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80 años de la República italiana: la democracia ante el reto de la IA y el nuevo orden global

Roma, 2 de junio de 2022 AP Photo/Gregorio Borgia
Roma, dos de junio de 2022 AP Photo/Gregorio Borgia Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Cecilia Attanasio Ghezzi
Publicado última actualización
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Italia conmemora las ocho décadas del referéndum histórico que sepultó la monarquía y el fascismo en este 2026. Los analistas internacionales advierten en este aniversario sobre las presiones que ejercen las oligarquías tecnológicas globales.

Dos de junio de 1946. Un referéndum institucional plantea al pueblo italiano qué forma de Gobierno quiere darse el país al final de la Segunda Guerra Mundial y tras dos décadas de fascismo. Participa el 89% de quienes tienen derecho a voto y, por primera vez, votan las mujeres.

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"Podríamos, de algún modo, comparar el referéndum del dos de junio de 1946, con la elección republicana, con un examen de madurez para nuestra Italia", ha escrito el presidente de la República Sergio Mattarella en una carta a los estudiantes de la Selectividad publicada en '7', el semanario de 'Corriere della Sera'.

"Una bella metáfora", comenta en 'Euronews' Luciano Canfora, profesor emérito de filología griega y latina en la Universidad de Bari y autor de importantes estudios sobre la historia antigua y contemporánea. "El 46 fue un momento extraordinario, por un suspiro (54%) ganó la República y la Constituyente estaba tan bien equilibrada en fuerzas políticas que produjo un texto particularmente significativo y exigente para el futuro".

"El movimiento fascista quedó fuera del arco constitucional y, según la duodécima disposición transitoria y final de la Constitución, debía ilegalizarse su reorganización", prosigue el profesor. "Hoy, transcurridos 80 años, los herederos de aquel movimiento gobiernan la República".

Cuál es el destino de las democracias según Urbinati

Italia, entonces, ¿hoy no aprobaría el examen? Para Nadia Urbinati, que enseña teoría política en la Universidad de Columbia en Nueva York, ese no es el punto. "Me parece que hoy la cuestión no es tanto la madurez de los italianos. Más bien se trata de un problema que hay que tener en cuenta, desde la Guerra Fría en adelante el destino de las democracias es cada vez más internacional".

En el análisis de la politóloga, además, hay un gran factor de novedad, que es la inteligencia artificial. Se trata de "una tecnología propietaria que depende de sistemas monopolísticos y de una oligarquía global que se sustrae a las autoridades de los Estados, choca con las soberanías políticas y, es más, aspira a sustituirlas".

Pero para Urbinati ya existe un antídoto: "Si las democracias quieren resistir o preservar su capacidad de decisión, deben unirse y convertirse en sistemas posnacionales. Europa representa una gran oportunidad y un modelo. De lo contrario, solo quedarán los imperios y los Estados subordinados".

Así, tras pasar revista a todos los símbolos que el propio presidente estadounidense Donald Trump define como los de un "liderazgo augusteo" (el salón de baile, el arco de triunfo, su efigie en los billetes de 250 dólares o la ya encargada estatua en hojas de oro), aclara: "sería una ilusión pensar que, una vez que Trump ya no esté, las cosas cambiarán, porque desde aquí no hay marcha atrás. El sistema estadounidense es distinto de lo que era en el siglo XX y hoy es capaz de imponer un orden político que ya no es aquel al que estábamos acostumbrados".

Qué necesitan las repúblicas para no sucumbir a los imperios

El análisis de Urbinati parece plantear una única solución bastante contundente para mantener con vida nuestras repúblicas en esta época de ruptura histórica y de reajuste de los equilibrios geopolíticos. "Solo si somos lo bastante firmes como para querer una Europa más unida y que sea capaz no solo de mantenerse en guardia hacia el este, sino también hacia el oeste, se conseguiría frenar esta desmedida pasión por el poder que llega desde Washington".

En la práctica, "hacen falta procedimientos de decisión que permitan tanto un mayor control por parte del Parlamento de la Unión Europea como una representación mayor y mejor de los Estados. Habría que poner en marcha una federación europea, porque de otro modo estaremos en manos de la voluntad imperial de un solo Estado".

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