La ceremonia se celebró cerca de la plaza principal de Nabatieh, donde aún eran visibles edificios dañados y montones de escombros tras los combates. Mientras la mayoría de los participantes conmemoró Ashoura con procesiones y oraciones de luto, una pequeña minoría realizó el tatbir, un polémico ritual que implica provocarse heridas con cuchillas. La práctica se observa en algunas comunidades chiíes, pero es rechazada por muchas otras, entre ellas Hezbolá.
Horas antes ese mismo día se registraron bombardeos israelíes en la cercana Nabatieh al Fawqa, lo que subraya el tenso telón de fondo de seguridad de la conmemoración.
Los dolientes recorrieron en procesión barrios marcados por los recientes ataques aéreos israelíes, portando banderas religiosas y participando en rituales tradicionales en honor del imán Huséin, nieto del profeta Mahoma, que murió en la batalla de Karbala en el año 680. El acto fue tanto una conmemoración sagrada como un testimonio de la resiliencia de las comunidades del sur del Líbano.
Ashoura, que tiene lugar el décimo día de Muharram, el primer mes del calendario lunar islámico, se conmemora cada año por millones de musulmanes chiíes en todo Oriente Medio y en el resto del mundo.