinchazo financiero, advierte el Banco de Pagos Internacionales, mientras los costes ocultos afloran en las cuentas empresariales y los precios al consumidor.

En su Informe Económico Anual, publicado el domingo, el Banco de Pagos Internacionales (BIS), conocido como el banco central de los bancos centrales, advirtió de que el enorme gasto en inteligencia artificial está acumulando vulnerabilidades financieras que podrían amplificar cualquier choque futuro y extenderse desde los mercados al conjunto de la economía.

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Al presentar las conclusiones, el director general del BIS, Pablo Hernández de Cos, afirmó que el mensaje era de "urgencia", y pidió a los responsables de política económica que actúen antes de que cualquier giro de tendencia haga el ajuste final más doloroso.

En el centro de la advertencia está la escala del gasto, pese a que la inversión masiva ha apuntalado el crecimiento mundial durante el último año.

Las cinco mayores "hyperscalers", las grandes tecnológicas que compiten por levantar la infraestructura de IA, van camino de comprometer más de un billón de dólares (878.000 millones de euros) en inversiones relacionadas con la IA entre 2025 y 2026, un ritmo que supera sus beneficios y su flujo de caja libre y que empuja a algunas a endeudarse en gran medida para seguir el ritmo.

El BIS sostiene que esta carrera se alimenta de la convicción de que, en última instancia, solo un puñado de actores dominantes saldrá vencedor, lo que anima a las empresas a inyectar dinero en proyectos cuyos retornos siguen siendo profundamente inciertos.

Ecos de las manías del pasado

El informe sitúa el auge actual de la IA en una larga tradición histórica, desde la fiebre de los canales de la década de 1830 y la fiebre ferroviaria británica de la de 1840 hasta la electrificación de los años 1920 y la burbuja puntocom.

Cada episodio arrancó con un auténtico avance tecnológico que atrajo más capital del que podían justificar los retornos comerciales, señala el BIS, y terminó "con una eventual reversión de la inversión que provocó recesiones en el conjunto de la economía".

El riesgo se agrava por unas cotizaciones bursátiles muy exigentes y una financiación opaca.

El BIS subraya la expansión de la "financiación circular", en la que los fabricantes de chips y los gigantes de la nube toman participaciones en laboratorios de IA que se comprometen a comprar sus chips y capacidad de computación, reciclando de facto el dinero de vuelta a los inversores originales en forma de ingresos.

Gran parte de la financiación llega ahora a través de fondos de cobertura y vehículos de crédito privado que están sometidos a menos supervisión que los bancos.

Según Zhang Tao, representante jefe del BIS para Asia y el Pacífico, esa dependencia de canales no bancarios implica que una desaceleración de la IA podría desembocar en un desplome más brusco y rápido que una crisis bancaria tradicional.

Los costes ocultos de los centros de datos

Más allá de los mercados financieros, los críticos sostienen que el verdadero coste del despliegue de la IA se está ocultando a plena vista.

Una de las principales preocupaciones, analizada por el 'Wall Street Journal', es cómo las grandes tecnológicas contabilizan sus centros de datos.

Al suponer que los costosos equipos que albergan seguirán siendo útiles durante más tiempo, las empresas pueden repartir su coste en más años, reducir la depreciación que cargan contra beneficios en cada ejercicio y presentar unos resultados más saneados de lo que sugiere la salida real de caja.

Sin embargo, los chips especializados que son el corazón de estas instalaciones pueden quedar obsoletos mucho antes de lo que contemplan esos calendarios ampliados, lo que abre una brecha entre los beneficios declarados y la realidad económica y deja unos balances más expuestos de lo que parece si la demanda decepciona o surge una necesidad importante de renovar el hardware.

ARCHIVO. Centro de datos de Amazon Web Services en Boardman, Oregón, agosto de 2024
ARCHIVO. Centro de datos de Amazon Web Services en Boardman, Oregón, agosto de 2024 AP Photo/Jenny Kane

La magnitud física es abrumadora.

El economista de la Universidad de Columbia Stijn Van Nieuwerburgh estima que el despliegue podría costar del orden de ocho billones de dólares (siete billones de euros) en los próximos seis años, financiados en parte mediante los tipos de acuerdos fuera de balance que ha señalado el BIS.

Los costes tampoco se limitan ya a las cuentas empresariales.

Algunos economistas alertan ahora de una denominada "tercera ola" de inflación, tras la pandemia y los aranceles, impulsada esta vez por el despliegue de la IA. A medida que los fabricantes de chips priorizan los componentes de alto margen para los servidores de IA, la consiguiente escasez de memoria y almacenamiento se ha trasladado a la electrónica de consumo.

Apple, por ejemplo, subió la semana pasada los precios de sus MacBook, iPad y otros dispositivos, citando un "aumento extraordinario de la demanda de memoria y almacenamiento" y asegurando que "nunca habíamos visto que el precio de un componente subiera tanto y tan rápido".

Las acciones de la compañía cayeron en torno a un seis por ciento, su peor jornada en más de un año, mientras Microsoft, Nintendo y Sony han adoptado movimientos similares.

Más allá de los costes ocultos y las presiones inflacionistas, el ámbito donde la tensión puede extenderse más es el suministro eléctrico.

Goldman Sachs prevé que los centros de datos expliquen cerca de la mitad del aumento de la demanda eléctrica en Estados Unidos de aquí a 2030, con precios de la luz para los hogares que podrían subir alrededor de un seis por ciento anual en 2026 y 2027.

El propio BIS señala que el apetito de este despliegue por la electricidad ya está presionando los precios y los costes de producción, con posibles efectos de contagio sobre la inflación, aunque subraya, como muchos economistas, que la IA aún podría resultar desinflacionista si finalmente se materializan los aumentos de productividad que promete.

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