En Países Bajos, las enfermeras autogestionadas de Buurtzorg ofrecen atención domiciliaria integral y apoyo social, ayudando a que las personas mayores vivan de forma autónoma y con dignidad.
"Qué día tan bonito. Cielo azul, un sol radiante. Es un regalo", exclama Anne-Marie mientras saluda a Deborah Warta, enfermera comunitaria, que empieza sus visitas diarias a pacientes en la ciudad holandesa de Amersfoort.
A los 88 años y pese a vivir con demencia, Anne-Marie Wildbergh se deleita con los pequeños placeres de la vida.
Tras regar las flores que cuida en su balcón, vuelve alegre a su piso mientras Deborah le recuerda que ha llegado la hora de la medicación. "Ah, sí, aquí están las chucherías del día", bromea Anne-Marie recogiendo las pastillas que acaban de caer de un pequeño dispensador automático.
Anne-Marie está decidida a mantener una actitud positiva, sostenida por los recuerdos felices de su querido marido, el cariño de sus hijos y la atención diaria que le prestan Deborah y su equipo.
"Está muy bien que la gente en mi situación pueda tener cuidadores que nos atiendan en casa. Y nunca estoy sola, eso ayuda mucho", dice. "Y tú también te cuidas muy bien", añade Deborah. "Cocinas, te duchas, vistes bien y disfrutas de tu vida en el barrio."
La atención domiciliaria, mucho más que un tratamiento médico
Para Deborah, cuidar es algo que va mucho más allá del tratamiento médico.
Trabaja para Buurtzorg, la mayor organización de atención domiciliaria de Países Bajos. Su nombre significa literalmente "cuidado de barrio".
Se ha convertido en un referente internacional por su enfoque poco habitual, con pequeños equipos de enfermeras autoorganizadas y un fuerte énfasis en ayudar a que las personas sigan siendo independientes en su propio hogar.
Es lo que pretende hacer durante el mayor tiempo posible Bert de Bruin, otro de los pacientes de Deborah que padece párkinson.
"La forma en que Deborah y sus compañeras me cuidan es extraordinaria", cuenta Bert. Una breve estancia en un centro de rehabilitación tras un accidente no le dejó buenos recuerdos. "Me sentía de algún modo como un número, ahora sí noto la diferencia."
"Bert tiene a muchos profesionales a su alrededor y estamos en contacto muy estrecho entre nosotros. Si ocurre algo, podemos reaccionar muy rápido", explica Deborah.
Tras las visitas de la mañana, la enérgica enfermera se sube a la bicicleta hacia otro barrio para reunirse con sus compañeras en una reunión de equipo.
No hay ningún jefe dirigiendo la conversación. Las decisiones las toman de forma colectiva las propias enfermeras, una de las señas de identidad del modelo Buurtzorg.
"Puse todo esto en marcha porque veía que el sistema de atención comunitaria en Países Bajos iba cada vez a peor", explica Jos de Blok, antiguo enfermero que fundó Buurtzorg en 2006. "Las enfermeras estaban frustradas porque ya no podían dar la mejor atención posible a sus pacientes, había demasiada gente diciéndoles lo que tenían o no tenían que hacer. Y no podían resolver problemas de los pacientes que se evitarían fácilmente con una relación directa con ellos".
Sin jefes, mejor atención y menos costes
La autonomía de los equipos, subraya Jos de Blok, ha demostrado ser eficaz de muchas maneras.
"Las cuidadoras sienten que el trabajo es suyo, se sienten responsables de lo que hacen y cada día intentan hacer lo mejor posible por sus pacientes. Y si no interfieres, todo va bien", explica. "Y cuando estableces una buena relación con pacientes que confían en ti, no solo puedes prevenir problemas, también ganas mucho tiempo", añade.
Buurtzorg emplea actualmente a unas 15.000 personas en todo Países Bajos e inspira iniciativas similares junto a socios en más de veinte países de Europa, Asia o Sudamérica.
"Hemos demostrado que, si haces lo correcto en el momento adecuado, puedes hacerlo más rápido y con menos dinero", afirma sonriente el director ejecutivo.
"Apenas tenemos gastos generales. Mi idea es que, si aplicáramos estos principios en todo el sistema sanitario, los costes bajarían un 25%".
Solo hay que centrarse en lo que realmente hace falta. Una buena atención sanitaria es poner a una persona cualificada con un paciente que necesita algo y hacer lo correcto en el momento adecuado, implicando a quienes le rodean para que puedan participar de la mejor manera posible".
Esa filosofía va más allá del cuidado físico.
En Ámsterdam, Marjolijn Onvlee, enfermera de distrito de Buurtzorg, y Anke Sprakel, periodista especializada en temas judiciales, coproducen Radio Steunkous, que significa 'media de apoyo'.
Armadas con un estudio de grabación móvil, salen en busca de historias de los vecinos mayores para su pódcast semanal.
"¿Qué hace para mantenerse sano?", pregunta Anke a un hombre mayor con casco de ciclista. "Voy a nadar", responde. "Pero también leo y escribo mucho para mantener la mente activa, porque tengo alzhéimer", confiesa.
"El cuidado mental es tan importante como el físico", insiste Anke. "Por eso decidimos crear un programa para personas mayores que están en casa, sobre la salud, el envejecimiento y las experiencias de la vida".
Todos podemos ayudar a que los demás se mantengan sanos
"Y creemos que contarnos historias es bueno para la salud", añade Marjolijn. "Todo el mundo puede aportar algo y cualquiera puede ser una 'media de apoyo' para otra persona", sonríe.
Terminamos el día en una cafetería instalada en lo que antes era la farmacia de un centro médico público.
Es la iniciativa más reciente de Marjolijn, también respaldada por Buurtzorg.
"La gente viene aquí a tomar un buen café, charlar y encontrarse, pero también queremos compartir conocimientos sobre salud", explica.
Junto con los profesionales sanitarios del centro, la enfermera quiere crear un espacio que ofrezca no solo relaciones sociales, también apoyo y asesoramiento a las personas mayores del barrio.
"Creemos que nos necesitamos unos a otros", afirma Marjolijn. "Todo el mundo es importante para ayudarnos a estar bien".