Pese a los avances de los últimos años, el ECDC alerta de que Europa no logrará eliminar la hepatitis vírica como amenaza para la salud pública en 2030 por las carencias en la vacunación y las medidas de prevención.
Pese a los avances de los últimos años en la prevención de las hepatitis B y C, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) advierte de que la región se ha desviado de la senda necesaria para alcanzar los objetivos de eliminación fijados para 2030.
"Nadie debería morir a causa de una enfermedad prevenible, diagnosticable y tratable, sin embargo millones de europeos viven con infecciones crónicas por hepatitis B o C, a menudo sin saberlo, que pueden derivar en graves consecuencias a largo plazo como insuficiencia hepática o cáncer de hígado", señaló Bruno Ciancio, responsable de la Unidad de Enfermedades de Transmisión Directa y Prevenibles por Vacunas del ECDC.
La hepatitis B y la C se transmiten a través de sangre o fluidos corporales infectados y figuran entre las principales causas de enfermedad hepática crónica.
Si bien las infecciones agudas por hepatitis B han ido disminuyendo de forma constante desde 2006 gracias a los esfuerzos sostenidos de vacunación y prevención, se calcula que todavía viven en Europa unos cinco millones de personas con hepatitis B o C crónica y que cada año mueren en torno a 60.000 por enfermedades hepáticas relacionadas con estas infecciones, según el ECDC.
Entre las personas menores de 25 años, la proporción de casos agudos de hepatitis B descendió del 11 % en 2015 al ocho % en 2024, lo que refleja el impacto de los programas de vacunación infantil y otras medidas de prevención.
El ECDC añadió que el cribado sistemático de la hepatitis B durante el embarazo está también plenamente implantado en los 30 países de la Unión Europea y del Espacio Económico Europeo, lo que ha contribuido a reducir la transmisión del virus de madre a hijo por debajo del dos %, según el ECDC.
Ciancio subrayó que ya existen soluciones eficaces de control. Entre ellas figuran la vacunación para prevenir la hepatitis B, las iniciativas de reducción de daños y de control de infecciones para limitar la transmisión, las pruebas diagnósticas para detectar las infecciones de forma precoz y los tratamientos que pueden curar la hepatitis C y controlar la hepatitis B.
Carencias en Europa
Sin embargo, los expertos han detectado lagunas en la vacunación infantil sistemática. Solo una minoría de países ha alcanzado el objetivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de vacunar completamente al 95 % de los niños frente a la hepatitis B, mientras que otros incluso han comunicado un descenso de la cobertura en los últimos años.
Las medidas de reducción de daños, como el tratamiento con agonistas opioides y la provisión de agujas y jeringuillas estériles, son eficaces para limitar la transmisión de la hepatitis C. Pese a ello, la cobertura sigue siendo insuficiente y solo siete países cumplen el objetivo de la OMS de distribuir material de inyección estéril entre las personas que se inyectan drogas.
"Nuestro reto común es garantizar que estas intervenciones que salvan vidas estén al alcance de todas las personas que las necesitan", afirmó Ciancio.
La transmisión sexual sigue siendo una vía importante de propagación de la hepatitis B. En el caso de la hepatitis C, la mayoría de los casos están vinculados al consumo de drogas por vía inyectada y a las relaciones sexuales entre hombres.
Con todo, el ECDC señaló que los esfuerzos específicos de prevención dirigidos a la transmisión sexual de la hepatitis en los distintos grupos de población no se han supervisado de manera sistemática en los países.