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Cruzar el Mediterráneo, una travesía traicionera y mortífera

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Cruzar el Mediterráneo, una travesía traicionera y mortífera

Cruzar el Mediterráneo, una travesía traicionera y mortífera
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Los jóvenes tunecinos constituyen el mayor número de inmigrantes que cruzan el Mar Mediterráneo.

De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones, más de 6.000 han llegado a las playas italianas en lo que va de año.

Nuestra corresponsal, Anelise Borges, se desplazó hasta Zarzis, cerca de la frontera libia con Túnez para averiguar por qué los jóvenes tunecinos siguen arriesgándolo todo por la posibilidad de un futuro mejor lejos de su país.

Durante años, esta ha sido la rutina de Chamseddine Marzouk. Al menos tres veces a la semana viene a cuidar de aquellos cuyas vidas se convirtieron en tragedia. "Aquí hemos enterrado a unas 400 personas, incluyendo hombres, mujeres y niños" afirma.

El cementerio de los desconocidos es el lugar de descanso definitivo para aquellos que se ahogaron en su intento de cruzar el Mar Mediterráneo para llegar a Europa.

Sus cuerpos fueron arrastrados hasta la playa a unos pocos kilómetros de la localidad de Zarzis, en el sur de Túnez.

Chamseddine dice que ayuda a enterrarlos y que se ocupa de las tumbas, quiere darle una dignidad en la muerte a esas personas que probablemente no pudieran alcanzarla en vida. "Cada uno de estos cuerpos tiene una historia y un deseo. Un sueño por una vida mejor" dice.

Sus propios hijos la desearon también. Dos de ellos se embarcaron hace poco en un par de botes endebles con destino a Europa.

"Mis hijos se marcharon sin decírmelo" declara Chamseddine que no duda en echarle la culpa a Europa. "Intenté sacarles un visado para Alemania y Francia pero se lo denegaron. Y ahora mis hijos se han ido".

Los hijos de Chamseddine no han sido los únicos en marcharse. Los lugareños dicen que unas 600 personas han partido desde Zarzis durante el verano.

En la costa, los armazones de las embarcaciones abandonadas no disuaden a aquellos que no ven otra opción que la de marcharse.

Aquellos que eligen cruzar estas aguas a menudo saben a lo que se arriesgan.

Escuchan historias, ven los cuerpos que ha devuelto el Mar Mediterráneo.

Pero muchos de ellos prefieren arriesgarse a morir que continuar viviendo sin esperanza.

Para el joven Adel Elghoul, un obrero de la construcción "la vida es cada vez más difícil en Túnez. La mayoría de los jovenes están perdidos y quieren marcharse. Creen que morirán de todas maneras, ya sea en Túnez o en el mar".

Adel habla de catástrofe. Pero no para describir el día que perdió a un grupo de amigos que se ahogaron en el Mediterráneo cuando se hundió la embarcación en la que viajaban. Sino más bien para explicar el contexto socio-económio para los jóvenes tunecinos menores de 36 años, un 60 por ciento de la población. El 36 % está sin trabajo, y con un 8% de inflación, soñar es difícil incluso para aquellos que, como Adel, tienen un empleo.

Soñar es algo que hace reír a Adel. "En Túnez no puedes soñar. Nuestro sueño es tener una casa, que es algo a lo que deberíamos tener derecho.

Formar una familia, casarnos, tener hijos y una casa. Nuestros sueños aquí en Túnez son muy básicos. Y estos sueños nos hacen reir".

Han pasado casi ocho años desde que la Primavera Árable derrocara el régimen de Zinedinne ben Ali, trayendo promesas de libertad y prosperidad.

Unas promesas que Túnez todavía lucha por cumplir.

Hasta que eso ocurra, los tunecinos van a continuar intentando cruzar el Mediterráneo. Una travesía traicionera que ya se ha cobrado casi 2.000 vidas en lo que va de año.

Chamseddine dice que sabe que llegarán más cuerpos. Y él estará esperando.