Estelas de aviones y cambio climático: un gran experimento probará cambios de ruta para reducir el calentamiento que provocan las nubes de condensación.
¿Y si bastara con desviar un vuelo unos kilómetros para reducir su impacto climático? Esa es la apuesta de Operación Blue Skies, un nuevo experimento británico que busca limitar el impacto de la aviación directamente en el cielo del Atlántico Norte.
El proyecto pretende actuar sobre las estelas de condensación, las nubes artificiales que pueden formarse tras los aviones cuando el vapor de agua de los motores se condensa alrededor de las partículas presentes en los gases de escape. En determinadas condiciones atmosféricas, estas estelas pueden persistir y contribuir al calentamiento de la atmósfera.
La iniciativa está coordinada por un consorcio británico integrado por Google, el Departamento de Transporte del Reino Unido, el Met Office, Nats, Contrails.org, el Imperial College London y la Universidad de Cambridge. El programa tendrá una duración de 30 meses y un presupuesto total de 5 millones de libras, de los cuales 2,65 millones serán aportados por el Departamento de Transporte británico.
La IA busca las "zonas calientes" de las estelas
La tecnología es uno de los elementos centrales del experimento. Google utilizará su propia inteligencia artificial para identificar las zonas de la atmósfera donde las condiciones son más favorables para la formación de estelas persistentes y sugerir posibles cambios de ruta.
La idea es sencilla: no se trata de modificar radicalmente el trayecto, sino de evitar las zonas de la atmósfera más propicias para este fenómeno. Un pequeño desvío podría impedir así la formación de una estela especialmente persistente y con un elevado efecto de calentamiento.
Según Google, las estelas de condensación representan aproximadamente un tercio del impacto climático total de la aviación. Sin embargo, no todos los vuelos generan estelas con el mismo efecto. El fenómeno depende de las condiciones atmosféricas, la altitud y la presencia de humedad.
La prueba en el cielo entre Europa y Norteamérica
El banco de pruebas será el espacio aéreo de Shanwick, situado en la parte oriental del corredor del Atlántico Norte, una de las principales autopistas aéreas entre Europa y Norteamérica y una de las zonas donde las estelas de condensación pueden tener un impacto climático significativo.
El experimento contempla dos campañas operativas de unos cuatro meses cada una. Durante las horas en las que se realicen las pruebas, miles de aviones seguirán utilizando el corredor con normalidad, aunque algunos vuelos podrían recibir instrucciones para desviarse ligeramente de su ruta original.
Google calcula que unos 10.000 vuelos al año, procedentes de cientos de ciudades, cruzarán el espacio aéreo de Shanwick durante las horas de prueba. Solo una pequeña parte de ellos, aquellos que atraviesen zonas con condiciones especialmente favorables para la formación de estelas persistentes, se verá afectada por los desvíos.
Una gran prueba sobre el tráfico aéreo
El reto será comprobar si esta estrategia puede funcionar sin generar un nuevo problema medioambiental. Desviar un avión implica, de hecho, añadir algunos kilómetros a la ruta y, potencialmente, consumir más combustible. Por ello, Blue Skies quiere medir el balance global: cuánto calentamiento puede evitarse frente a las emisiones adicionales generadas por los desvíos.
Google participa en el proyecto sin costes directos, aportando una contribución en especie valorada en unos 1,4 millones de libras. La compañía proporcionará su experiencia en investigación sobre inteligencia artificial, trabajos de diseño e infraestructuras de computación de alto rendimiento para apoyar el desarrollo de la investigación climática.