Estas cabinas monorraíles no cierran los ojos y menos aún de noche: garantizar la seguridad de los pasajeros es prioritario. El monitoreo es continuo y la tecnología, discreta; en este nuevo modo de transporte atípico, en busca de certificación.
Se llaman MONOCAB OWL, pero el corto apellido de estas cabinas monorraíles nada tiene que ver con el búho al que podría hacer referencia en inglés. Thorsten Försterling, artífice de la idea y responsable de relaciones públicas y marketing del proyecto subraya que ese OWL proviene de Ostwestfalen-Lippe, la región en donde las han desarrollado.
Las cabinas están construidas “con materiales sostenibles. Aquí tenemos textiles reciclados, madera, superficies de madera. Y lo interesante es lo que se puede ver aquí – dice, señalando uno de los laterales del interior de la cabina, con símbolos que se iluminan en rojo- Es la llamada tecnología “shy”, que no es simplemente una pantalla”, comenta pulsando el icono “volumen”, integrado en la pared de la cabina regulando el sonido a su gusto.
Esta tecnología tímida o discreta está al servicio del pasajero. La aceptación de este nuevo transporte público pasa porque “todo el mundo se sienta seguro. Si viajas solo por la noche, intentas evitar situaciones de confrontación. Por eso, en este concepto desarrollamos la opción de viajar solo. Así que habrá una comunicación permanente con un centro de control. El vehículo está siempre monitoreado”.
Se han realizado pruebas en varios kilómetros de la red férrea del distrito de Lippe; los aspectos más innovadores se han patentado; pero como el MONOCAB es un vehículo atípico, aún quedan desafíos que resolver. “No es un vehículo normal. Solo tiene dos ruedas, no cuatro. Esto, desde un punto de vista regulatorio es más complejo. Técnicamente funciona. Hemos demostrado que funciona. Pero a la hora de certificarlo, lleva tiempo. Nos sorprende que ya tengamos solicitudes a nivel mundial: de Japón, India, Alaska, Brasil… La gente nos pregunta si también podría funcionar en sus países. Y esto, pues, nos presiona y al mismo tiempo es un acicate. Queremos que la gente se quede en el campo o regrese a él”, concluye Thorsten Försterling, artífice de la idea y responsable de relaciones públicas y marketing de MONOCAB.