Analistas y juristas rebajan la acusación de ocupación militar sobre las instalaciones del Reino Unido y la definen como un vestigio colonial amparado en el tratado de 1960. En este 2026, la presencia británica vuelve al debate tras varios ataques con drones en la región.
Los territorios británicos de ultramar de Akrotiri y Dhekelia, en la isla de Chipre, han generado revuelo en internet en los últimos días, después de que una publicación en redes sociales de una política francesa afirmara que el Reino Unido está "ocupando" Chipre.
La publicación en X de la eurodiputada francesa Manon Aubry, del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa, se publicó inicialmente en febrero, pero volvió a circular la semana pasada al ser republicada y citada por usuarios de redes sociales.
La publicación de Aubry incluye un vídeo grabado por ella misma en Akrotiri, conocida oficialmente como Área de Base Soberana de Akrotiri, en el que sostiene que su presencia en Chipre, al igual que la de Dhekelia, demuestra que parte del país sigue "ocupada por el Ejército británico".
Añade que las bases se utilizan para facilitar información de inteligencia sobre la Franja de Gaza a Israel y que, al ser bases de la OTAN, en última instancia están bajo el mando del presidente estadounidense Donald Trump.
En el texto de su publicación en X, Aubry exclama: "¡Basta de colonialismo!".
Como respuesta, varios usuarios añadieron a la publicación una nota de la comunidad, en la que explicaban que Akrotiri y Dhekelia están contempladas en el tratado de 1960 que Chipre firmó para establecer su independencia del Reino Unido.
Añadían que esto no tiene nada que ver con el norte del país, que la gran mayoría de la comunidad internacional considera bajo ocupación militar turca, un contencioso conocido como "el problema de Chipre".
Turquía invadió Chipre en 1974 y acabó dividiendo la isla, con fuerzas turcas que controlan hasta hoy el norte, alrededor del 36% de su territorio. La autoproclamada "Chipre del Norte" solo es reconocida por Turquía.
The Cube, el equipo de verificación de 'Euronews', ha hablado con expertos para desentrañar algunos matices en torno a las bases británicas en Chipre, analizar si guardan alguna similitud con la ocupación turca y valorar hasta qué punto las afirmaciones de Aubry tienen fundamento.
Un vestigio colonial
En resumen, la cuestión del estatus de las bases es compleja, según los especialistas.
Según explican, desde el punto de vista jurídico el Reino Unido no está "ocupando" Chipre, porque las áreas de las bases están reconocidas por el derecho internacional, también por el propio Chipre.
"Podemos remitirnos a la definición de ocupación, que incluye la presencia de una fuerza militar sin el consentimiento del territorio", explica Peter Clegg, profesor de Política y Relaciones Internacionales especializado en territorios británicos de ultramar en la Universidad del Oeste de Inglaterra.
"En este caso, sí hay consentimiento", añade. "Existe un acuerdo del Gobierno chipriota para que las bases puedan existir".
Clegg señala que muchos aspectos de la vida civil cotidiana en las zonas de las bases, como la educación o la protección social, dependen del Gobierno chipriota, y recuerda que este no ha cuestionado la legalidad del tratado de independencia desde su firma.
Según los términos del acuerdo, el Reino Unido se compromete "a no desarrollar las Áreas de Base Soberana para fines distintos de los militares" y "a no crear ni administrar 'colonias' allí".
También establece que los chipriotas tienen pleno acceso a las zonas que rodean las bases, que sus derechos estarán plenamente protegidos y que las leyes aplicables a la población chipriota que vive allí "serán, en la medida de lo posible, las mismas que las leyes de la República (de Chipre)".
La importancia del consentimiento la subraya también Costas M Constantinou, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Chipre, aunque advierte de que la situación no es tan clara.
"Yo no lo llamaría ocupación, sino más bien una ingeniosa evolución del colonialismo", señala a The Cube. "La principal diferencia con una ocupación es que los chipriotas accedieron formalmente a ello cuando firmaron el Tratado de Establecimiento en 1960, que también creó las bases".
"Pero en la práctica fueron coaccionados, porque la descolonización de la isla se condicionó a aceptar las 'bases soberanas'", añade. "Esto plantea interrogantes sobre la legalidad de las bases hoy".
Neophytos Loizides, profesor de Análisis de Conflictos Internacionales en la Universidad de Warwick, añade que la población chipriota no fue consultada cuando Akrotiri y Dhekelia quedaron bajo control británico como parte del acuerdo de independencia y que el Reino Unido, como potencia colonial, utilizó su margen de maniobra para retener esos territorios.
"El acuerdo se firmó bajo coacción", afirma. "Los dirigentes chipriotas no tenían el mismo poder que el Reino Unido, así que este pudo imponer su voluntad".
En respuesta directa al lenguaje utilizado por Manon Aubry, señala que es más preciso definir las bases como un "residuo colonial" que como una "ocupación", un "uso emotivo de las palabras".
"Esto es distinto de la ocupación que se da en el norte de Chipre", añade. "Es poco probable que un chipriota diga que los británicos son ocupantes, pero tampoco diría necesariamente que están allí de forma legítima".
Para Constantinou, la palabra clave es "ambivalencia".
"Los grecochipriotas, y desde luego el Gobierno chipriota, no consideran que las bases sean algo equivalente a la ocupación turca en el norte", explica. "Quienes viven dentro de las áreas de las bases y pueden seguir viéndolas como un vestigio colonial no siempre las perciben en negativo, porque muchos se benefician económicamente de trabajar allí y algunos sienten además que el Ejército británico les proporciona seguridad frente al Ejército turco en lugares como el pueblo de Achna Forest, dentro de la base de Dhekelia".
En cuanto a las afirmaciones de Aubry de que el Reino Unido utiliza las bases en Chipre para ayudar a Israel, Clegg sostiene que son incorrectas.
"Ha habido algunos vuelos de vigilancia sobre Gaza y en sus alrededores, pero el Reino Unido ha dejado claro, y probablemente sea cierto, que esos vuelos iban desarmados y se emplearon para ayudar a localizar a los rehenes tras los ataques del 7 de octubre", afirma.
Añade que el intercambio de información con Israel o con Estados Unidos fue limitado o inexistente, aunque sí se fletaron vuelos de ayuda humanitaria desde las bases hacia Gaza.
"Cabe debatir sobre cómo se están utilizando las bases, pero no creo que todo lo que se les achaca sea del todo cierto ni justo", explica a The Cube. "La realidad probablemente esté en un punto intermedio".
El Gobierno británico insiste en que los vuelos de vigilancia sobre Gaza se llevaron a cabo únicamente para localizar a los rehenes, que mantuvo un control estricto sobre la información recabada y que solo se transmitieron a Israel datos directamente relacionados con el paradero de los rehenes.
Sin embargo, varios medios de investigación han puesto en duda que ese intercambio de inteligencia no se extendiera a operaciones militares israelíes más amplias y acusan al Gobierno de falta de transparencia por negarse a detallar qué información se compartió exactamente y su posible complicidad en la guerra de Israel.
El futuro de las bases, qué puede pasar ahora
Akrotiri y Dhekelia fueron noticia a comienzos de este año cuando un dron impactó en marzo en la primera de ellas, en el contexto de la guerra más amplia entre Irán y tanto Israel como Estados Unidos. Otros drones lanzados en los días siguientes fueron interceptados.
Los ataques reavivaron el debate sobre el futuro de las bases en Chipre, que a diferencia del Reino Unido no es miembro de la OTAN. Los manifestantes defendieron que serían los chipriotas de a pie quienes pagarían las consecuencias si ocurría algo grave, mientras que el presidente Nikos Christodoulides reclamó conversaciones con Londres sobre el futuro de las bases militares "coloniales".
Nicosia, sin embargo, ha optado no por cuestionar directamente la soberanía británica, sino por un enfoque gradual y técnico, proponiendo comités conjuntos sobre cómo pueden cooperar ambas partes y abriendo un diálogo diplomático de alto nivel.
"Desde la perspectiva chipriota, la devolución del territorio sería bienvenida, pero también querrían una relación funcional mejor", explica Loizides. "Las bases británicas no pueden poner indefinidamente en riesgo a la población chipriota de la isla".
"En el futuro, puede que los británicos mantengan las bases, pero dentro de un marco de protección que permita a Chipre beneficiarse de ellas y transforme su estatus colonial en un marco de seguridad más moderno", añade, subrayando que la relación entre ambas partes "ha mejorado de forma espectacular" en las últimas décadas.
Con todo, Clegg considera poco probable que se produzca un cambio de este tipo a corto plazo y describe las declaraciones recientes procedentes de Chipre como "una preocupación genuina, pero más retórica que un intento de lograr cambios reales".
El Reino Unido llegó a plantearse brevemente si le convenía mantener las bases durante la invasión turca de los años setenta, pero la presión de Estados Unidos llevó a Londres a preservar el statu quo.
"Las bases son británicas, hay una estrecha cooperación con Chipre, pero también existe un interés estadounidense, es una relación triangular", explica Clegg. "Eso ha estado siempre en el centro de la forma en que se han administrado".
Según Loizides, un cambio de estatus podría llegar en el marco de un acuerdo de paz más amplio sobre el problema de Chipre, en el que las bases británicas podrían entrar en la ecuación como parte de un entramado de seguridad para la región.
"Si se resolviera el problema de Chipre, se abriría la oportunidad de desarrollar aún más los mecanismos europeos de defensa en Oriente Medio y el este del Mediterráneo", explica Loizides. "Toda la región podría beneficiarse de las bases británicas y estas podrían aportar seguridad a Chipre y a la UE, de modo que también hay base para un buen acuerdo para los propios británicos".
El futuro de las bases quedó bajo escrutinio jurídico después de que la Corte Internacional de Justicia emitiera en 2019 una opinión consultiva en la que concluía que la separación por parte del Reino Unido del archipiélago de Chagos de Mauricio durante la descolonización en la década de 1960 vulneró el derecho a la libre determinación y la integridad territorial.
Algunos responsables chipriotas y juristas consideran que esto se asemeja a la forma en que el Reino Unido se reservó Akrotiri y Dhekelia durante la transición de Chipre a la independencia, aunque otros analistas señalan que los casos son distintos, ya que mientras la población autóctona de Chagos fue expulsada, las bases británicas en Chipre quedaron integradas en el tratado de 1960, con reconocimiento formal por parte de la nueva república.
Desde entonces, Londres ha aceptado ceder la soberanía de las islas Chagos a Mauricio, pero la legislación necesaria ha quedado bloqueada tras la oposición de Trump.
No obstante, en el caso chipriota, el Reino Unido ha mantenido de forma constante su compromiso con Akrotiri y Dhekelia y su soberanía sobre ambas bajo el acuerdo de 1960. Al Carns, exministro de las Fuerzas Armadas, declaró en abril a 'The Telegraph' que su estatus jurídico es "no negociable" y rechazó cualquier sugerencia de transferir su control.
El Gobierno de Chipre no respondió a la solicitud de comentarios antes de la publicación de este artículo.