El paquete de adhesión de Montenegro a la UE, valorado en 3.200 millones de euros, supone una cantidad modesta para los contribuyentes europeos, pero podría marcar un precedente sobre la financiación de futuras ampliaciones.
La adhesión de Montenegro podría definir el modelo de financiación para futuras ampliaciones de la UE, en un momento en que el bloque afronta un complejo debate sobre su próximo presupuesto a largo plazo.
El mes pasado, la Comisión Europea presentó el paquete financiero para la adhesión de Montenegro, el proceso más avanzado entre todos los países actualmente candidatos a entrar en la UE.
El coste económico de la adhesión de este país de los Balcanes Occidentales, con una población de unas 626.000 personas, se estimó en 3.200 millones de euros, menos de un euro por contribuyente de la UE o, como dicen los responsables de la Comisión, menos que el precio de un café.
Pero aunque el impacto financiero pueda ser mínimo, insignificante en comparación con el presupuesto a largo plazo de la UE, de casi dos billones de euros, la influencia de Montenegro en unas negociaciones presupuestarias ya de por sí delicadas podría ser mucho más relevante de lo que sugeriría su tamaño.
Un precedente para el futuro de la ampliación de la UE
"El paquete financiero para Montenegro va camino de ser polémico, no tanto por el dinero que implica como por una cuestión de principios", afirmó a 'Euronews' un diplomático de la UE que pidió mantener el anonimato debido a la sensibilidad del asunto.
La ampliación de la UE ha cobrado nuevo impulso tras haber estado prácticamente estancada desde la entrada de Croacia en el bloque en 2013. Desde la Comisión presumen de que se ha avanzado más en los últimos seis meses que en los últimos diez años.
Pero este nuevo impulso también ha alimentado las peticiones de reforma del proceso de adhesión, y varias capitales de la UE proponen nuevas garantías democráticas y una integración gradual para aspirantes como Ucrania.
Como resultado, Montenegro, cuyo tratado de adhesión empezó a redactarse hace unas semanas, se ha convertido en el banco de pruebas de cómo será la próxima ola de ampliación, al tiempo que la Comisión prepara sus propias propuestas para recuperar la iniciativa en este ámbito.
"Montenegro es un precedente. No debería serlo, pero inevitablemente lo es", señaló un segundo diplomático, que sostiene que los Estados miembros quieren que sus posiciones en las negociaciones sobre el nuevo Marco Financiero Plurianual queden reflejadas en este expediente.
Implicaciones presupuestarias
El principal motivo de disputa será cómo financiar los costes adicionales que supondrá Montenegro para el presupuesto de la UE, ya sea redistribuyendo los recursos existentes o encontrando otros nuevos, y qué implicaciones tendrá esto para los fondos del bloque.
Los programas de financiación reflejan las distintas prioridades políticas de los Estados miembros y son una de las grandes líneas de fractura en las negociaciones presupuestarias, con los países del sur y del este de Europa reclamando más dinero para las políticas de cohesión y agrícolas, y las capitales del norte presionando para centrarse en la competitividad y la defensa.
Si Montenegro llegara a ser un país de la UE, se convertiría en lo que se denomina un 'receptor neto', es decir, recibiría más dinero de la Unión del que aporta. Según la propuesta de la Comisión, una parte importante de la financiación para cohesión y agricultura procederá de los recursos que Montenegro iba a recibir en el marco del plan 'Global Europe', el programa de ayuda al desarrollo de la UE.
En otras palabras, a medida que Montenegro deje de ser elegible para la ayuda al desarrollo, el dinero ya asignado se redistribuirá hacia la financiación agrícola y regional. Cómo se financiarán los demás programas sigue siendo una cuestión abierta.
La batalla por los fondos de la futura UE ampliada
La Comisión propone un aumento proporcional de los fondos destinados a ámbitos como la defensa y la competitividad, con el objetivo de "garantizar que no haya ningún efecto negativo sobre la financiación prevista para la UE-27".
Pero sigue sin resolverse de dónde debe salir ese dinero adicional. Haría falta o bien más ingresos procedentes de los impuestos a escala de la UE, los llamados recursos propios, o bien mayores contribuciones nacionales de los Estados miembros.
Los países 'contribuyentes netos', como Alemania y Países Bajos, conocidos como los frugales, llevan tiempo presionando para reducir el tamaño global del presupuesto de la UE y mantener al mínimo las aportaciones nacionales, por lo que probablemente defenderán una redistribución de los recursos ya existentes.
Aunque la cuantía real pueda ser insignificante para los presupuestos nacionales, la decisión sentará un precedente para futuros tratados de adhesión, ya sea en el caso de países simplemente más pequeños, como Albania y Moldavia, o en un escenario mucho más complejo como Ucrania.
Montenegro abre el debate sobre quién paga la ampliación
El resultado puede acabar siendo algo más que otra pugna de poder sobre cómo se reparte el dinero dentro del bloque. También podría tener un efecto disuasorio sobre los países más ricos que se plantean la adhesión, que serían contribuyentes netos desde el primer momento.
Islandia, en particular, celebrará a finales de agosto un referéndum sobre la reapertura o no de las negociaciones de adhesión a la UE, después de haber suspendido su candidatura en 2015.
"Montenegro marca el precedente", afirmó otra fuente conocedora directa del asunto. "La UE tendrá que ser coherente en los futuros procesos de adhesión. De qué partida salga el dinero será motivo de controversia".