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Bruselas apuesta por un presupuesto "histórico", pero expertos ven una UE sin músculo financiero

Debate sobre el Estado de la Unión de la UE
Debate sobre el Estado de la Unión de la UE Derechos de autor  AP Photo
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Por Evi Kiorri
Publicado Ultima actualización
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Los expertos advierten de que el próximo presupuesto plurianual de la UE necesita una revisión en profundidad y apenas deja margen de gasto ante las crecientes exigencias en defensa, clima y ayuda a Ucrania.

El próximo presupuesto a largo plazo de la UE, el marco financiero plurianual (MFP) para el periodo 2028-2034, se presentó como una reforma histórica. En la práctica, sin embargo, los expertos consideran que se queda corto.

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Con una cifra global de en torno a 1,8-2 billones de euros, la propuesta de la Comisión es la mayor de la historia de la Unión. Pero, una vez descontadas las devoluciones de la deuda pandémica de NextGenerationEU, la nueva capacidad efectiva de gasto se reduce a alrededor del 1,15 % de la renta nacional bruta de la UE, apenas por encima del marco actual. A ese presupuesto se le pide además que cubra el gasto de Defensa, competitividad industrial, transición climática, ampliación y apoyo a Ucrania.

"No es un presupuesto a la altura de la unión que tenemos hoy", afirma Eulàlia Rubio, investigadora sénior del Instituto Jacques Delors. "Es un presupuesto que funcionaría muy bien para una unión más integrada, con un sentimiento de unidad política mucho más fuerte. Eso hoy no lo tenemos", explicó a 'Euronews'.

El presupuesto "requiere una revisión de fondo y en ese punto creo que coincido con la Comisión. Había que poner todo sobre la mesa y replantear la forma en que utilizamos el dinero de la UE", señala Rubio, en línea con el diagnóstico de los laboratorios de ideas, el Tribunal de Cuentas Europeo y el Parlamento Europeo. El Marco Financiero Plurianual (MFP) necesita una revisión que vaya más allá de redistribuir partidas, hace falta rediseñar cómo se programa, se financia y se gestiona el dinero.

Una nueva arquitectura, pero ¿a qué precio?

La reforma estrella de la Comisión consiste en fusionar los fondos de cohesión, agrícolas y regionales en un único Plan Nacional y Regional de Asociación para cada Estado miembro. Sus defensores sostienen que simplifica un sistema muy complejo. Sus detractores alertan de que "nacionaliza" los fondos de la UE, al dar a los gobiernos margen para desviarlos de las regiones más pobres o de los proyectos climáticos y al debilitar el control parlamentario.

El Tribunal de Cuentas Europeo ha advertido de "múltiples riesgos para una gestión financiera sana" y ha avisado de que apoyarse en sistemas de control nacionales con debilidades conocidas puede minar la transparencia y la rendición de cuentas.

Para Rubio, el problema va más allá de a dónde se dirige el dinero, tiene que ver con cómo se planifica y se gasta. "Tenemos que asegurarnos de que los proyectos seleccionados sean los mejores, los que más ayudan a cumplir las prioridades de la UE", señala. "El cambio se ha convertido en la norma, así que necesitamos más flexibilidad y también modificar la forma de exigir responsabilidades políticas por esa flexibilidad".

El espejismo de los recursos propios

Para aliviar la presión sobre las contribuciones nacionales, la Comisión ha propuesto cinco nuevas fuentes de ingresos, gravámenes sobre el comercio de emisiones, las importaciones de carbono, los residuos electrónicos, el tabaco y las grandes empresas. Pero Zsolt Darvas, economista e investigador sénior de Bruegel, advierte contra el exceso de optimismo.

"Mucha gente cree que estos nuevos recursos propios aportarían ingresos adicionales al presupuesto de la UE sin cargar los presupuestos nacionales", explica. "Me temo que esto no es correcto". Cuatro de las cinco fuentes, sostiene, simplemente reorganizarían dinero que ya pasa por las arcas nacionales, sin crear un margen fiscal realmente nuevo.

Darvas señala en particular el gravamen sobre las empresas, calculado a partir de su volumen de negocios, como "la peor de las cinco propuestas", porque cargaría de forma desproporcionada a los sectores con márgenes más bajos, como el comercio minorista. Considera que el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono es el que tiene más opciones de salir adelante. Pero la fragilidad política es real, las cinco propuestas requieren unanimidad y ratificación nacional, de modo que cualquier Estado miembro puede bloquearlas.

Un bloqueo a tres bandas

El Parlamento Europeo reclama unos 200.000 millones de euros adicionales. Los eurodiputados sostienen que es el mínimo necesario para proteger la cohesión y la agricultura y, al mismo tiempo, financiar la defensa y la competitividad sin que las devoluciones de deuda vacíen la cifra global. El bloque frugal, formado por Alemania, Países Bajos, Austria, Finlandia y Suecia, insiste en que el presupuesto ya es excesivo y rechaza tanto nuevos impuestos de la UE como nuevas emisiones conjuntas de deuda.

La seguridad y el gasto en Defensa han reconfigurado algunas alianzas. Dinamarca, antes firmemente en el campo frugal, ahora apoya un mayor gasto si se destina a Defensa. Los países bálticos han girado en la misma dirección. "Algunas cosas han cambiado las líneas", comenta Rubio, "pero la división fundamental sigue siendo entre contribuyentes netos y beneficiarios netos".

Cómo sería un presupuesto a la altura de los retos

Los expertos coinciden en líneas generales en la dirección, una cifra global más amplia, de al menos el 1,3-1,4 % de la Renta Nacional Bruta (RNB), mínimos obligatorios de gasto en clima y cohesión, auténticos recursos propios a escala de la UE que reduzcan la dependencia de las contribuciones nacionales y reservas de crisis que puedan activarse por mayoría cualificada y no por unanimidad.

Darvas es claro sobre el principio de fondo: "Esta cantidad relativamente modesta de dinero debería utilizarse sobre todo para grandes proyectos europeos, infraestructuras, investigación, competitividad, clima, y no para ámbitos en los que los gobiernos nacionales ya tienen una amplia capacidad de actuación".

La visión de Rubio es la de un presupuesto "mucho mayor, menos preasignado, con capacidad para apoyar la inversión a largo plazo y más centrado en los resultados". Pero también señala un obstáculo: "Eso presupone prioridades muy claras, un consenso sólido y confianza en el nivel europeo para traducir esas prioridades en gasto. Me preocupa que hoy no tengamos ese nivel de confianza".

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