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El BCE podría reducir estímulos, pero no los eliminará todavía

El BCE podría reducir estímulos, pero no los eliminará todavía
El BCE podría reducir estímulos, pero no los eliminará todavía   -   Derechos de autor  Thomson Reuters 2021
Por Reuters

Por Balazs Koranyi y Francesco Canepa

FRÁNCFORT, 9 sep – Es previsible que el Banco Central Europeo anuncie el inicio de su repliegue el jueves, dando un paso simbólico hacia la retirada de las ayudas de emergencia puesta en marcha durante la pandemia, al tiempo que señalará abundantes estímulos para los próximos años.

El BCE hizo todo lo posible para sostener la economía cuando el nuevo coronavirus cerró empresas y mantuvo a la población confinada el año pasado. Pero ante la caída del desempleo y el repunte de la inflación a medida que se reanuda la vida normal, los responsables de política monetaria se ven presionados para reconocer formalmente que lo peor ha pasado.

Sin embargo, es probable que cualquier medida sea tímida, ya que los banqueros centrales temen que un recorte prematuro de las ayudas deshaga los beneficios de años de estímulo, una perspectiva peligrosa para el BCE, que ya tiene que hacer frente a un déficit de credibilidad tras casi una década sin alcanzar su objetivo de inflación.

La inflación se encuentra ahora en el nivel más alto de los últimos 10 años, pero se espera que caiga bruscamente a principios del próximo año y que vuelva a languidecer por debajo del objetivo del BCE del 2% hasta 2023, una perspectiva que probablemente se verá confirmada por las nuevas proyecciones económicas que presentará el jueves BCE, que previsiblemente las revisará al alza.

El BCE también querrá no hacer un gran movimiento antes que la Reserva Federal de Estados Unidos, que ahora parece algo indecisa a la hora de fijar su propio rumbo fuera de la política superlaxa.

Este escenario deja al BCE ante la necesidad de buscar un difícil equilibrio.

Por un lado, tiene que reconocer que la crisis del coronavirus —la justificación de la ayuda de emergencia— está remitiendo. Por otro lado, debe asegurar a los mercados que esto no es el comienzo de una salida gradual de su política monetaria laxa, y que su compromiso de aumentar los precios al consumidor es inquebrantable.

En la práctica, esto podría significar un recorte en la compra de bonos a través de su Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP, por sus siglas en inglés) a una horquilla de 60.000 a 70.000 millones de euros por mes para el cuarto trimestre, según una encuesta de Reuters entre los analistas, niveles todavía altos para los estándares históricos.

El BCE también podría optar por una formulación poco precisa que deje a los responsables de la política monetaria un amplio margen de maniobra sobre la cantidad que pueden comprar en el marco del PEPP —dotado con 1,85 billones de euros (2,19 billones de dólares)— en caso de que no estén satisfechos con la reacción del mercado.

“Los motivos para reducir las compras del PEPP en el cuarto trimestre parecen obvios: las condiciones financieras se han relajado y las perspectivas han mejorado”, dijo Frederik Ducrozet, estratega de Pictet.

No obstante, no se trataría de una disminución de las compras, ni siquiera de una reducción de las ayudas, argumentó este analista.

“Hay pequeños cambios en las perspectivas a medio plazo, riesgos a la baja, y todavía estamos en el límite inferior (de los tipos de interés), lo que requiere un apoyo monetario especialmente enérgico o persistente; eso no cuadra del todo con una reducción de la QE (expansión cuantitativa), y mucho menos con la idea de adelantarse a la Fed”, añadió.

La QE es un mecanismo no convencional que utilizan los bancos centrales para aumentar la cantidad de dinero en circulación mediante la compra de activos (bonos, por lo general) en el mercado.

Los rendimientos alemanes a diez años, una referencia para la zona del euro, cayeron a mínimos de seis meses por debajo de los 50 puntos básicos en agosto y todavía se negocian a un nivel relativamente bajo de menos 33 puntos básicos, pese a que los mercados han dado por sentado un tímido repliegue del BCE el jueves.

La decisión de política monetaria se conocerá a las 1145 GMT, seguida de la conferencia de prensa de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, a las 1230 GMT.

MARCHA ATRÁS

Es probable que los responsables de la política monetaria eviten cualquier debate sobre el eventual fin de las ayudas de emergencia, actualmente previsto para marzo, y dejen para diciembre la polémica decisión.

La dificultad estriba en que el banco debe señalar el final de su mayor plan de compra de activos, al tiempo que promete mantener el apoyo a través de otras herramientas, manteniendo la dirección general de la política monetaria sin grandes cambios.

El PEPP es una herramienta de lucha contra la crisis y su prolongación más allá de marzo sería difícil de justificar, dada la normalización de la actividad económica.

Esto requerirá que el BCE cambie su enfoque hacia el programa ampliado de compras de activos, (APP, por sus siglas en inglés), más rígido y creado en 2014.

Sin embargo, para que el APP se adapte a su propósito, el BCE tendrá que aumentar los volúmenes de compra y reescribir sus normas de flexibilidad, a lo que probablemente se opongan los miembros conservadores del Consejo de Gobierno por temor a que el BCE ya esté actuando más allá de su mandato.

Son especialmente importantes las normas que prohíben al BCE comprar más de un tercio de la deuda de cualquier país o realizar compras desproporcionadas con respecto al tamaño de la economía de un país.

También se espera que los responsables de política monetaria choquen por su interpretación del rumbo de la inflación, ya que algunos argumentan cada vez más que la reciente subida puede no ser tan temporal como el BCE ha predicho.

“Observo posibles presiones al alza de los precios”, dijo el jefe del banco central austriaco, Robert Holzmann, en un artículo de opinión publicado el miércoles.

“Existe la posibilidad de que podamos normalizar la política monetaria antes de lo que esperan la mayoría de los expertos del mercado financiero”.

(1 dólar = 0,8462 euros)