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¿Qué pasa con los óvulos y embriones congelados cuando ya no se necesitan?

Mientras aumentan los tratamientos de fertilidad, la legislación desigual en Europa deja en el limbo a miles de óvulos y embriones.
Mientras aumentan los tratamientos de fertilidad, la legislación desigual en Europa deja en el limbo a miles de óvulos y embriones. Derechos de autor  Cleared/Canva
Derechos de autor Cleared/Canva
Por Marta Iraola Iribarren
Publicado Ultima actualización
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A medida que aumentan los tratamientos de fertilidad, la disparidad de leyes en Europa deja miles de óvulos y embriones en un limbo jurídico.

Las mujeres nacen con todos los óvulos que tendrán a lo largo de su vida. Desde la primera menstruación, esas reservas empiezan a disminuir, lo hacen con mayor rapidez a partir de los 35 años y alcanzan niveles críticamente bajos en torno a los 40.

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En paralelo, en Europa se tienen hijos más tarde que nunca. La edad media de maternidad se sitúa ahora en 30,9 años y la tasa de fecundidad ha caído a un mínimo histórico de 1,46 hijos por mujer, en un contexto de encarecimiento de la vida e inestabilidad laboral.

Ante esta situación, cada vez más personas recurren a tratamientos de fertilidad como la fecundación in vitro (FIV) y la congelación de óvulos y embriones, con la esperanza de preservar los óvulos en su momento de mayor calidad para utilizarlos más adelante, una práctica conocida como "preservación social" o 'social freezing'.

El mercado mundial de la congelación de óvulos y el almacenamiento de embriones movió en 2024 unos 5.410 millones de dólares (4.550 millones de euros) y se prevé que alcance en torno a 25.630 millones de dólares (22.100 millones de euros) en 2034.

La preservación de óvulos por motivos sociales suele estar sujeta a normas distintas de las de la congelación con fines médicos, dirigida a mujeres con enfermedades que amenazan su fertilidad, como el cáncer o la endometriosis.

"Tenemos que pensar en la congelación de óvulos como en una póliza de seguro que se contrata", explicó Saghar Kasiri, directora de servicios de fertilidad de Cryos, el mayor banco de óvulos y esperma del mundo, a 'Euronews Health'.

"La preservación social de óvulos se parece casi a un seguro, guardas algunos óvulos y confías en encontrar a la pareja adecuada o estar en un momento vital en el que puedas quedarte embarazada de forma natural. Si no lo logras, tendrás un recurso al que recurrir", añadió.

Pero este proceso plantea también nuevos retos, qué ocurre cuando las mujeres ya no quieren esos óvulos o embriones.

Que las pacientes acaben teniendo hijos de forma natural, sufran una enfermedad, cambios de pareja o de carrera profesional, o simplemente cambien de opinión, hace que mujeres que congelaron óvulos para un periodo concreto ya no los quieran conservar.

Lo mismo ocurre con los embriones congelados. En un ciclo medio de FIV en una mujer menor de 35 años se generan entre seis y 10 embriones, de los que normalmente se transfiere uno y el resto se congela.

Desde el punto de vista médico, con las técnicas actuales de vitrificación, una congelación ultrarrápida en nitrógeno líquido a -196ºC, los embriones congelados pueden mantenerse viables de forma indefinida, ya que se evita la formación de cristales de hielo que los dañen. La sangre, el plasma y otros tejidos se desechan si no se utilizan bajo condiciones sanitarias muy estrictas. Los embriones y los óvulos, en cambio, suelen suscitar un fuerte apego emocional y dilemas morales.

Los embriones se mueven en una zona gris de la regulación y en una aún más difusa en lo que respecta a la recopilación de datos. No existe una cifra exacta de óvulos o embriones "abandonados", ni datos agregados sobre descartes o donaciones.

Normativas desiguales en Europa

La postura de los países europeos varía enormemente. El Reino Unido no impone límites al número de embriones que se pueden crear o transferir y permite conservarlos congelados hasta 55 años. Si los pacientes no quieren utilizarlos, se admite su donación, su uso en investigación o su destrucción.

En Polonia, la Ley de Tratamiento de la Infertilidad de 2015 prohíbe su destrucción. Tras 20 años, la donación a otras parejas es obligatoria. En Italia, los embriones no utilizados deben permanecer congelados indefinidamente. El país no permite su donación para investigación ni su destrucción. Maria Rosaria Campitiello, responsable del Departamento de Prevención del Ministerio de Sanidad italiano, calculó que en 2025 había más de 10.000 embriones abandonados.

En el extremo opuesto, Suecia obliga a destruir los embriones una vez superado el límite de almacenamiento de 10 años. El reciente reglamento europeo sobre sustancias de origen humano (SoHO), que pretende establecer normas de calidad y seguridad para estas sustancias, excluye explícitamente a los embriones de su ámbito de aplicación.

Incluso con opciones, sigue siendo complicado

Incluso en los países donde la donación y la destrucción son legales, el proceso sigue siendo complejo. La Asociación Española de Fertilidad estimó en 2023 que 60.005 de los 668.082 embriones existentes en el país estaban "abandonados".

En España, las clínicas deben solicitar periódicamente a las pacientes que renueven o modifiquen sus decisiones iniciales. Si después de dos intentos no obtienen respuesta, los embriones pasan a serresponsabilidad de la clínica, que puede donarlos, destinarlos a investigación o destruirlos.

El país se ha convertido en el principal destino europeo para la congelación de óvulos, sin restricciones de edad ni límites definidos de tiempo de almacenamiento. Con muchas pacientes procedentes del extranjero, localizarlas y mantener los registros al día puede resultar complicado.

Pero la burocracia no es el único obstáculo. "Los embriones congelados, sobre todo cuando tanto el óvulo como el esperma son de los propios pacientes, suelen acabar siendo descartados. Si han recurrido a un donante, especialmente en el caso de una doble donación, están más dispuestos a donarlos a otra familia", añadió Kasiri.

Explicó que, al tratarse de su propio material genético, las pacientes suelen mostrarse reticentes a donarlo a otras personas.

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