El español crece por impulso demográfico y cultural en EE.UU., aunque afronta un reto generacional. Con casi 58 millones de hablantes y un renovado auge educativo, los expertos hablan de consolidación a largo plazo pese a tensiones coyunturales.
El español se ha convertido en un componente estructural de la vida pública y privada en Estados Unidos. Cerca de 58 millones de personas hablan español de forma nativa o competente, lo que equivale a casi el 20% de la población. Ya no es solo la lengua de los hogares de inmigrantes, sino también una red de mercados, medios de comunicación, prácticas culturales y demandas educativas que influyen en políticas públicas y estrategias empresariales.
Los datos oficiales y estudios recientes muestran que el idioma ocupa la primera posición entre las lenguas no inglesas habladas en casa, una realidad que atraviesa ciudades y suburbios y que tiene efectos tangibles en el consumo, la oferta mediática y la representación política.
En torno a su evolución conviven interpretaciones contrapuestas. Frente a quienes anticipan un retroceso progresivo y quienes celebran una expansión imparable, el análisis sociolingüístico apunta a un escenario más matizado. El idioma mantiene una vitalidad sostenida por el peso demográfico, el arraigo histórico y un impulso educativo renovado.
Al mismo tiempo, afronta desafíos estructurales, especialmente en lo relativo a la transmisión intergeneracional y al impacto de determinados contextos políticos sobre las comunidades hispanas.
Francisco Javier Pueyo Mena, director del Observatorio de la Lengua Española y Cultura Hispánica en Estados Unidos, dependiente del Instituto Cervantes y con sede en la Universidad de Harvard, describe la situación como "compleja", en línea con lo que ocurre en cualquier contexto de lenguas en contacto. Con todo, considera que el momento actual permite hablar de un "prudente optimismo".
En el país residen 68 millones de hispanos. De ellos, al menos 45 millones son hablantes dominantes de español (monolingües o bilingües), a los que se suman otros 15 millones con distintos grados de competencia lingüística. Las cifras sitúan a Estados Unidos como el segundo país del mundo por número de hispanohablantes, solo por detrás de México y por delante de países como Colombia o España.
Para Pueyo Mena, el avance del español responde sobre todo a factores demográficos. "No está decreciendo", sostiene, sino que continúa expandiéndose apoyado en la dimensión y la consolidación social de la población hispana.
Cultura y visibilidad pública
Al ser preguntado por el posible impacto de fenómenos culturales como la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl, íntegramente en español, Pueyo Mena matizó el enfoque. A su juicio, este tipo de éxitos no disparan el interés por el idioma, sino que son "una consecuencia de la situación del español en Estados Unidos".
El hecho de que un artista pueda actuar en español en un evento de esa magnitud refleja, dijo, el peso previo del idioma tanto en las comunidades hispanas como en el público general, especialmente entre los jóvenes.
Reconoció que en Estados Unidos no existe un interés generalizado por aprender lenguas extranjeras, pero destacó que el español se ha consolidado como la primera lengua extranjera que estudian los estudiantes estadounidenses, precisamente por la fuerza demográfica y cultural de la población hispana.
Duolingo aprovechó de manera exitosa la actuación de Benito en el descanso del evento. La popular aplicación para aprender un idioma animó a sus 50 millones de usuarios diarios a hacer un curso intensivo llamado 'Bad Bunny 101'. ¿El resultado? Un aumento del 35% en los usuarios que comenzaron lecciones de español con un pico de los mismos a las 21:00.
El impacto coyuntural de las redadas del ICE
En el otro extremo, al abordar el efecto de las redadas migratorias por parte del ICE en la transmisión del idioma, admitió que "por supuesto que influye", aunque lo calificó de fenómeno coyuntural. Señaló que el miedo instalado en algunas comunidades ha provocado ausencias escolares y retraimiento social, lo que puede afectar temporalmente a la vida lingüística.
No obstante, insistió en que las dinámicas internas, sociolingüísticas e identitarias de la comunidad hispana "van por su lado" y que la transmisión del español a largo plazo depende más de esas dinámicas que del contexto político puntual. El propio fenómeno cultural actual, añadió, muestra "un orgullo y un interés profundo" en mantener y transmitir la lengua a las nuevas generaciones.
El verdadero desafío es la pérdida generacional
Más que una pérdida global, ya que el número absoluto de hablantes no deja de crecer, el director del observatorio explicó que el problema es generacional. Mientras que la primera generación nacida en Estados Unidos mantiene el español en un 94%, en la segunda el porcentaje baja al 70%, y en la tercera y siguientes desciende hasta en torno al 30%.
Aun así, consideró que existen razones para el optimismo. Recordó que el español no es simplemente una lengua de inmigración, sino una lengua histórica en territorios como California, Arizona o Nuevo México, anterior incluso a la expansión del inglés. Además, destacó la mejora sustancial en los indicadores educativos: el abandono escolar en la comunidad hispana ha pasado de cifras cercanas al 30% en los años 90 a alrededor del 7% en la actualidad.
Este progreso económico y educativo ha tenido efectos directos. El número de universitarios de origen hispano ha crecido de unos 700.000 a cuatro millones, lo que ha reforzado la demanda de programas bilingües y de enseñanza del español como lengua de herencia. Tras años de restricciones, especialmente en California, se han reimplantado miles de programas bilingües, actualmente unos 4.000, considerados por Pueyo Mena como "la tirita" necesaria para frenar la sangría lingüística en terceras y cuartas generaciones.
Sobre las diferencias entre comunidades, mexicana, puertorriqueña, cubana o caribeña, reconoció la existencia de variedades lingüísticas y concentraciones geográficas específicas: la mexicana, mayoritaria, en el oeste y suroeste; la cubana en Florida; la puertorriqueña en Nueva York, entre otras. Sin embargo, sostuvo que existe una identidad compartida como comunidades hispanohablantes "de derecho" dentro del país.
En el caso puertorriqueño, apuntó que sus miembros son estadounidenses "por motivos administrativos", pero mantienen una fuerte identidad cultural y lingüística. Algo similar ocurre en enclaves como Miami o Los Ángeles, donde el peso económico y demográfico refuerza el prestigio social del español.
El papel del observatorio
Finalmente, Pueyo Mena explicó que el Instituto Cervantes asume una doble misión en Estados Unidos: promocionar y dignificar el español, pero también estudiarlo en profundidad. Subrayó que en este contexto no se trata como lengua extranjera, sino como lengua de herencia, propia e histórica.
El observatorio analiza tendencias, valor económico y proyección cultural del idioma, en coordinación con otras sedes creadas en distintas regiones del mundo. En el caso estadounidense, concluyó, el objetivo es consolidar una dinámica que, pese a los retos generacionales, apunta al mantenimiento y fortalecimiento del español en el largo plazo.