La última película de Ridley Scott demuestra que, aunque Jacob Elordi y su perro fiel no pueden salvarnos en un páramo posapocalíptico, la perilla de Josh Brolin sí puede encender esperanza.
Ridley Scott ha tenido su buena ración de éxitos y fracasos.
Por cada Alien, Blade Runner, Gladiator y The Martian, hay un Kingdom of Heaven, A Good Year, ese lo que fuera The Counselor, Napoleon y un Glad-II-ator falto de fuerza.
De Alien: Covenant ni de House of Gucci se dirá una mala palabra. La primera es mucho mejor de lo que recuerdas y la segunda es una obra maestra del exceso camp, y punto.
Por desgracia, su última película se instala con comodidad en la categoría de los fallos.
Basada en la novela homónima de Peter Heller publicada en 2012, The Dog Stars está protagonizada por Jacob Elordi en el papel de Hig, ese tipo corriente ridículamente atractivo y ex piloto que intenta salir adelante en unos Estados Unidos pospandemia. Tras un apocalipsis vírico que ha arrasado con la mayor parte de la población humana, incluida su esposa, nuestro héroe sobrevive rebuscando provisiones junto a su perro, Jasper. Que es un nombre precioso para un perro. Bien ahí.
A diferencia de su compañero Bangley (Josh Brolin), un ex marine reconvertido en superviviente, Hig se aferra a la esperanza de que la humanidad encontrará un camino. Pilota su avioneta Cessna en busca de signos de vida y se deja guiar por una misteriosa señal de radio que le lleva hasta una base militar. Allí conoce a Cima (Margaret Qualley) y a su hosco padre (Guy Pearce), y empieza a imaginar una vida que vaya más allá de la mera supervivencia.
Sin embargo, bandas salvajes de "reapers" amenazan cualquier plan de futuro...
Tenga los galones que tenga como director y por muy impresionante que sea seguir detrás de la cámara a sus 88 años, no hay excusa para convertir el postapocalipsis en algo aburrido y tan derivativo.
Hay algo de 28 Days / Weeks / Years Later en The Dog Stars, un poco de I Am Legend, ecos de Mad Max e incluso algo de Fallout para rematar. Son referentes estupendos, pero no llegan a cuajar en algo mínimamente interesante. Solo consiguen que desees estar viendo una película lo bastante terrorífica, trepidante o profunda como para retener tu atención.
Tal como está, The Dog Stars aspira a ser al mismo tiempo un estudio introspectivo de personaje y una cinta de acción postapocalíptica, y fracasa en ambos frentes. Tiene demasiado poca acción para resultar emocionante, no da suficiente miedo como para dejar huella y es tan superficial que nunca llega a ser reveladora. Peor aún, es una película que apenas dice nada sobre el apocalipsis, el colapso social o el duelo compartido. A diferencia del material original, el guion de Mark L. Smith no se enfrenta nunca a sus temas y opta por dejar los personajes sin desarrollar en cada paso.
Al margen de la impecable fotografía de Erik Messerschmidt, el ritmo interminablemente lento me llevó a fijarme en un elemento inesperado de The Dog Stars, el vello facial. En concreto, la perilla de cabra de Josh Brolin, sencillamente prodigiosa.
Qué bien sabe ese hombre llevar el vello facial.
Pocos hombres pueden. Idris Elba, sí. Adam Driver, no. Ethan Hawk es un maestro. Orlando Bloom, no. Christian Bale puede dejarse una barba salvaje. Timothée Chalamet quizá llegue algún día.
Es un arte sutil y Brolin, y no es la primera vez, luce aquí una perilla majestuosa que desprende esa energía de tío curtido que me hizo pensar: si es el fin del mundo tal y como lo conocemos, encontraré consuelo manteniéndome lejos de las señales de radio y cerca de ese crecimiento desaliñado, que me garantiza que estaré a salvo.
Así que, salvo que te apetezca ver a un Jacob Elordi intenso enfundado en una chaqueta Carhartt mirando al horizonte, o tengas intención de fundar una sociedad de admiradores de la perilla, como estoy considerando seriamente, mejor mantente alejado de este esfuerzo excesivamente largo y extrañamente insípido de un cineasta que, esperemos, aún nos regalará una última gran película antes de que llegue otra pandemia.
The Dog Stars ya está en los cines.