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El museo Carmignac, en la isla francesa de Porquerolles, una experiencia inolvidable

Vista del jardín de la Fundación Carmignac
Vista del jardín de la Fundación Carmignac Derechos de autor Euronews
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La actual muestra 'La isla interior' no podía tener mejor marco; inmersión completa en una atmosfera artística y mágica bañada por la luz del Mediterráneo

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Llegar al museo de la Fundación Carmignac es en sí una experiencia maravillosa e inolvidable.

Ubicado en en el corazón de la isla de Porquerolles, cerca de la bahía francesa de Saint-Tropez, solo se puede llegar en barco y luego andando o en bicicleta ya que en este entorno declarado 'parque natural protegido' desde 1988, los coches están prohibidos.

Ningún otro museo podía albergar mejor una exposición llamada "La isla interior".

Inmerso en 'La isla interior' de esta isla verdadera, el expectador flota fuera de las geografías y temporalidades conocidas.

Charles Carmignac, director de la Fundación nos detalla esta vivencia única.

"Es una marco dentro de otro marco, y este año incluso podría decirse que es una isla dentro de otra isla. Hay una especie de imbricación, ya que esta "Isla Interior"  permitirá abrir una brecha y penetrar en otras capas, en otras dimensiones de esta isla. Y aquí, también vamos un poco por debajo de la superficie, hay capas adicionales porque el recorrido está bajo la superficie de una casa que se puede ver un poco detrás de mí. Así que vamos por debajo de la superficie, pero también podemos ver que hay una piscina, que deja filtrar la luz del sol, la piscina es transparente , así que la luz del sol entra a través del agua, lo que significa que los espacios de exposición están ciertamente por debajo de la superficie, pero están iluminados; la luz del sol entra y te sientes más como si estuvieras bajo el mar que bajo la tierra."

  • Obras monumentales de Bruce Nauman y Miquel Barceló conviven con las de Jean-Michel Basquiat y artistas contemporáneos como Otobong Nkanga, además de otras creadas especialmente para esta muestra.

Un diálogo permanente entre pasado y presente, que encaja a la perfección con el entorno mágico.

Los espacios, soterrados, están bañados por la luz del Mediterráneo, que filtra del techo de cristal. Para una mejor inmersión se circula con los pies descalzos para admirar 80 obras que abarcan todos los géneros y épocas como esta escultura de Rodin.

Jean-Marie Gallais, historiador de arte y comisario de la exposición, nos da su visión de lo que ha querido transmitir.

"La isla interior es realmente el universo mental, quizá el sueño, el ensueño, pero también toda la historia personal, los recuerdos de cada persona, y creo que cada visitante de esta exposición la ve de una manera particular. Estamos en un lugar muy tranquilo, un poco aislado en el tiempo. Tampoco sabes muy bien en qué lugar estás. Evidentemente el entorno es muy mediterráneo, muy antiguo: las esculturas dialogan con la naturaleza, con el paisaje, y a lo largo de esta exposición, existe esta conexión entre el interior y el exterior, entre la naturaleza y el artificio, entre la isla y las obras de arte..."

Un recorrido artístico y un viaje interior que se puede disfrutar hasta el 5 de noviembre, y en época estival con sinfonía incluída y embriagadora de las cigarras que pueblan el bosque encantador de este particular museo.

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