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¿Puede la ‘limpieza de la imagen a través del arte’ sobrevivir a la era de las redes sociales?

Galerías de toda Europa se plantean dejar de colaborar con empresas relacionadas con los combustibles fósiles.
Galerías de toda Europa se plantean dejar de colaborar con empresas relacionadas con los combustibles fósiles.   -   Derechos de autor  AP Photo / Peter Dejong
Por Euronews

Las rupturas nunca son fáciles, y por eso muchos se entristecieron cuando el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) y la familia Sackler anunciaron, a principios de diciembre, que su larga relación llegaba a su fin. O... ¡quizás no!

Los Sackler, que han donado millones de dólares al Met a lo largo de los años, se encuentran actualmente en proceso de quiebra después de que su empresa, Purdue Pharma, se declarara culpable de cargos penales relacionados con su papel en la crisis de los opiáceos que asola Estados Unidos.

Los cargos, que incluían el hecho de incentivar a los médicos a través de un programa para que aumentaran las recetas de analgésicos, hacen que los Sackler tengan que abonar 8 300 millones de dólares (alrededor de 7 350 millones de euros) en decomisos y multas.

Hasta la fecha, la crisis provocada por las sobredosis en Estados Unidos se ha cobrado 470 000 vidas.

Pero, no solamente es el Met la única institución cultural que se esfuerza por alejarse de la ‘dudosa’ reputación de los Sackler. En los últimos años, el Louvre, la Tate y el Museo Judío de Berlín se han distanciado de los filántropos controvertidos.

Mientras que los escándalos, a menudo, nos hacen preguntarnos si podemos separar el arte del artista, ¿deberían estos acontecimientos animarnos a preguntar cómo separar a los artistas de sus patrocinadores?

Dinero 'sucio' y filantropía de los combustibles fósiles

La adicción a los opiáceos y la salud pública no son, ni mucho menos, la única crisis que ensombrece a los museos y galerías de todo el mundo, ya que resulta que los patrocinadores con grandes fortunas pueden haber obtenido su dinero por medios poco honrosos.

La reciente noticia de que el Museo de la Ciencia de Londres había elegido a una empresa de combustibles fósiles para patrocinar su exposición sobre el clima fue recibida con consternación, y culminó con la ocupación del edificio por parte de jóvenes activistas del clima, durante la noche.

"Si se muestra el logotipo de BP o Shell en una exposición, se está contribuyendo a mejorar su marca y a darle legitimidad social", afirma Chris Garrand, fundador de Culture Unstained, una de las organizaciones que apoyaron a los manifestantes.

Más que una filantropía bondadosa, Garrand cree que las donaciones de las empresas de combustibles fósiles son una forma de reorientar su imagen pública, una práctica conocida como "limpieza de la imagen a través del arte".

"Estos patrocinios son transaccionales y están comprando esa buena reputación", declara Garrand.

Las instituciones culturales suelen verse como un espacio neutral, lugares que exhiben pasivamente arte o realizan exposiciones científicas, pero Garrand las ve más como “un espacio discursivo, que puede ser decisivo para cambiar la percepción pública de las empresas contaminantes”.

"Estas asociaciones no se producen en un espacio vacío; están respaldando a estas empresas", señala Garrand.

"Hemos asistido a un cambio, en el que se busca que las instituciones culturales muestren su liderazgo en estos temas", añade.

¿Puede la ‘limpieza de la imagen a través del arte’ sobrevivir a la era de las redes sociales?

La práctica de mejorar la imagen de una empresa, por medio de la asociación con el arte, no es algo nuevo. Así lo demuestra el patrocinio de los Sackler en el Met desde la década de 1970.

Sin embargo, aunque en su día se pudo ‘limpiar’ fácilmente una reputación, esta práctica no resiste mucho el escrutinio en la actualidad.

"Las galerías son marcas, y no hay que escarbar mucho para encontrar contradicciones", señala Paul Springer, director de la Escuela de Comunicación de la Universidad de Falmouth.

"Las redes sociales ofrecen una plataforma ideal para las personas que cuestionan y ponen en duda los hechos tal y como se presentan. Ahora hay un mayor cuestionamiento de los diferentes motivos".

El problema tampoco es solamente del público que ejerce de espectador. En 2019, la National Portrait Gallery de Londres tuvo que hacer frente a algunos problemas cuando el artista Gary Hulme lideró un llamamiento para que se desprendieran de la financiación de los combustibles fósiles. Springer cita cómo los propios artistas son prudentes a la hora de asociarse con galerías o premios que puedan dañar sus marcas.

"Siempre han sido conscientes de dónde exponer y dónde no hacerlo, y se cuestionan más con qué financiadores estarían dispuestos a colaborar", afirma.

En una época en la que este tipo de acontecimientos pueden ser ruinosos para cualquiera que esté ‘conectado a la red global’, tiene más sentido, para todos los implicados, no arriesgarse.

"Los valores, en este momento, tienen más peso que el dinero", asegura Springer.

"Algunos lugares son selectivos; no apostarían por marcas que chocaran con su ideología".

Los escándalos de patrocinios también suponen un coste económico, ya que algunos coleccionistas no desean exponer sus obras en caso de que las polémicas colaboraciones y las protestas pasen a formar parte de la historia del arte y dañen su valor.

“Todo el movimiento del arte es más cauteloso, hay más reticencia a enviar obras a exposiciones en las que puedan causar controversia”, advierten los especialistas.

Aunque el patrocinio de los combustibles fósiles no ha desaparecido por completo (BP patrocina actualmente la nueva exposición de Stonehenge en el Museo Británico), se ha reducido de manera notable.

Enfrentados a un público concienciado con el clima, y a las críticas de los ciudadanos en las redes sociales, es posible que pronto veamos aumentar drásticamente la tasa de divorcio entre museos y mecenas.