El cierre del estrecho de Ormuz está sacudiendo los mercados mundiales, disparando los precios de la energía y alimentando los temores de escasez de suministro. 'Euronews' lo explica.
Los ataques militares conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán -seguidos de represalias de Teherán contra infraestructuras energéticas del Golfo- han desencadenado una importante escalada de tensiones, que ha culminado con el cierre casi total del estrecho de Ormuz.
Esta vía navegable es uno de los puntos de estrangulamiento energético más importantes del mundo, por el que transitan entre un cuarto y un tercio de los envíos mundiales de petróleo y alrededor de una quinta parte de los de gas natural licuado (GNL).
Su cierre ha conmocionado los mercados mundiales. La UE calcula que los precios del gas han subido un 70% y los del petróleo un 50%, lo que supone una factura adicional de 13.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles.
El 30 de marzo, los líderes del G7 -Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido- se declararon dispuestos a tomar "todas las medidas necesarias" para salvaguardar la estabilidad energética y el suministro mundial.
Los ministros europeos de Energía se reúnen hoy para evaluar los riesgos de suministro y estudiar medidas de emergencia para frenar la demanda, según una carta vista por 'Euronews'.
¿Cuál ha sido el impacto inmediato de la crisis de Ormuz?
El efecto más inmediato ha sido una fuerte subida de los precios de la energía, motivada por la repentina escasez de suministro y la incertidumbre sobre la duración de las interrupciones.
Al parecer, las huelgas iraníes del 18 de marzo dañaron entre el 30% y el 40% de la capacidad de refinado de petróleo del Golfo, lo que supuso la eliminación de unos 11 millones de barriles diarios del suministro mundial.
Esto ha hecho que los precios del crudo Brent se sitúen en torno a los 119 dólares por barril, frente a los aproximadamente 70 dólares previos al inicio del conflicto. Los analistas advierten que los precios podrían subir mucho más en el peor de los casos, estableciendo paralelismos con la crisis del petróleo de los años 70.
Los precios del gas natural también están subiendo, y se teme que vuelvan a los niveles de la crisis energética de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania.
¿Hasta qué punto está expuesta Europa a la guerra en Oriente Próximo?
La dependencia directa de la Unión Europea del crudo de Oriente Medio sigue siendo relativamente limitada: alrededor del 8% de las importaciones procedían de Arabia Saudí en 2024.
Sin embargo, el bloque depende más de los combustibles refinados, como el gasóleo y el combustible para aviones, procedentes de países como Arabia Saudí y Kuwait, lo que lo hace vulnerable a las interrupciones en las refinerías.
Al mismo tiempo, los cargamentos de GNL destinados originalmente a Europa se están desviando a Asia, donde los compradores están dispuestos a pagar precios más altos.
¿Cuánto pueden durar las interrupciones?
Los daños sufridos por las infraestructuras energéticas del Golfo son considerables.
Los analistas calculan que volver a poner en marcha las instalaciones paralizadas podría llevar varios meses, mientras que la reconstrucción completa de los emplazamientos dañados podría llevar hasta tres años.
Incluso si las hostilidades terminaran rápidamente, los dirigentes europeos advierten de que las repercusiones económicas y energéticas podrían persistir durante algún tiempo, repercutiendo en la inflación y los costes industriales.
¿Qué medidas se están tomando para aliviar los precios?
La Agencia Internacional de la Energía coordinó la liberación de 400 millones de barriles de petróleo el 11 de marzo en un esfuerzo por estabilizar los mercados, aunque de momento ha resultado insuficiente.
Arabia Saudí intenta aumentar las exportaciones por rutas alternativas, como el oleoducto de Yanbu al Mar Rojo, que ya funciona casi a pleno rendimiento.
También se están realizando esfuerzos diplomáticos, con países como Pakistán y Turquía actuando como intermediarios entre Washington y Teherán, pero hasta ahora los avances han sido limitados.
¿Cuáles son los riesgos?
Uno de los principales focos de tensión es la isla iraní de Jark, que representa alrededor del 90% de las exportaciones de crudo del país.
Aunque los recientes ataques estadounidenses tuvieron como objetivo la isla, no afectaron a las infraestructuras energéticas. Desde entonces, Irán ha advertido de que podría tomar represalias atacando las plantas desalinizadoras del Golfo, lo que podría poner en peligro el suministro de agua a millones de personas y agravar la crisis.
¿Qué medidas de contingencia tiene previstas la UE?
La UE mantiene reservas de petróleo de emergencia equivalentes al menos a 90 días de consumo, con unas reservas europeas totales estimadas en unos 100 millones de toneladas.
Las normas de almacenamiento de gas suelen exigir que las reservas se llenen al 90% antes de noviembre, aunque estos requisitos se han relajado al 75% para evitar compras de pánico.
¿Por qué esta crisis es especialmente difícil para Europa?
La crisis energética llega en un momento difícil para la economía europea. Antes del conflicto, los países de la UE ya se enfrentaban a unos costes energéticos elevados y a una menor competitividad industrial. Sectores que consumen mucha energía, como el siderúrgico, el químico y el cementero, han pedido ayudas urgentes.
La crisis actual puede provocar nuevas subidas de precios y escasez de combustible, lo que pondría de manifiesto la vulnerabilidad del sistema energético comunitario.
¿Cómo responden los países de la UE?
Los Gobiernos están tomando una serie de medidas para amortiguar el impacto. Italia está tratando de aumentar el suministro de gas de Argelia, mientras que el operador de transporte belga Fluxys está explorando fuentes alternativas de GNL, incluidos Estados Unidos y Nigeria.
Al mismo tiempo, los países de la UE están aplicando recortes fiscales, subvenciones e intervenciones en el mercado para proteger a consumidores y empresas. Algunos van más lejos: Eslovenia ha introducido el racionamiento del combustible, mientras que Austria ha recortado los impuestos sobre los carburantes y ha impuesto límites a los márgenes de beneficio de los minoristas.
Los ministros de Hacienda de la UE también están estudiando medidas más amplias, como la limitación del precio del petróleo y la imposición de impuestos extraordinarios a las empresas energéticas.