Irlanda asume la presidencia semestral del Consejo de la UE. Estas serán las cinco prioridades más urgentes del país que por octava vez asume el puesto de "mediador imparcial".
Las arpas suenan en Bruselas mientras Irlanda asume la presidencia rotatoria de seis meses del Consejo de la UE, en relevo de Chipre. Es la octava vez que este país de 5,4 millones de habitantes, que se incorporó al bloque en 1972, asume el poco envidiable papel de "mediador imparcial".
"Lo hacemos en un momento crítico para la UE, con mayor incertidumbre e imprevisibilidad en el mundo", declaró el taoiseach Micheál Martin. Bajo el lema gaélico 'Ní neart go cur le chéile' ('Fortaleza en la unidad'), Irlanda pilotará las negociaciones entre los otros 26 Estados miembros y buscará delicados, a veces frágiles, compromisos capaces de satisfacer todas las voces dispares presentes.
Con varios expedientes acercándose a un punto de inflexión, Dublín tiene por delante una tarea complicada. Estas son las cinco cuestiones más urgentes para la presidencia irlandesa.
Presión sobre Moscú
En lo más alto de la lista de tareas de Irlanda figura un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, que esta vez llega con un plazo límite firme: el 15 de julio.
Si no hay acuerdo para entonces, la UE revisará automáticamente el tope al precio del petróleo ruso. Debido a las perturbaciones persistentes en el mercado energético, la fórmula elevará el techo muy por encima de los actuales 44 dólares por barril, posiblemente incluso por encima de la cifra original de 60 dólares, lo que otorgaría a Moscú un respiro económico, un escenario políticamente insostenible.
Los diplomáticos confían en que se cumplirá el plazo y el techo quedará congelado, pero el precio a pagar podría ser elevado. Bulgaria, bajo su nuevo Gobierno, ha amenazado públicamente con vetar el paquete si se añaden dos nombres: el patriarca Kirill, jefe de la Iglesia ortodoxa rusa, y Vagit Alekperov, el multimillonario fundador de Lukoil.
El primer ministro Rumen Radev también ha expresado su preocupación por el impacto que las sanciones propuestas podrían tener sobre los fertilizantes y las piezas de repuesto del metro de Sofía.
"No permitiremos que el paquete de sanciones salga adelante en esta forma. Tenemos un voto y lo vamos a utilizar", dijo Radev el mes pasado. Pero Bulgaria no es el único obstáculo, otros puntos de fricción incluyen las importaciones de bacalao y abadejo, la venta de buques metaneros de GNL y una prohibición de entrada de gran alcance para soldados rusos.
Camino hacia la ampliación
Irlanda ha tomado el pulso al ambiente y ha convertido la adhesión en una de sus prioridades clave.
La llegada de un nuevo Gobierno en Hungría ha creado, por primera vez en dos años, una posibilidad real de avanzar en las solicitudes de adhesión de Ucrania y Moldavia. Chipre aprovechó hábilmente el momento para abrir el primer bloque de negociaciones de adhesión con las dos candidatas, que están emparejadas de forma informal.
Sin embargo, el nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar, ha pedido a sus homólogos que moderen su entusiasmo. El país se toma su tiempo antes de acordar los próximos pasos.
Irlanda desea desbloquear los cinco bloques restantes con Ucrania y Moldavia, pero es consciente de la resistencia arraigada de Budapest. Dublín confía en que uno o dos bloques puedan abrirse antes de las vacaciones de verano y que el resto se aborde de forma gradual después.
Entretanto, Montenegro, el país más avanzado en la cola de espera, está decidido a cerrar las negociaciones antes de final de año para centrarse en la redacción de su tratado de adhesión, que ya está en una fase incipiente. Como presidencia, Irlanda dirigirá estos trabajos.
Mucho está en juego: Bruselas quiere fijar un nuevo precedente con Montenegro y convertir su tratado de adhesión en referencia para futuros Estados miembros. Esto apunta a que la redacción será especialmente intensa, con países que reclamarán distintas cláusulas, salvaguardas y periodos transitorios para tranquilizar a unos electorados escépticos.
Tensión presupuestaria
Entre los cientos de compromisos que Irlanda plasmará a lo largo de su presidencia, ninguno será tan trascendental y controvertido como el próximo presupuesto plurianual de la UE, de siete años.
La anterior presidencia de Chipre despertó la ira de los países frugales tras proponer un recorte moderado del 2% sobre el plan inicial de 2 billones de euros de la Comisión. Países Bajos y Suecia criticaron de inmediato la 'nego-box' chipriota, a la que calificaron de 'no-go box'.
A Irlanda le corresponderá presentar cifras revisadas para cada capítulo, con la esperanza de encontrar un punto intermedio sostenible entre quienes quieren preservar los sobres tradicionales, en particular agricultura y cohesión, y quienes apuestan por reforzar las prioridades modernas, como la acción climática, la innovación, la tecnología y la defensa.
Un aspecto clave será que la 'nego-box' irlandesa deberá abordar la cuestión de los nuevos recursos propios, impuestos a escala de la UE que pueden aportar ingresos adicionales. Aunque los Estados miembros se oponían inicialmente a ampliar la capacidad fiscal del bloque, el viento ha cambiado y las capitales han asumido que los impuestos, de una forma u otra, son imprescindibles para cubrir el hueco.
La 'nego-box' irlandesa, cuya presentación se espera para octubre, dará paso a la última fase del proceso. A partir de ahí serán los líderes quienes tomen las riendas.
António Costa, presidente del Consejo Europeo, quiere cerrar el acuerdo definitivo en diciembre como muy tarde para evitar que las negociaciones presupuestarias se prolonguen hasta 2027, cuando importantes elecciones en Francia, Italia, España y Polonia podrían descarrilar el proceso.
Amenazas arancelarias y guerras comerciales
Se ha convertido casi en un ritual que cada nueva presidencia tenga que afrontar una amenaza arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump.
En julio pasado, Dinamarca tuvo que lidiar con un arancel del 30%, que nunca llegó a aplicarse. En enero, Chipre se enfrentó a un arancel del 15%, que tampoco se materializó. Y este julio, Irlanda debe hacer frente a un arancel del 100% sobre los países europeos que gravan los servicios digitales.
Si Trump llevara adelante su amenaza maximalista, el acuerdo entre la UE y Estados Unidos saltaría por los aires y se desataría una guerra arancelaria. Aunque el comercio es competencia exclusiva de la Comisión, la presidencia irlandesa sería responsable de mantener a todos los Estados miembros firmemente alineados, una tarea difícil cuando los vínculos económicos penden de un hilo.
En paralelo, se está gestando una guerra comercial entre Bruselas y Pekín.
Tras un abultado déficit de 360.000 millones de euros en 2025, los responsables han llegado a la conclusión de que el statu quo es insostenible. La Comisión ha dado a China de plazo hasta octubre para mostrar "resultados tangibles" que permitan reequilibrar la relación y recortar el flujo de bienes subvencionados de bajo coste.
Dada la conocida reticencia de Pekín a hacer concesiones, Bruselas prepara nuevas herramientas para adoptar medidas donde el diálogo ha fracasado. Pero pese a unas cifras tan llamativas, los Estados miembros siguen profundamente divididos sobre hasta qué punto debe endurecerse la postura de la UE.
Un mercado para todos
La UE libra una carrera contrarreloj para reactivar su economía ralentizada y reforzar su competitividad antes de caer en un declive inevitable frente a Estados Unidos y China.
Durante la presidencia de Chipre, las tres instituciones (Comisión, Consejo y Parlamento) acordaron un calendario detallado para cerrar todas las piezas pendientes de legislación económica, que bautizaron como 'Hoja de ruta Una Europa, Un Mercado'.
Irlanda tendrá que esforzarse para cumplir estos ambiciosos objetivos, ya que varias propuestas se han fijado para "finales de 2026". Entre ellas figuran la Unión de Ahorro e Inversión, la Ley de Ciberseguridad, el denominado vigésimo octavo régimen y el euro digital.
La Ley de Aceleración Industrial, una propuesta polémica que pretende imponer condiciones más estrictas a las empresas extranjeras que buscan acceder a la contratación pública y la inversión en la UE, también se ha señalado para finales de año, aunque las capitales aún no se ponen de acuerdo sobre qué significa en la práctica 'Made in Europe'.
China, que teme quedar apartada del lucrativo mercado europeo, ha amenazado con tomar represalias contra la Ley de Aceleración Industrial.
El incómodo caso de la alúmina rusa
Irlanda asume la presidencia con un equipaje incómodo.
El país combate titulares perjudiciales desde que un consorcio de medios publicó una investigación en marzo sobre los vínculos empresariales entre Aughinish Alumina, la mayor refinería de alúmina de Europa, y la economía rusa.
Según las conclusiones, la extensa planta situada en el oeste de Irlanda vende alúmina a fundiciones rusas propiedad de su matriz, United Company Rusal, que a su vez vende el metal a un intermediario que suministra aluminio a fabricantes de armamento sancionados.
Las armas fabricadas por estos productores habrían sido utilizadas para matar a civiles ucranianos y bombardear infraestructuras civiles. (La investigación periodística siguió el rastro de la alúmina irlandesa hasta el intermediario ruso, pero no hasta un producto concreto).
Aughinish insiste en que sus actividades son completamente legales porque la alúmina ha quedado al margen de las sanciones de la UE. La empresa afirmaque las exportaciones de alúmina a Rusia representaron alrededor del 45% de todas sus ventas en 2025 y espera que la proporción sea similar a finales de 2026.
Ante la creciente presión, el Gobierno irlandés ha abierto una investigación para aclarar las acusaciones y ha prometido compartir sus resultados con la Comisión. Es posible, por tanto, que dentro de unos meses Dublín tenga que elegir entre permitir sanciones sobre la alúmina y proteger a un empleador local.