Los campamentos cerca de Durban están llenos de miles de migrantes malauíes que esperan con sus pertenencias mientras se preparan los autobuses para los largos viajes de regreso a casa. Las familias hacen cola, incluidos los menores, mientras los funcionarios revisan la documentación y los voluntarios reparten comida y agua.
Estos campamentos se han levantado en medio de una creciente tensión por un plazo oficioso dado a los migrantes en situación irregular para abandonar Sudáfrica.
Las autoridades afirman que más de 15.000 malauíes han sido registrados para su repatriación, muchos sin documentación válida o con el pasaporte caducado. Las condiciones se describen como difíciles, con grandes aglomeraciones, áreas llenas de basura y un acceso limitado a los servicios.
Las medidas de seguridad se han reforzado tras los recientes ataques contra ciudadanos extranjeros, mientras varios gobiernos de la región organizan retornos voluntarios.