Desde una máscara generada por IA capaz de restaurar en tres horas un cuadro del siglo XV hasta geles de limpieza ecológicos hechos con materiales renovables, una nueva ola tecnológica está salvando obras maestras.
La colección de una galería de arte o de un museo suele ir mucho más allá de sus exposiciones abiertas al público, y se extiende a almacenes y talleres donde las obras dañadas se reparan y conservan con sumo cuidado.
La conservación y la restauración de obras de arte son procesos intensivos y minuciosos, que exigen un conocimiento interdisciplinar de historia del arte, química, física y ciencia de la conservación.
Desde el uso de imagen infrarroja para identificar pérdidas de pintura ocultas bajo la superficie de un cuadro hasta la elección de disolventes capaces de eliminar capas de barniz oxidado sin dañar la obra, la restauración y la conservación de arte requieren una gran precisión.
Incluso instituciones con muchos recursos, como el Louvre o el Met, cuentan con departamentos enteros dedicados a esta tarea. Ahora, los últimos avances en inteligencia artificial (IA) y en química prometen hacer este trabajo más rápido, más barato y más respetuoso con el medioambiente.
La inteligencia artificial en la restauración de arte
¿Y si la inteligencia artificial pudiera restaurar un cuadro en pocas horas? Un nuevo método analiza un cuadro dañado, crea una copia restaurada de forma digital y la imprime en una película de polímero extremadamente fina que actúa como una máscara laminada.
Esta máscara puede colocarse sobre la pintura y también retirarse más adelante, de modo que se conserva la pieza original. Según un artículo publicado en 'Nature', este método se probó en un óleo del siglo XV muy dañado.
Se recuperaron más de 57.000 tonos en algo más de tres horas. Según se afirma, este enfoque es unas 66 veces más rápido que la reintegración pictórica convencional. El método fue desarrollado el pasado junio por Alex Kachkine, investigador de posgrado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
Este nuevo método también podría cubrir un vacío entre los dilemas éticos y las prácticas de restauración, según Hartmut Kutzke, profesor y químico en el Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo.
La ética de la conservación moderna recela de las reintegraciones demasiado invasivas en piezas dañadas, porque considera que alteran el contexto y el significado de la obra, explica Kutzke. Estas normas también exigen que, si la reintegración es necesaria, los cambios sean reversibles. La máscara laminada extraíble de Kachkine permite garantizar esta reversibilidad.
Además, señala que este método permite documentar con detalle las intervenciones y revisarlas más adelante. "Como existe un registro digital de la máscara que se ha utilizado, dentro de 100 años, cuando alguien vuelva a trabajar en esta obra, tendrá una idea clarísima de lo que se hizo con la pintura", explicó Kachkine a 'MIT News'.
Aunque esta innovación puede reducir el tiempo y los recursos necesarios para restaurar una obra, sigue exigiendo, según Kachkine, la colaboración de conservadores e historiadores del arte que conozcan el origen de la pieza.
Materiales ecológicos para la conservación
Investigadores de distintos países están desarrollando materiales de conservación a partir de fuentes renovables y recicladas, con alternativas más ecológicas a los productos químicos nocivos usados tradicionalmente en este campo.
El proyecto GREENART, una colaboración científica que desarrolla soluciones sostenibles para la conservación y restauración de bienes culturales, recibió una financiación europea de tres años hasta 2025. Entre los productos desarrollados por esta colaboración, los investigadores han ideado innovadores geles de limpieza y recubrimientos protectores aplicables a la conservación de obras de arte.
Un grupo de geles de limpieza, denominados hidrogeles de alcohol polivinílico de doble cadena, fue desarrollado por investigadores de GREENART, un proyecto financiado por la Unión Europea, para hacerlos más sostenibles. Estos geles, elaborados con polímeros de alcohol polivinílico (PVA), presentan una estructura porosa similar a una esponja que permite una limpieza más controlada y rápida de suciedad y capas envejecidas sobre las pinturas. Partes del polímero de PVA están 'decoradas', según los investigadores, con polímeros sintéticos y de base biológica no tóxicos, lo que hace que los geles de limpieza sean más sostenibles.
Durante el último año, la Tate Britain de Londres ha utilizado hidrogeles sostenibles desarrollados por GREENART para limpiar de forma segura dos pinturas de la artista británica Bridget Riley, 'Fall' (1963) y 'Hesitate' (1964). Esta última se limpió por primera vez en febrero.
Aún más creatividad química
Investigadores con sede en Pekín también están encontrando nuevas vías químicas para la conservación del patrimonio cultural. Una revisión publicada en 'Nature' en enero señala que los derivados de la celulosa, en particular los éteres de celulosa y las nanocelulosas, pueden utilizarse para tratar objetos de papel envejecidos gracias a sus propiedades adhesivas.
Estos derivados también pueden servir como recubrimientos protectores para la conservación de óleos y textiles. Lo más importante es que son renovables y de baja toxicidad, lo que favorece los requisitos de sostenibilidad de la conservación del patrimonio, según los investigadores. La revisión también destaca el posible uso de derivados de la celulosa para el refuerzo y la restauración de piezas de cerámica, porcelana y murales.
Si bien la investigación existente se centra sobre todo en piezas de papel y madera, las propiedades adhesivas de estos compuestos y el efecto reforzante de la nanocelulosa permiten reparar con precisión grietas en la cerámica. En el caso de los murales, la nanocelulosa podría utilizarse para desarrollar recubrimientos resistentes al agua y transpirables, señalan los investigadores.
En disciplinas interdisciplinarias como la restauración y la conservación de arte, innovaciones científicas como estas pueden ser decisivas a medida que los conservadores se enfrentan a nuevos retos derivados del cambio climático y de un escenario tecnológico en constante evolución.