Annalena Baerbock, presidenta del 80º periodo de las sesiones de la Asamblea General de la ONU, denunció que el abuso del veto por parte de miembros clave bloquea los avances.
La responsabilidad de que las guerras sigan librándose no puede achacarse a la ONU, aseguró a 'Euronews' la presidenta de la Asamblea General de la ONU (UNGA), Annalena Baerbock. En cambio, sostuvo que la responsabilidad recae en los Estados miembros.
"Si un Estado miembro inicia una guerra de agresión, no es la ONU la que está fallando ni la Carta la que no deja suficientemente claro que esa guerra no está permitida, es el propio Estado miembro, que actúa sabiendo perfectamente que está vulnerando la Carta al seguir adelante con esa guerra", afirmó Baerbock en el programa de entrevistas de 'Euronews' 12 Minutes With.
"Por eso la ONU necesita también la presión de otros Estados miembros", añadió la exministra de Asuntos Exteriores de Alemania. En los últimos años, la ONU ha afrontado críticas crecientes, también por parte de sus propios Estados miembros, por lo que algunos consideran un fallo estructural a la hora de cumplir su mandato fundamental de mantener la paz y la seguridad internacionales.
En un discurso ante la Asamblea General el año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó a la organización de no actuar para resolver los conflictos descontrolados y denunció lo que calificó de "palabras vacías" que "no ponen fin a las guerras".
Baerbock recordó, sin embargo, que la ONU no es un actor único, sino un conjunto de 193 "Estados miembros muy diversos". Añadió que, en ese sentido, la labor de la ONU se parece a la de los sistemas judiciales nacionales, que también dependen de múltiples actores.
"Tenemos normas claras que dicen que no se debe matar a nadie. Por desgracia, los asesinatos siguen produciéndose", apuntó. "Pero nadie diría: 'De acuerdo, eliminemos ahora el código penal porque no hemos podido evitar los asesinatos'. La Policía y la sociedad tienen que hacer frente, y con la ONU ocurre lo mismo. Dependemos en gran medida de los Estados miembros".
El problema del veto
Según Baerbock, el principal obstáculo para que la ONU pueda hacer frente a los conflictos actuales reside en el poder de veto que algunos de estos miembros tienen en el Consejo de Seguridad, el órgano encargado de mantener la paz y la seguridad internacionales.
China, Francia, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos, conocidos como "los cinco permanentes" (P5) o "miembros permanentes", ocupan escaños permanentes y disponen de poder de veto, lo que les permite bloquear cualquier resolución de la ONU.
Este derecho de veto, concedido a un grupo reducido de miembros, ha generado en los últimos años una fuerte polémica, ya que limita de forma significativa la capacidad del Consejo para avanzar hacia la paz internacional.
En los últimos años, Rusia y Estados Unidos han sido los principales responsables de esta parálisis, bloqueando, respectivamente, acciones relativas a Ucrania y a la situación en Gaza. En 2024, los miembros permanentes ejercieron ocho vetos sobre siete proyectos de resolución, la cifra más alta desde 1986. El año pasado, el Consejo registró dos vetos de Estados Unidos sobre Gaza y dos vetos de Rusia sobre Ucrania.
"Por desgracia, en estos tiempos no todos los Estados miembros asumen su responsabilidad, sino que incluso utilizan su derecho de veto para defender la vulneración del derecho internacional", señaló Baerbock.
"Si se utiliza el veto de tal manera que el Consejo de Seguridad no pueda adoptar una decisión y luego se lamenta que no se haya alcanzado un acuerdo, es evidente que la responsabilidad recae también en quienes han ejercido ese veto".
Peticiones de una reforma que restrinja ese poder
Este bloqueo en el Consejo de Seguridad ha reavivado las peticiones de una reforma de calado que restrinja ese poder y amplíe la representación permanente a África y América Latina.
En marzo de 2025, el secretario general de la ONU, António Guterres, puso en marcha la iniciativa de reforma UN80 para conmemorar el 80º aniversario de la organización. Su objetivo es racionalizar la estructura, los mandatos y las finanzas de la ONU e incluye medidas para limitar el poder de veto en el Consejo de Seguridad.
Sin embargo, entre los cinco permanentes hay poco interés en emprender reformas que puedan reducir su poder o su influencia. "Y, por desgracia, hace falta el acuerdo de todos los miembros del Consejo de Seguridad".
¿Es la Junta de Paz una amenaza?
Algunos temen que la ONU se enfrente a otra amenaza creada por Estados Unidos, la denominada Junta de Paz. Fue aprobado en origen por el Consejo de Seguridad de la ONU como mecanismo de supervisión del alto el fuego en Gaza, pero Trump dejó entrever durante su lanzamiento que podría transformarse en algo más amplio.
Baerbock, sin embargo, restó importancia a la posibilidad de que la Junta de Paz pueda convertirse en un competidor de la ONU. "Hay una buena razón por la que en la ONU cada Estado miembro, sea grande o pequeño, poderoso o no, tiene el mismo asiento en la mesa. Es una responsabilidad única y también el papel único que puede desempeñar la ONU", afirmó.
"Los Estados miembros dejaron muy claro, también quienes se sumaron a la Junta de Paz, que esto solo concierne a Gaza y que para cualquier otra cuestión de paz y seguridad seguirá siendo, por buenas razones, las Naciones Unidas, donde no hay que pagar".
A diferencia de la ONU, los países invitados a unirse a la Junta de Paz pueden participar sin coste durante hasta tres años, pero, para permanecer más allá de ese periodo inicial, cada uno debe aportar mil millones de dólares (unos 852 millones de euros).