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Estos nuevos inhaladores pretenden reducir el coste ambiental oculto de la sanidad

El enfermero Filipe Orfao ajusta una mascarilla de oxígeno a un paciente en la unidad de enfermedades respiratorias del Hospital de Santa Maria, el principal de Lisboa
El enfermero Filipe Orfao ajusta una mascarilla de oxígeno a un paciente en la unidad de enfermedades respiratorias del Hospital de Santa Maria, el principal de Lisboa Derechos de autor  Armando Franca / AP
Derechos de autor Armando Franca / AP
Por Marta Iraola Iribarren
Publicado Ultima actualización
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Los médicos y las farmacéuticas exploran cómo ejecutar un mayor número de diagnósticos precoces para proteger a los pacientes, pero también para reducir la huella de carbono de los hospitales a medida que el cambio climático agrava las enfermedades respiratorias.

Para millones de personas, el cambio climático ya está afectando a su respiración, sea con crisis de asma provocadas por la contaminación hasta daños pulmonares por el humo de los incendios. El clima extremo y la mala calidad del aire están impulsando un aumento de las enfermedades respiratorias, principalmente por el empeoramiento de la contaminación, el calor, los incendios forestales y temporadas de polen más largas.

Más del 90% de la población mundial respira un aire con niveles de partículas por encima de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Los expertos señalan que una parte importante de las enfermedades respiratorias está ligada a factores ambientales. El aumento de los incendios forestales y de la contaminación está alterando el aire que se respira, elevando el riesgo de exacerbaciones, la progresión de la enfermedad y, en algunos casos, su aparición.

Therese Laperre, responsable del departamento de respiratorio del Hospital Universitario de Amberes, advierte de que el cambio climático multiplica los desencadenantes de las crisis de asma y de las enfermedades respiratorias crónicas, así como los patrones de las infecciones respiratorias. "Sabemos que los cambios en las partículas en suspensión tienen impacto días después en las visitas a los servicios de urgencias de pacientes con asma y enfermedad pulmonar crónica", dice Laperre.

Un estudio de la Agencia Europea de Medio Ambiente estima que más de un tercio de todas las muertes por enfermedad respiratoria crónica en Europa están ligadas a factores ambientales como la contaminación del aire, las temperaturas extremas, el humo de los incendios y el polen alergénico.

Un círculo vicioso

En todo el mundo, se estima que entre 400 y 500 millones de adultos viven con EPOC y que más de 250 millones de personas tienen asma. La respuesta de las instituciones sanitarias a esta carga tiene su propio coste climático.

La organización internacional sin ánimo de lucro Health Care Without Harm estima que los servicios de salud generan alrededor del 5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, si todos esos servicios formasen un país, estarían entre los principales contaminadores del planeta. Sin medidas, se proyecta que las emisiones de la atención sanitaria alcancen seis gigatoneladas al año en 2050, lo que equivale a poner más de 1.000 millones de coches en la carretera.

Los hospitales, y en particular las unidades de cuidados intensivos (UCI), son responsables de una gran parte de este impacto. Están entre las partes más contaminantes del sistema por paciente, porque emplean mucha energía, equipamiento y grandes volúmenes de materiales de un solo uso. Los especialistas señalan que el control precoz de las enfermedades crónicas no solo beneficia a los pacientes, también es esencial para reducir la huella climática de la sanidad.

El diagnóstico más temprano es una medida climática además de clínica, afirma Philippe Tieghem, de la asociación respiratoria francesa Sante Respiratoire. "Si detectamos antes, controlamos antes: es bueno para los pacientes, es bueno para el carbono, también es bueno en términos económicos”, dijo.

Los inhaladores, el ejemplo perfecto

Un producto que encarna este dilema es el inhalador, utilizado principalmente para tratar enfermedades pulmonares de larga duración como la EPOC y el asma. Los dispositivos más habituales son los inhaladores presurizados de dosis medida (pMDI), pequeños aerosoles que utilizan gas para impulsar el medicamento directamente a los pulmones.

Los propulsores, el gas que expulsa el medicamento del cartucho, en estos inhaladores suelen ser hidrofluorocarbonos (HFC), gases fluorados de efecto invernadero con un alto potencial de calentamiento global. Estimaciones recientes sugieren que los inhaladores presurizados emiten en Europa entre cuatro y cinco millones de toneladas de CO₂ equivalente al año y, a escala global, entre 16 y 17 millones de toneladas, alrededor del 0,03 por ciento del total de emisiones de gases de efecto invernadero.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido estima que estos inhaladores representan alrededor del 3% de su propia huella de carbono. Aunque siguen siendo una parte pequeña de las emisiones globales, las cifras son lo bastante grandes como para que los servicios de salud y los fabricantes trabajen en los inhaladores como prioridad de descarbonización, rediseñando los dispositivos tradicionales para usar gases más ecológicos.

Hasta ahora solo uno de estos productos de nueva generación ha llegado a los pacientes, el inhalador reformulado para EPOC de AstraZeneca, autorizado para su uso en Reino Unido y la Unión Europea. Contiene las mismas tres sustancias activas y se utiliza del mismo modo que su antecesor, pero se ha cambiado el propulsor, del antiguo HFA‑134a a un nuevo gas llamado HFO‑1234ze(E).

El cambio reduce aproximadamente en un 99,9% el impacto de calentamiento del inhalador respecto al gas anterior, una reducción del potencial de calentamiento global del orden de mil veces.

Los nuevos inhaladores de AstraZeneca se están produciendo en la planta de la empresa en Dunkerque, Francia
Los nuevos inhaladores de AstraZeneca se están produciendo en la planta de la empresa en Dunkerque, Francia AstraZeneca

Nuevos esfuerzos para reducir el impacto ambiental

La farmacéutica británica-sueca también se ha comprometido a recortar sus emisiones en un 98% para 2026 y empezar por los inhaladores, abordando las emisiones de alcance 3 vinculadas a los proveedores y al uso del producto.

“Tenemos una misión, trabajar en la prevención con detección, diagnóstico y tratamiento tempranos, para lograr que nuestros medicamentos mantengan a los pacientes controlados en la comunidad y liberar capacidad hospitalaria, que suele ser mucho más costosa y más crítica, especialmente en situaciones agudas”, explica a 'Euronews' Health Pablo Panella, vicepresidente sénior de enfermedades respiratorias.

Otras grandes farmacéuticas también han prometido reducir sus emisiones y recortar su huella ambiental. Pfizer se ha comprometido con un plan climático corporativo para alcanzar las cero emisiones netas en 2040; Johnson & Johnson tiene el mismo objetivo para 2045. Un mejor control de la enfermedad crónica se traduce en menos ingresos de urgencia y menor necesidad de atención intensiva en recursos.

Esto es lo que la farmacéutica denomina un 'paciente verde', alguien con la enfermedad suficientemente controlada como para evitar exacerbaciones repetidas, estancias hospitalarias e intervenciones con alta huella de carbono. Para la industria, la tecnología es solo una parte de la ecuación, la otra es si la regulación hace más fácil o más difícil llevar opciones bajas en carbono a los pacientes.

El último pilar, añade Panella, es una regulación que apoye la innovación, especialmente la dirigida a la huella ambiental. “La regulación debe ser acogedora y facilitadora. A veces, cuanto más complejas y engorrosas se hacen las normas, más puede significar que, aun desarrollando la tecnología, se tarde mucho en llegar de verdad a los pacientes”, cree el empresario. Sobre una regulación con conciencia climática, este afirma que la cuestión no es si va en esa dirección, sino cómo diseñarla para que la industria cuente con un ecosistema acogedor que permita seguir invirtiendo y aportando innovación.

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