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¿Es realmente un mito que en Suecia hacen vida normal a pesar de la pandemia del coronavirus?

¿Es realmente un mito que en Suecia hacen vida normal a pesar de la pandemia del coronavirus?
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"Es un mito que la vida sigue siendo normal en Suecia", dijo el viernes la ministra de Asuntos Exteriores del país, Ann Linde, defendiendo la respuesta del Gobierno sueco a la pandemia del coronavirus.

Suecia ha sido criticada porque sus medidas para detener la propagación del coronavirus son menos estrictas que las de muchos otros países de Europa.

Ha prohibido reuniones masivas, cerrado escuelas secundarias y universidades y le ha dicho a los ancianos que se auto-aíslen. Pero los restaurantes, bares, escuelas primarias y la mayoría de los negocios siguen abiertos, lo que pone en duda la afirmación de Linde.

La periodista Mie Olsen fue a Malmö, la tercera ciudad más habitada de Suecia, para comprobarlo por sí misma el sábado.

A primera vista, Malmö ofrece pruebas para apoyar la afirmación de Linde. Hay poca gente caminando por las calles cerca de la plaza principal, Stortorget. Los bares han cancelado los eventos en vivo y hay avisos públicos para agradecer a la gente por respetar la distancia.

Sin embargo, la concurrida Lilla Torg - una pequeña plaza junto a Stortorget - bulle con ambiente de fin de semana. Jóvenes y mayores beben bajo calentadores al aire libre y las familias pasean por la acera. El acogedor café de la esquina, Folk & Rock, tiene unos 20 clientes en su interior un sábado por la tarde.

Karolina Ingoldsson es una camarera del café. Me dice que hay menos clientes debido al miedo al COVID-19. Pero tan pronto como sale el sol, dice, todo el mundo va a tomar una copa y se sienta muy cerca. La gente no se lo toma demasiado en serio aquí, añade.

Ella lo denomina un sábado tranquilo en comparación con los estándares normales y lo justifica con el hecho de que Estocolmo está peor que Malmö en cuanto a las muertes por COVID-19.

Afuera entabló conversación con Robert Lind, habitante de Malmö, quien insiste en que la vida no está siendo normal.

La gente es más cuidadosa, evita las multitudes, se queda más en casa y mantiene las distancias, me dice. En su edificio, una tienda de ropa y un cirujano plástico han tenido que cerrar ya que los clientes han disminuido en las últimas semanas.

Después de nuestra entrevista, Robert se apresura discretamente a lavarse las manos en una fuente pública cercana.

Fuera del centro histórico de la ciudad, hay una ausencia sospechosa de viandantes. Algunos bares y cafeterías, con problemas económicos incluso antes del COVID-19, ahora han tenido que cerrar.

Sin embargo, en el popular restaurante Mello Yello casi todas las mesas están ocupadas por grupos ruidosos y alegres. Los que beben cerveza ofrecen consejos no oficiales sobre los beneficios de seguir socializando. Para ellos, el aislamiento sólo consigue retrasar lo inevitable, en lugar de actuar como un remedio fiable para el virus.

El personal del bar dice que se trata de un día lento y que normalmente el local estaría más lleno. En estos días, añaden, el bar tiene visitas semanales de las autoridades de Salud Pública que controlan la separación requerida de 1,5 metros entre las mesas.

Los suecos en Malmö creen que el coronavirus ha perturbado la vida pública pero que no debería impedirles relajarse en las calles mientras toman algo.

Suecia ha registrado más de 1.500 muertes por COVID-19, en el momento de escribir este artículo. Más de un tercio han ocurrido en la última semana.

A pesar del reciente pico, el epidemiólogo del Gobierno sueco Anders Tegnell se ha mantenido firme en la estrategia de lograr la 'inmunidad del rebaño', es decir conseguir la inmunidad como sociedad por el mayor número de personas que superan la enfermedad que en un primer momento también defendió el Gobierno de Reino Unido, ahora en estricto confinamiento.