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Varios municipios en Francia encienden el debate sobre el polémico uso de los pesticidas

Varios municipios en Francia encienden el debate sobre el polémico uso de los pesticidas
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¿Deberíamos tener miedo de los pesticidas? El debate se ha encendido en muchas ciudades y pueblos de Francia. ¿Qué tienen que decir todos los afectados por las políticas de los pesticidas?

La rebelión consistorial contra los pesticidas

Una mañana de octubre en Rennes, capital de Bretaña (Francia). Una pequeña multitud acude a apoyar a Daniel Cueff, alcalde de un pueblo de la región, que había sido citado por el tribunal administrativo. Motivo: su decisión de prohibir la aplicación de plaguicidas a menos de 150 metros de sus casas. Una medida que para la Prefectura (autoridad estatal local) no es competencia del alcalde, sino del Estado.

_"La República debe proteger totalmente a los residentes de los pesticidas sintéticos"_destaca Daniel Cueff. Es el alcalde Langouët, municipio afectado por el uso de los pesticidaes cerca de las viviendas. Los pesticidas son productos cuyos efectos potenciales sobre la salud son una preocupación creciente para los ciudadanos franceses. "Es tremendamente grave la forma en que la gente está siendo envenenada hoy en día", apunta Daniel Cueff. "El Estado tiene que aplicar el principio de precaución que está en la Constitución", añade el acalde.

Siguiendo la estela de Daniel Cueff, muchos alcaldes franceses han publicado órdenes similares, incluso si eso significa también tener que ir a la Justicia. Sin embargo, los jueces han anulado la orden de Cueff.

Los agricultures buscan su supervivencia

Los agricultores que habían invertido, al mismo tiempo, en el pequeño pueblo bretón no se creían lo que había determinado la Jusitica. Es difícil encontrar puntos en común entre los residentes preocupados por su salud y los agricultores preocupados por su supervivencia económica. Para cumplir con un requisito europeo, el gobierno francés planea introducir una distancia obligatoria de 5 a 10 metros entre las áreas de tratamiento y las viviendas.

Algo insuficiente para los vecinos, y demasiado para el principal sindicato agrícola. Según Cedric Henry, presidente de la FDSEA: "En muchos municipios de Francia, hace tiempo, se permitía la construcción de casas en todas partes. Si en en cualqueir momento nos alejáramos, significaría que todas esas granjas de todas esas poblaciones se verían afectadas. ¿Y qué haríamos en estas áreas? Al ser improductivas, ¿cómo las aprovechamos?

Los pesticidas son una "bomba de relojería" para los apicultores

Cedric lo tiene difícil para convencer a su audiencia. Erwan es apicultor en Langouet. En los últimos años, como muchos de sus compañeros, ha perdido muchas de sus colonias de abejas: más del 60 % el año pasado. Es el efecto, dice, de los pesticidas.

Erwan Bourdon señala: "Sabemos que también hay volatilidad en los productos porque es importante saber que en una pulverización sólo entre el 2 y el 20 por ciento del producto es absorbido por la planta. Todo lo demás se lo lleva el viento o el agua subterránea. Se filtra al suelo y se vierte en el agua subterránea, por lo que el impacto puede ser mucho mayor que unos pocos metros alrededor del campo"

Los ganaderos están preocupados por perder negocio

A pocos cientos de metros de las colmenas de Erwan, Guillaume cría unas sesenta vacas lecheras. Algunos de los cereales utilizados para alimentarlos son tratados con productos fitosanitarios. Para él y muchos de sus colegas, no tratar las cosechas sería sinónimo de bancarrota: "Si hay personas que nos dicen que ahora somos envenenadores, que vengan y nos den la solución si la tienen"

Los vecinos están en alerta por el aumento de problemas de salud

Nos reunimos con el alcalde de Langouet que reconoce: "Los agricultores viven mal con su trabajo, son económicamente débiles. No son vendedores de pesticidas. Nosotros estamos en contra del lobby químico". A la angustia de los campesinos, se contrapone la preocupación de los habitantes. "Hay un verdadero problema de salud pública, incluso diría que es un problema de libertad pública. La gente no puede aceptar respirar sin importar el producto que respira", subraya Daniel Cueff Alcalde de Langouët.

Hélène se ocupa de alimentar a los pollos en el gallinero. "Los residuos de la cantina son aprovechados por los pollos", indica Hélène que además dirige una biblioteca pública. Es una de las residentes de Langouët que se han sometido a un análisis de orina para detectar la presencia de glifosato, un herbicida reconocido como potencialmente cancerígeno por la OMS."Nosotros, que somos cuidadosos, que cultivamos la tierra de forma natural, que no utilizamos detergentes ni productos para el hogar, a pesar de todo, nuestras índices son altos. Los índices de los niños son los más altos...y nos seguimos preguntándo por qué", se cuestiona Hélène.

El debate va más allá de las fronteras del pueblo de Langouet. Mathieu cultiva cereales a pocos kilómetros de distancia. Le preocupa que puedan establecerse una mayor distancia entre sus campos y las casas cercanas. "Hay una casa arriba. Hay casas abajo. Si no podemos intervenir para desbrozar cultivos, como éste, afectará al rendimiento" señala Mathieu que también asegura que las prácticas agrícolas no requieren de nuevas medidas de seguridad. "No vamos a hacer el tratamiento cuando hay viento porque este se puede disipar. Son productos que cuestan dinero, no vamos a esparcirlos así como así"

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Pero por mucha prevención que hay, muchos agricultores sufren de cánceres que han sido reconocidos como enfermedades laborales. Y cada vez más residentes atribuyen sus problemas de salud a las emisiones de pesticidas. Me dirijo al pueblo de Larchamp, a unos cincuenta kilómetros de Langouet, donde me reuno con Catherine Fargeas, una de las afectadas por los problemas de salud que generan los pesticidas."Ahí tenemos el campo que se está tratando, unas dos hectáreas, y luego mi casa, justo abajo. Esto hace que mi patio se convierta en un estanque que ha ido acumulando debido a la lluvia el tratamiento y los purines, cada año, durante 9 años", recuerda Fargeas. Su vida cambió cuando los prados que rodeaban su casa fueron reemplazados por cultivos de maíz.

Hace tres años, Catherine desarrolló varios tumores no cancerosos y muchos trastornos alérgicos y hormonales.Su hija menor ha estado sufriendo una grave enfermedad articular durante los últimos 5 años. No quiere hablar más de ello. Todavía no tiene pruebas, pero ella y el médico que la atiende están seguros; los pesticidas son la causa de sus dolencias.

Catherine presentó una queja contra el agricultor que cultiva los campos y contra las empresas encargadas de la fumigación. También acusa a las autoridades de no hacer nada, excepto aconsejarle para que se mude. Y protesta contra la propuesta del gobierno de establecer una distancia mínima de cinco o diez metros entre las casas y las zonas de fumigación de los productos fitosanitarios_."No puedo aceptar que la gente, aunque sea el gobierno, diga que una fumigación, a 5 metros, es segura! La aplicación se realiza a 9 metros de nuestra casa y estamos contaminados. Y han estado fastidiándonos toda la vida",_ se queja Catherine que termina diciendo que ya no quiere estar más ahí: _"Lo más importante es salir de aquí, tratar de mejorar nuestra salud, a sabiendas de que aquí sólo puede empeorar." _

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