Las peores temporadas de incendios registradas en Europa han llevado a la UE a cambiar su estrategia, con un mayor énfasis en la prevención y una inversión de miles de millones para reducir el riesgo antes de que comiencen los fuegos.
Más de 434.976 hectáreas se han quemado en la UE en lo que va de año, según los datos del 30 de julio del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS). En 2025 ardieron más de un millón de hectáreas, lo que convirtió esa temporada en la peor de incendios forestales desde que hay registros.
Por ello, Bruselas decidió cambiar las normas sobre cómo Europa afronta los incendios forestales. Durante décadas, la política de la UE se centró en reforzar la capacidad de respuesta mediante la compra de más aviones y camiones y el fortalecimiento de los servicios de extinción. Ahora, el énfasis se desplaza hacia un objetivo más ambicioso: evitar que los incendios lleguen a convertirse en grandes catástrofes.
Por qué la respuesta por sí sola nunca iba a ser suficiente
La lógica es sencilla, explica Alexander Held, ingeniero forestal del European Forest Institute y del Pan European Forest Risk Facility, que lleva 25 años trabajando en políticas de prevención y gestión del fuego en Europa. Una vez que un incendio se declara en condiciones de calor extremo, sequedad y viento, ningún despliegue de medios puede garantizar su control. "Si se observa lo que está ocurriendo ahora mismo desde Portugal hasta España, Francia, Grecia, Turquía o Alemania, tenemos grandes incendios simultáneos", señala. En esas circunstancias, incluso los servicios de extinción más experimentados pueden verse desbordados.
Held considera que el problema radica en cómo se ha distribuido históricamente la financiación. Pese a dos décadas de discursos europeos sobre resiliencia y prevención, la mayor parte de los recursos ha seguido destinándose a la extinción, "porque es más fácil invertir en la parte de respuesta", afirma. "No es tan sencillo como comprar un camión de bomberos o un helicóptero".
Portugal, sostiene, es la excepción que confirma la regla. El país redirigió aproximadamente la mitad de su presupuesto para incendios forestales hacia la gestión del territorio y la prevención, en lugar de concentrarlo únicamente en apagar fuegos. Su propuesta es una regla sencilla: por cada euro invertido en extinción debería destinarse otro euro a reducir el riesgo antes de que se produzca la ignición.
La Comisión Europea ha asumido esa lógica como eje de su política. "No podemos centrarnos únicamente en apagar literalmente los incendios", afirma Anna Kaisa Itkonen, portavoz de la Comisión Europea para Energía, Clima, Medio Ambiente y Transporte. "La preparación para nosotros es realmente muy importante".
El giro de la política y cuándo se produjo
El punto de inflexión llegó en marzo de 2026, cuando la Comisión presentó su estrategia de gestión integrada del riesgo de incendios forestales. El documento supone un cambio formal respecto al modelo centrado casi exclusivamente en la respuesta y apuesta por cuatro pilares: prevención, preparación, respuesta y recuperación, situando la prevención en primer lugar.
Las razones son claras. Europa acaba de vivir la peor temporada de incendios de la que se tiene constancia. Al mismo tiempo, el cambio climático está haciendo que los fuegos sean más intensos, más prolongados y mucho más difíciles de controlar. Además, se estima que el 96% de las igniciones está relacionado con negligencias o incendios provocados, lo que obliga a actuar tanto sobre la gestión de la vegetación como sobre el comportamiento humano.
La expansión del riesgo más allá del Mediterráneo, con grandes incendios en Alemania, República Checa y Suecia, e incluso episodios registrados en Islandia y el Ártico, ha añadido un nuevo sentido de urgencia. Una estrategia basada únicamente en reforzar la capacidad de respuesta del sur de Europa ya no se corresponde con la geografía actual del riesgo.
Cómo se traduce la prevención en la práctica
La nueva estrategia se materializa en financiación y herramientas que ya están desplegándose. Los recursos para la prevención llegan a través de varios instrumentos comunitarios: los programas de desarrollo rural de la Política Agrícola Común, los fondos de cohesión, el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, y las convocatorias de investigación de LIFE y Horizonte Europa.
En la práctica, estos fondos financian actuaciones como la reducción de combustible forestal, la creación de cortafuegos, el pastoreo dirigido, los clareos forestales y la restauración de paisajes especialmente vulnerables al fuego. Proyectos de este tipo ya están en marcha en España, Portugal e Italia, incluida Sicilia.
Alrededor del 35% del próximo presupuesto plurianual de la UE estará destinado a políticas climáticas y medioambientales. Dentro de esa cantidad se incluyen cerca de 19.000 millones de euros en fondos de cohesión para adaptación al cambio climático, con un procedimiento acelerado para las regiones más afectadas.
La Comisión también está reforzando el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, su herramienta de alerta temprana y previsión del riesgo basada en satélites. Además, prevé presentar una recomendación del Consejo sobre gestión integrada del riesgo de incendios forestales y lanzar en 2027 un portal específico que permita compartir con los Estados miembros recientemente expuestos a este riesgo tanto las vías de financiación disponibles como las mejores prácticas.
La capacidad de respuesta, sin embargo, no desaparece. rescEU incorporará 12 aviones de extinción y cinco helicópteros. Pero Itkonen deja claro cuál es la prioridad: "El objetivo no es combatir más incendios. El objetivo es contar con buenas políticas de prevención".
De la estrategia a la práctica
El mayor desafío ahora es la aplicación. El Tribunal de Cuentas Europeo ha advertido de que la gobernanza de los incendios forestales sigue fragmentada entre los departamentos de protección civil, silvicultura, agricultura y clima, sin una visión común de cuánto se invierte realmente en prevención.
Herramientas como las quemas prescritas o el pastoreo dirigido siguen encontrando obstáculos administrativos relacionados con los permisos y los regímenes de responsabilidad. Además, los proyectos de prevención requieren una financiación estable y continuada para garantizar su mantenimiento, algo que los instrumentos europeos, concebidos en muchos casos para inversiones puntuales, no siempre pueden ofrecer.
Para Held, la solución pasa por ir más allá del apoyo financiero. Propone crear centros de excelencia independientes y poco burocráticos, capaces de adaptarse con la misma rapidez con la que evoluciona el fuego. También defiende incorporar de forma sistemática a ingenieros forestales, agricultores y planificadores del territorio, en lugar de concentrar toda la gestión en las agencias de protección civil.
Como ejemplo, cita el caso de Alemania, donde se destinan alrededor de 30 millones de euros al año a combatir incendios recurrentes en terrenos contaminados. Reducir a la mitad el coste de uno solo de esos incendios permitiría liberar 15 millones de euros para invertir en prevención. "Es difícil de explicar", admite, "porque, por un lado, se trata de dinero destinado a responder a desastres y es complicado trasladarlo a la prevención".