En toda la Unión Europea se sigue avanzando hacia una movilidad más segura, pero a un ritmo lento y posiblemente insuficiente.
Según las últimas cifras publicadas por la Comisión Europea, unas 19.940 personas perdieron la vida en las carreteras de la UE en 2024. Esto supone un modesto descenso de alrededor del 2% en comparación con el año anterior. Aunque la reducción sugiere una mejora incremental, también subraya que el progreso, hasta ahora, ha seguido siendo lento.
Los responsables políticos europeos se han fijado ambiciosos objetivos a largo plazo: reducir a la mitad las muertes en carretera para 2030 y acercarse a cero muertes para 2050. Sin embargo, según las tendencias actuales, para alcanzar estos objetivos sigue siendo necesaria una aceleración tanto de las políticas como de los comportamientos.
Riesgos persistentes en todos los tipos de carretera
Los datos más recientes ponen de manifiesto un desequilibrio persistente en cuanto al lugar donde se producen las muertes. Las carreteras rurales siguen siendo el segmento más peligroso de la red, donde se producen la mayoría de las muertes. En 2024, más de la mitad de las víctimas mortales (unas 10.600) se produjeron fuera de las zonas urbanas.
Factores como una velocidad media más elevada, un diseño de las carreteras menos permisivo y unos tiempos de respuesta a emergencias más largos contribuyeron a elevar el nivel de riesgo en estas regiones.
Los entornos urbanos presentan un reto de seguridad diferente, pero igualmente complejo. Aunque la velocidad media es menor, las ciudades exponen cada vez más al peligro a los usuarios más vulnerables. Peatones, ciclistas y motociclistas representan en conjunto una parte cada vez mayor de los fallecidos en accidentes de tráfico. En 2024, las víctimas mortales fueron más de 2.500 peatones, más de 1.000 ciclistas y alrededor de 1.360 motociclistas.
Progresos desiguales entre los Estados miembros
Persisten importantes disparidades entre los países de la UE. Los países del norte y oeste de Europa, como Suecia, Dinamarca y Luxemburgo, registraron algunas de las tasas de mortalidad vial más bajas del mundo.
En cambio, otros Estados miembros siguen afrontando riesgos notablemente más elevados. En países como Bulgaria, Rumanía y Polonia, los índices de mortalidad siguen siendo significativamente elevados, en algunos casos hasta cuatro veces superiores a los de los países más seguros.
Estas diferencias apuntan a desigualdades estructurales en la calidad de las infraestructuras, la aplicación de la normativa y la cultura de la seguridad vial en toda la Unión.
No obstante, la Unión Europea sigue obteniendo unos resultados relativamente buenos en el contexto internacional. A pesar de la elevada cifra de 20.000 muertos al año, la UE registró aproximadamente 44 muertos en carretera por millón de habitantes, muy por debajo de la media mundial de 174.