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Secretos del inconfundible y majestuoso sonido de la Orquesta Filarmónica de Viena

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Secretos del inconfundible y majestuoso sonido de la Orquesta Filarmónica de Viena
Derechos de autor  euronews
Por Katharina Rabillon  & Euronews

Aterciopelado, delicado y homogéneo, el sonido vienés es inconfundible. Pero, ¿cuál es su secreto? ¿Cómo se crea? ¿Qué hay detrás del mito? El programa Música, de Euronews, va en busca de pistas con músicos de la Filarmónica de Viena.

"Para mí fue un sueño hecho realidad, que tenía desde que era niño y adolescente", declara Daniel Ottensamer, clarinete principal de la Orquesta Filarmónica de Viena.

"Para mí era completamente diferente. Era algo, simplemente, inalcanzable", explica Sophie Dervaux, fagot principal de la institución vienesa.

"Pensaba... ¡Vaya! Sería mi sueño formar parte de este grupo tan especial de personas", señala Daniel Froschauer, primer violín y presidente de la Orquesta Filarmónica de Viena.

"Para mí, no solamente es un sueño, sino, además, un enorme privilegio", afirma Benjamin Morrison, primer violín de la orquesta vienesa.

La Filarmónica de Viena es una orquesta legendaria, conocida por su sonido único. Pero, ¿qué la hace tan especial? ¿Cuál es el secreto del sonido vienés? La orquesta es famosa por sus fantásticos valses, que se interpretan en el Concierto de Año Nuevo.

"Lo especial, y de alguna manera, lo que el mundo entero envidia de nosotros, es el ritmo y cómo lo sentimos. Es la anticipación del segundo compás, que llega un poco antes, y el tercer compás, que llega un poco después. Y, eso, se combina con una hermosa melodía, hecha a medida para nuestra orquesta", declara Daniel Froschauer.

"Se produce esta sensación de que estás bailando el vals en círculos, siempre en movimiento. No hablo por experiencia, porque no soy muy habilidoso. Pero, he visto y oído lo hermoso que es", sugiere de manera jocosa Benjamin Morrison. 

El característico sonido vienés va mucho más allá de los icónicos valses. También se forma a través de la pasión y la artesanía. Morrison lleva, regularmente, su instrumento, al lutier. Para el violinista neozelandés, el cuidado y la precisión son vitales para mantener el sonido del instrumento. Cuando detecta alguna anomalía requiere a la experiencia de Matthias Wolf, una voz autorizada en el mundo del violín.

"Estamos tocando piezas de Rachmaninoff en este momento, y el sonido podría ser un poco más redondo", explica Ben Morrison a Matthias Wolf.

"Sí, más cálido, más acorde con el sonido distintivo de la orquesta", sugiere Wolf.

"Lo noto una y otra vez en los ajustes de sonido, especialmente, cuando vienen a verme músicos de la Filarmónica de Viena, que se centran en la calidad del sonido, en un sonido más rico y un timbre más cálido", añade el fabricante de violines, Matthias Wolf.

"Se puede cambiar el sonido hasta un punto increíble con algunas pequeñas cosas. En primer lugar, por supuesto, el puente, dónde está colocado, cuánto se recorta... Hay tantos elementos solamente con el puente, que pueden tener un efecto enorme en el sonido", concluye Wolf.

Dar forma al sonido a través de la manera en que un músico toca es clave para el clarinetista austríaco Daniel Ottensamer y para Sophie Dervaux, fagotista de Francia.

"Es muy difícil de concretar en una sola cosa. Tiene mucho que ver con la tradición, por supuesto, pero no estoy seguro de que sea, simplemente, el sonido. También tiene mucho que ver con la forma de tocar", consideran Daniel Ottensamer y Sophie Dervaux, clarinete principal y fagot principal, respectivamente, de la Orquesta Filarmónica de Viena.

"Efectivamente. Y... también con la articulación y toda la actitud hacia la música, aquí, en Viena. Quiero decir que, eso, se puede juzgar, aún mejor, viniendo de fuera", sugiere Daniel Ottensamer.

"En realidad, sí. Es algo especial", añade Sophie Dervaux.

"Por ejemplo, nunca tocas de manera demasiado brillante. Tocas muy redondo, muy suave... de forma, más bien, sombría. Supongo que... esta es nuestra marca registrada", consideran ambos músicos de la institución vienesa.

"Lo que siempre me llama la atención es la sutileza en el sonido. Intentas no tocar demasiado directamente en ciertos pasajes. Las notas suben gradualmente y no siempre tienen un comienzo claro. Como este solo de Tosca, por ejemplo. El clarinete vienés está construido con un poco más de madera. Es un poco más gruesa, más voluminosa. Y, por lo tanto, crea un sonido más profundo. Esto nos lleva al sonido vienés, propiamente dicho. Este sonido combina, especialmente bien, con los demás instrumentos de la orquesta", declara Ottensamer.

Algunos de los instrumentos de la orquesta son muy diferentes de los que se tocan en otras partes del mundo. El sonido que producen es tan característico, que se ha convertido en centro de la investigación académica. 

En la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena, Gregor Widholm y su equipo desvelan los secretos de uno de estos instrumentos únicos: los timbales vieneses.

"En Viena, y solamente en Viena, se utilizan pieles de cabra. Estas pieles de cabra tienen unas características especiales. A lo largo de la columna vertebral, la piel es especialmente fina. Y, por tanto, ciertos modos de vibración que se producen, son mucho más fuertes", afirma Gregor Widholm.

"Se puede ver muy bien aquí, en este gráfico en tres dimensiones, cómo después del golpe, los ritmos decaen uniformemente en comparación con el timbal internacional, con material plástico, que tiene intervalos de frecuencia más irregulares entre los modos de vibración. Esto significa que la estructura sonora de los timbales vieneses tiene un tono más musical, mientras que los timbales internacionales son más percusivos", añade Widholm.

"Es un sonido que, por un lado, me permite la concisión rítmica, pero que, además, siempre se funde homogéneamente con el sonido orquestal", explica el timbalero Thomas Lechner.

"Siempre se puede sentir este latido. Cuando el sonido de los instrumentos de la orquesta se funde, esto es, para mí, el sonido vienés. Y... hay momentos en el concierto, en los que tengo la sensación de que este sonido me envuelve como si se tratase de un cálido abrigo, y me llega al corazón y al alma", declara Lechner.

Desde el siglo XIX, la búsqueda perpetua de la excelencia de la orquesta se forja aquí, en el Musikverein de Viena.

"La Sala Dorada del Musikverein es nuestra casa y el sonido que producimos aquí es, simplemente, nuestro sonido. Y, ese sonido, no debemos olvidarlo. Si estuvieses en nuestra orquesta en 1875, habrías tocado en la ópera con Verdi. Y, luego, habrías ido al Musikverein y habrías tocado con Richard Wagner. Todo esto ha influido en nuestro sonido. Y, este sonido, siempre ha permanecido. Lo transmitimos de generación en generación, sin hablar de ello", afirma Daniel Froschauer, primer violín y presidente de la Orquesta Filarmónica de Viena.

"Ponerse delante de la Filarmónica de Viena y crear música... es un momento realmente excepcional", señala Daniel Barenboim, pianista y director de orquesta.

La relación del legendario maestro y pianista, Daniel Barenboim, con la orquesta, viene de lejos.

"La primera vez que toqué con la orquesta fue en Salzburgo, en algún momento de los años 60. Estaba sentado al piano, rodeado de 60 o 70 músicos que tocaban como en una especie de comunidad. Se trataba de estar juntos y crear juntos. Y, eso era, realmente, un sueño. Viena, y toda Austria, están orgullosas de la Filarmónica de Viena. Y, creo que esto, es muy importante", añade Daniel Barenboim.

"Aquí se produce una sensación especial cuando le dices a la gente que eres músico. Te toman muy en serio. No es como en otros sitios donde dices: 'soy músico', y la gente te pregunta: y, ¿a qué más te dedicas?", explica, entre risas, Sophie Dervaux, fagot principal de la institución vienesa.

"Por supuesto, Viena es, como todos sabemos, una capital de la música a nivel mundial. La presencia, la importancia, que yo diría que tiene la música aquí, del mismo modo que la cultura de la ciudad, en su conjunto, es extraordinaria. Y, por eso, tienes la sensación de estar haciendo algo muy especial, porque es tan relevante aquí", declara Daniel Ottensamer, clarinete principal de la Orquesta Filarmónica de Viena.

"La orquesta es única. Cuando tocan, los músicos se convierten en uno. Y, eso, lo determina todo. Esa es la palabra más importante: ¡Juntos! ¡Espiritualmente, juntos!", concluye el mítico maestro y pianista, Daniel Barenboim.