Rumanía y Bulgaria se convertirán en miembros de pleno derecho del espacio Schengen a partir del 1 de enero de 2025, culminando así un proceso que se remonta a 2011, cuando la Comisión Europea declaró a ambos países listos para la adhesión.
El viaje compartido de Rumanía y Bulgaria para incorporarse al Espacio Schengen sin pasaportes llegó a su fin el jueves por la mañana, cuando los ministros de Interior de la Unión Europea dieron su bendición final a su reñida candidatura. La trascendental decisión fue posible después de que Austria, el más acérrimo opositor, levantara su firme veto el mes pasado durante una reunión en Budapest.
"Una gran victoria para Bulgaria, Rumanía y toda Europa", declaró la Presidencia húngara del Consejo de la UE, que había hecho de la culminación de Schengen una prioridad clave.
Como resultado, los dos países del Este se incorporarán a Schengen a partir del 1 de enero de 2025 en calidad de miembros de pleno derecho, cerrando el capítulo que comenzó en 2011, cuando la Comisión Europea determinó por primera vez su disposición a la adhesión.
Por aquel entonces, muchos países, entre ellos Alemania y Francia, se opusieron a la candidatura conjunta. Con el tiempo, la oposición política fue remitiendo, dejando a los Países Bajos y, finalmente, a Austria como último obstáculo en el largo camino. La adhesión, sin embargo, viene acompañada de una salvedad clave que de algún modo hará mella en las celebraciones.
El acuerdo ofrece membresía Schengen plena con una condición
El acuerdo de Budapest prevé la introducción de controles en las fronteras terrestres entre Hungría y Rumanía y entre Rumanía y Bulgaria durante "al menos" seis meses para "prevenir cualquier amenaza grave para el orden público y la seguridad interior". La expresión "al menos" implica que podrían ampliarse más adelante.
La concesión pretendía apaciguar la persistente preocupación de Viena por la inmigración irregular, que el país invocó repetidamente para bloquear la doble candidatura. Esto significa que el gran logro de la aprobación del jueves -la supresión permanente de los controles de pasaportes en las fronteras terrestres- no se hará completamente realidad y los ciudadanos que viajen a través de la frontera seguirán corriendo el riesgo de enfrentarse a algunas colas y retrasos.
El uso de controles fronterizos para frenar los flujos migratorios se ha hecho cada vez más popular en todo el bloque. Alemania, Francia y los Países Bajos son algunos de los países que han recurrido a esta medida en los últimos meses, a pesar de su discutida eficacia.
Saila Heinikoski, investigadora del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA), afirma que la reintroducción de controles fronterizos puede servir de "herramienta" a los políticos para "decir a la opinión pública nacional que estamos haciendo algo". "Los controles en las fronteras interiores pueden no ser tan invasivos en realidad, pueden ser sólo controles aleatorios en la frontera", dijo Heinikoski. El espacio Schengen, uno de los logros más tangibles de la integración europea, abarca actualmente 29 países y más de 450 millones de habitantes.