Las autoridades alemanas han recibido críticas por no impedir un ataque mortal con vehículo y machete cerca del desfile del Orgullo en Berlín el sábado.
En la Puerta de Brandeburgo de Berlín, un memorial improvisado reúne a vecinos que acuden a rendir homenaje a las víctimas del ataque del sábado, perpetrado cerca del desfile anual del Orgullo de la ciudad.
El atacante, Abdul Ballout, que mató a una mujer e hirió a otras 29 al arrollar con una furgoneta a una multitud y, posteriormente, atacar a varias personas con un machete, era conocido por las autoridades.
Mientras la ciudad trata de sobreponerse a lo ocurrido, muchos sostienen que las fuerzas de seguridad deberían haber intervenido antes para impedir el ataque. Tras una búsqueda a escala de toda la ciudad, la Policía abatió a tiros a Ballout el domingo por la tarde en una colonia de huertos del distrito occidental de Spandau, en la capital alemana.
Según la Fiscalía, Ballout, ciudadano alemán de origen libanés, tenía antecedentes por lesiones, extorsión y robo, y había intentado unirse al grupo Estado Islámico (EI) en Siria.
"Creo que, al menos en parte, el Estado no respondió como debía, porque al fin y al cabo estaban tratando con un delincuente. Tendrían que haber intervenido antes", afirmó Alfred Kubitz, una de las muchas personas que se acercó a visitar el memorial.
Un "error fatal"
Expertos en seguridad también se preguntan por qué el atacante estaba en libertad y no bajo una estrecha vigilancia. "Se subestimó el peligro que representaba este hombre", señaló Rolf Tophoven, del Instituto de Investigación sobre Terrorismo y Política de Seguridad.
El año pasado, Ballout viajó al Líbano en un intento fallido de unirse al EI en Siria, pero fue detenido y pasó tres meses en una cárcel libanesa antes de ser repatriado. Más recientemente, en mayo, fue condenado por "planear un grave acto de violencia subversiva" a un año y diez meses de prisión.
Sin embargo, la pena fue suspendida, en parte en reconocimiento del tiempo que ya había pasado en prisión en el Líbano y en detención preventiva, y también porque había confesado los delitos y asegurado haberse distanciado del EI.
"Se sabía que era islamista, y la tragedia es precisamente que se sabía todo", lamentó Tophoven, que calificó de "error fatal" haberlo dejado en libertad.
El presidente de la asociación de agentes de Policía de Alemania, Dirk Peglow, también denunció que la justicia había sido demasiado indulgente con Ballout.
"Con personas que suponen una amenaza de este calibre, el fin de su estancia en prisión no puede significar el fin de la supervisión estatal", declaró al diario económico.
Políticos de todo el espectro ideológico se apresuraron a condenar el ataque y a reclamar medidas más duras contra los extremistas.
El diputado Marc Henrichmann, presidente de la comisión parlamentaria que supervisa los servicios de inteligencia, afirmó en declaraciones al diario 'Handelsblatt' que "no se puede otorgar un valor excesivo a las libertades de extremistas e islamistas, especialmente cuando está en juego la vida de las personas".
El canciller Friedrich Merz aseguró que "defenderemos la libertad" y que no permitirá "que este veneno del terrorismo y este veneno dirigido contra nuestra libertad se siga extendiendo en nuestra sociedad".
La comunidad LGTBQ teme la 'explotación' por la extrema derecha
Al mismo tiempo, miembros del colectivo LGTBQ de Berlín han advertido sobre la posibilidad de que la extrema derecha saque provecho de la tragedia.
El ataque del sábado supuso la primera vez que el colectivo LGTBQ de Berlín era objetivo de una agresión de este tipo en una ciudad conocida desde hace décadas por su apertura. Cientos de personas se reunieron el domingo por la tarde en la Puerta de Brandeburgo para llorar a las víctimas.
Lena Werner, de 26 años, explicó que acudió a la vigilia para demostrar que la comunidad "no se dejará intimidar, para hacer que nuestra voz se oiga aún más fuerte, para mostrar todavía más solidaridad".
Los organizadores del Orgullo aseguran que la homofobia va en aumento y Werner reconoció que "el miedo ha crecido".
Pero afirmó que no quiere que el ataque del sábado alimente "el odio contra los extranjeros, los migrantes o el islam".
El ataque "empeora la situación, en un momento en que podemos ver claramente que Alemania se inclina cada vez más hacia la derecha", señaló Mario Paul, de 46 años.
El ataque se produjo a menos de dos meses de que Berlín elija un nuevo Parlamento regional, con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en cabeza en algunos sondeos.
En Berlín, AfD compite codo con codo con Die Linke, Los Verdes y la conservadora CDU del canciller Friedrich Merz.
En un mensaje en X, la copresidenta de AfD, Alice Weidel, acusó al canciller Friedrich Merz de actuar de forma insuficiente contra la "violencia de los migrantes" y aseguró que su partido está "preparado para actuar".
Alex Friedrich, de 51 años, que también acudió a la vigilia del domingo, se mostró convencido de que las personas LGTBQ, que "ya han soportado mucho en su vida", "no se dejarán avasallar" por AfD, un partido al que algunos acusan de hostilidad hacia los derechos y la visibilidad del colectivo.
Luka, una estudiante de 23 años, dijo creer que la extrema derecha podría "con mucha facilidad" instrumentalizar el ataque, pero añadió: "Creo que habrá una fuerte resistencia a esta explotación".