Los manifestantes, que portaban banderas arcoíris, tocaban música y hacían sonar tambores, recorrieron las calles bajo el lema "Exigir cambios: igualdad, justicia, esperanza". El acto estuvo estrechamente vigilado por las fuerzas de seguridad debido al historial de tensiones y episodios de violencia del desfile en una ciudad de profundo significado religioso para judíos, musulmanes y cristianos.
Los participantes señalaron que la marcha reivindicaba la visibilidad y la aceptación en uno de los centros urbanos más conservadores del país. El líder de la oposición, Yair Lapid, asistió y expresó su apoyo a los derechos del colectivo LGBTQ+, y describió el movimiento como parte de una lucha más amplia por la libertad y la democracia.
Los organizadores señalaron que el desfile pretende promover la igualdad y la inclusión social en un momento de persistentes divisiones políticas y sociales en Israel. La marcha del Orgullo de Jerusalén sigue siendo uno de los actos de mayor carga simbólica para la comunidad LGBTQ+ del país, pese a la oposición continuada de algunos grupos religiosos.