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Crisis del queroseno: ¿Cómo viajar a España si el precio de los vuelos se dispara?

Un avión sobrevuela el espacio aéreo de España
Un avión sobrevuela el espacio aéreo de España Derechos de autor  AP Photo
Derechos de autor AP Photo
Por Cristian Caraballo
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La tensión en el estrecho de Ormuz está encareciendo el combustible aéreo y ha puesto en un brete a los viajes en avión. Ahora surge un nuevo debate: cómo puede viajar a España sin avión. Analizamos y ponemos nota a todas las opciones que hay.

El precio del queroseno no deja de subir. La tensión en el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 40% del combustible que mueven los aviones comerciales en todo el mundo, ha disparado la factura energética de las aerolíneas y ha vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que muchos viajeros creían olvidada: ¿se puede llegar a España sin coger un avión? La respuesta corta es sí. La respuesta larga es que depende mucho de dónde venga, cuánto tiempo tenga y cuánto le importe el trayecto en sí mismo.

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Iberia aguanta, pero el sector tiembla

El presidente de Iberia, Marco Sansavini, salió este martes con un mensaje de calma. La aerolínea mantendrá su programación de vuelos este verano, no aplicará recargos adicionales por la subida del combustible y no tocará ninguna de las inversiones previstas en su plan estratégico hasta 2030. "No es por casualidad", dijo Sansavini en el Madrid Leaders Forum: es el resultado de años de transformación financiera que le permiten absorber el golpe mejor que otras compañías.

El golpe, de todas formas, es considerable. La factura total de combustible del grupo IAG, al que pertenece Iberia, pasará de 7.000 a 9.000 millones de euros en 2026. Y el presidente de la aerolínea fue claro sobre el horizonte: "Aunque la guerra terminara hoy, el efecto sobre el precio de los carburantes será a medio o largo plazo". Las instalaciones de producción tardan en recuperarse, los contratos de suministro no se rehacen de un día para otro, y el mercado del queroseno no funciona como el de la gasolina en una gasolinera.

Lo que Iberia puede garantizar hoy, otras compañías, especialmente las de bajo coste, con márgenes mucho más estrechos, no lo tienen tan claro. Ahí es donde empieza el problema real para los viajeros que, en este caso, quieran viajar a España desde sus respectivos países.

El tren, la asignatura pendiente de España

Para los turistas europeos, la alternativa más lógica al avión sería el tren. Es la que menos emite, la que más comodidades ofrece en trayecto y la que mejor funciona en el corazón del continente. El problema es que España sigue siendo una 'isla ferroviaria'.

La conexión de la red de alta velocidad española con el resto de Europa tiene un talón de Aquiles estructural: el cambio de ancho de vía. La red española históricamente usa un ancho diferente al europeo estándar, lo que obligó durante décadas a transbordos en la frontera o a trenes con ejes adaptables. Aunque las conexiones con Francia han mejorado en los últimos años, el Ouigo internacional entre Madrid y Lyon, o los servicios de Renfe y SNCF entre Barcelona y París, la oferta sigue siendo limitada comparada con la que existe, por ejemplo, entre París y Ámsterdam o entre Bruselas y Londres.

Desde el Reino Unido, la conexión ferroviaria directa con España simplemente no existe. Llegar en tren a Madrid desde Alemania, los Países Bajos o los países escandinavos, implica horas de viaje que difícilmente compiten con un vuelo de dos horas y ese desequilibrio no va a resolverse a corto plazo.

El ferry: lento, pero existe

Para viajeros del norte de Europa con tiempo y ganas de una experiencia diferente, el ferry es una opción real. Las rutas entre Portsmouth o Plymouth y Santander o Bilbao llevan décadas funcionando y ofrecen travesías de entre 24 y 35 horas. No es para quien tiene prisa, pero sí para quien viaja con coche, con familia o simplemente quiere cruzar el Atlántico sin pisarlo.

Brittany Ferries opera estas rutas y tiene plazas. No es barato, especialmente si se incluye camarote y vehículo, pero en un contexto de vuelos más caros, la diferencia de precio se reduce. Y tiene una ventaja nada desdeñable: llegas con tu propio coche.

Desde el norte de África, los ferries entre Marruecos y la Península, Tánger-Algeciras, Tánger-Tarifa, son una ruta consolidada, especialmente durante el verano para los viajeros que hacen el trayecto por tierra desde países subsaharianos o que viven en el norte de Europa y prefieren bordear el Mediterráneo.

También puede coger un crucero desde cualquier parte de Europa que haga escala en alguna parte de España, pero debe tener en cuenta que luego hay que volver al barco.

El autobús: la opción más barata

Los operadores de autobús de larga distancia, Flixbus a la cabeza, conectan España con buena parte de Europa occidental a precios que, en muchos casos, quedan por debajo de los 50 euros. París-Barcelona, Ámsterdam-Madrid, Milán-Valencia. Los trayectos son largos, entre 12 y 20 horas según el origen, pero el precio tan barato es difícilmente batible.

Es la opción que más ha crecido en los últimos años entre viajeros jóvenes y de bajo presupuesto, y que en un escenario de vuelos más caros podría absorber parte de la demanda que las aerolíneas dejen de captar.

El coche eléctrico: posible, con planificación

Para quien vive en el sur de Francia o cerca de la frontera española, el coche eléctrico es ya una alternativa completamente viable. Para quien viene desde más lejos, la infraestructura de carga en los corredores principales de Europa ha mejorado lo suficiente como para que un viaje desde Alemania o Bélgica sea factible, aunque requiere planificación de paradas.

El problema no es tanto la tecnología como la densidad de cargadores rápidos en determinados tramos, especialmente en el interior de la Península, donde las distancias entre puntos de carga todavía pueden generar ansiedad en rutas menos transitadas. En cualquier caso siempre puede llegar en otros tipos de coche, pero tenga en cuenta el coste de la gasolina o el diesel.

Por qué España es especialmente vulnerable

Todo lo anterior apunta a un hecho estructural que la crisis del queroseno vuelve a poner en evidencia y es que España depende del avión más que casi ningún otro país europeo. No solo para recibir turismo extranjero, que representa una parte fundamental de su economía, sino también para conectarse internamente y con el exterior.

Las islas Canarias y Baleares no tienen alternativa real al avión para millones de viajeros. Y aunque España puede refinar y garantizar suministro de combustible para sus propias aerolíneas, eso no resuelve el problema de los turistas que llegan en compañías extranjeras con sus propias dificultades de abastecimiento.

Si Ryanair, EasyJet o Lufthansa tienen que reducir frecuencias o subir precios por encima de cierto umbral, España nota el impacto directamente en sus cifras de visitantes. Sin un sistema ferroviario verdaderamente integrado con Europa, y con alternativas terrestres que todavía no compiten en tiempo con el avión, cualquier crisis en la aviación comercial tiene en España un eco más largo y más costoso que en la mayoría de sus vecinos.

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