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Miles de personas perdieron la vida en el Mediterráneo intentando llegar a Europa

Miles de personas perdieron la vida en el Mediterráneo intentando llegar a Europa
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Los guardacostas italianos salvan vidas en las aguas del Mediterráneo.

Un año más, el Mare Nostrum fue un lugar peligroso para aquellos que huían de conflictos armados, régimenes autoritarios o simplemente buscaban una vida mejor.

En 2019 más de 1.200 han perdido la vida o permanecen desaparecidas cuando intentaban cruzar el mar.

Detrás de estos dramáticos números está la esperanza, ya que las muertes han descendido a la mitad desde el año pasado.

Las llegadas también han disminuido por tercer año consecutivo pero los números siguen siendo muy altos y los países del Mediterráneo están teniendo dificultades para manejar esta crisis humanitaria. Una crisis política también para la Unión Europea, incapaz de encontrar un plan eficaz para hacerle frente.

Los campos de refugiados, como el de Moria, en la isla griega de Lesvos, están desbordados. Aquí 15.000 solicitantes de asilo han vivido durante meses en unas instalaciones construidas para 2.800 personas.

Moria es una de las principales entradas a la Unión Europea para los inmigrantes desde Turquía, que a menudo son transportados por contrabandistas y traficantes de personas. Desde que se cerrase la ruta de los Balcanes, este campo de refugiados, el más grande de Europa, se ha convertido en el destino final de miles de personas desesperadas.

El incendio en el que a finales de septiembre murieron una mujer y un niño, demostró que la capacidad del campo ha sido llevada hasta el límite. El gobierno griego ha comenzado a reubicar a estas personas en el continente con el objetivo de cerrar el campo, pero mientras que algunos se van, otros llegan casi a diario.

Al igual que los otros países europeos, Grecia ha pedido solidaridad al resto de los miembros de la Unión Europea que reubique y ayude con el constante flujo de inmigrantes. Pero algunos países de la Unión se niegan a compartir la carga.

ONGs como Open Arms y SOS Mediterranée se encontraron en medio de esta batalla política.

La confrontación entre la activista alemana de 31 años, Carola Rackete, y el entonces el Ministro del Interior italiano, Mateo Salvini, se convirtió en el símbolo de este enfrentamiento.

Rackete, capitana del Sea Watch 3, rescató a 53 inmigrantes del Mediterráneo en la costa de Libia pero Salvini se negó a permitir que el barco atracara en Lampedusa hasta que otras naciones europeas accedieran a acoger a los inmigrantes.

Después de dos semanas con los inmigrantes a bordo, Rackete decició atracar afirmando que los pasajeros estaban agotados. Fue detenida inmediatamente acusada de forzar la entrada en el puerto poniendo en peligro a una patrullera italiana y poner en riesgo a sus ocupantes.

Rackete fue puesta en libertad después de que un tribunal italiano declarase que no había infringido ninguna ley y que había actuado para proteger la seguridad de los pasajeros. Un fallo que puso mucha presión sobre la U.E.

Algunos países aceptaron acoger a los inmigrantes que habían llegado en las embarcaciones de la ONG, especialmente después de la salida de Salvini del gobierno.

Países como Hungría, Polonia y la República Checa rechazan cualquier tipo de cuotas. La nueva Comisión Europea propondrá en febrero un nuevo acuerdo de inmigración y asilo pero aún se desconocen los detalles.

En 2019 otra tragedia nos recordó que el Mediterráneo no es la única entrada de inmigrantes en Europa cuando 39 vietnamitas murieron en un camión frigorífico en el Reino Unido.

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