Dario Amodei, de Anthropic, alerta de que la IA podría acabar con la humanidad, mientras Jensen Huang, de Nvidia, lo considera un sinsentido, los protagonistas del debate tecnológico más duro del mundo
El encendido debate sobre la inteligencia artificial se ha consolidado en bandos enfrentados, con un sector intermedio más prudente atrapado entre ambos.
Este es un repaso a las líneas de batalla en la pugna por una tecnología que hoy es la columna vertebral de la economía y que podría determinar el futuro del planeta.
Ambos términos surgieron en los debates sobre IA en X y en foros de internet, más que en usos formales, tomando prestada la jerga de las comunidades tecnológicas y de criptomonedas que acuñan abreviaturas para referirse a bandos opuestos.
El término 'doomer' describe a quienes auguran una catástrofe, mientras que 'booster', a veces usado como sinónimo de 'accelerationist', se refiere a los que impulsan un desarrollo rápido y sin frenos de la IA.
Los 'doomers'
El miedo a las posibles consecuencias peligrosas de la tecnología para la sociedad se remonta muy atrás en la historia.
OpenAI se fundó en parte porque sus impulsores, incluido su primer inversor, Elon Musk, temían que el desarrollo de la IA acabara en manos de Google, una compañía en la que consideraban que no se podía confiar esta tecnología.
Hoy, la mayoría de quienes alertan sobre el impacto de la inteligencia artificial proceden de las propias empresas del sector, del mundo académico o de ambos.
Dentro de la industria, el mejor representante es Dario Amodei, que cofundó Anthropic, hoy uno de los grandes gigantes de la IA camino de una salida a bolsa histórica.
Abandonó OpenAI porque consideraba que la empresa dirigida por Sam Altman no se tomaba lo bastante en serio el potencial y los peligros de esta tecnología.
Su postura es criticada como hipócrita, al venir de una compañía que también lanza al mercado tecnología puntera.
El exinvestigador de Google Geoffrey Hinton y el también científico informático Yoshua Bengio encabezaron las advertencias sobre las amenazas de la IA en los meses posteriores al lanzamiento de ChatGPT en 2022, que desató la última fiebre por la inteligencia artificial.
El físico del MIT Max Tegmark, que dirige el Future of Life Institute, organizó en 2023 la carta abierta que pedía una pausa de seis meses en el desarrollo de los sistemas de IA más avanzados, una iniciativa que recabó miles de firmas, incluida la de Musk.
Más alejado de la industria está Eliezer Yudkowsky, un teórico autodidacta que lleva dos décadas defendiendo que una inteligencia artificial suficientemente poderosa acabaría con la humanidad.
Construir, construir, construir
En el extremo opuesto de los 'doomers' están los aceleracionistas, que creen en el avance de la tecnología, en su inevitabilidad y en su beneficio de fondo para la sociedad, y que también hacen fortuna con su éxito.
Esta filosofía está muy extendida en Silicon Valley, pero la encarnan sobre todo figuras del capital riesgo con una influencia considerable en la Casa Blanca, como Marc Andreessen, influyente responsable de la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz, y David Sacks, antiguo responsable de IA en la Casa Blanca.
Alineados en lo personal y en lo ideológico con el empresario tecnológico Peter Thiel, este grupo se opone de raíz a la regulación y libra sus batallas entre bambalinas y en X contra lo que califica de "secta apocalíptica" bien financiada.
Acusan a los 'doomers' de servir de coartada a empresas que buscan utilizar la regulación para aplastar a sus rivales.
Garry Tan, que dirige la incubadora de empresas emergentes Y Combinator, es una de las voces más estridentes, y presenta la regulación basada en la seguridad como una amenaza para las pequeñas compañías, que no pueden asumir sus costes.
Andreessen y sus aliados financian generosamente comités de acción política que donan a legisladores republicanos y demócratas partidarios del impulso de la IA, mientras que Anthropic encabeza ahora un esfuerzo para igualar ese gasto con su propia recaudación de fondos.
En el mismo sector partidario de acelerar se encuentra Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, cuyos chips son los ladrillos y el cemento de la revolución de la IA, alojados en enormes centros de datos que empiezan a encontrar oposición en todo Estados Unidos.
Huang despacha las advertencias de una posible extinción causada por la IA como "puras tonterías", aunque se ha desmarcado de algunos aceleracionistas al pedir un marco federal unificado para la IA y una revisión por pares dirigida por la propia industria, en lugar de abogar por la ausencia total de regulación.
También conviene mencionar a Yann LeCun, que compartió el premio Turing con Hinton y Bengio y lleva años restando importancia a sus advertencias sobre peligros existenciales, que considera exageradas.
Avanzar con cautela
Muchas grandes empresas tecnológicas tratan de avanzar con cautela, en una postura más propia de grandes corporaciones que no quieren quedar atrapadas en el lado equivocado de una disputa política.
Cuando se creó en 2015, OpenAI se estructuró de manera que fueran los investigadores, y no los inversores, quienes tuvieran la última palabra sobre cómo se desplegaba la tecnología, con la seguridad de la humanidad como filosofía central.
Pero bajo la dirección de Altman, que sobrevivió en 2023 a un intento de destitución interno liderado por colegas centrados en la seguridad, la empresa mantiene ahora una posición más ambivalente, habla de los peligros de la IA mientras sigue pisando el acelerador y se aproxima a una Casa Blanca que apenas pone límites.
Google, Microsoft y Amazon tienen una larga experiencia en hablar de seguridad tecnológica mientras maniobran con éxito en Washington para mantener la regulación en un nivel mínimo.
Con la IA, siguen caminando sobre esa delgada línea.