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Lyon-París-Madrid: un extraño viaje entre estaciones y aeropuertos "fantasmas"

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Interior del tren de alta velocidad (TGV) de la línea Lyon-París
Interior del tren de alta velocidad (TGV) de la línea Lyon-París   -   Derechos de autor  Euronews
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Este es el viaje de nuestro reportero Ricardo Borges de Carvalho entre dos países en estado de alarma: Francia y España. Un recorrido extraño, con estaciones desiertas y grandes espacios vacíos, que nos narra en primera persona.

Esta es la principal estación de tren de Lyon, la tercera ciudad más poblada de Francia. Normalmente tiene mucho ajetreo, pero en estos días parece una solitaria estación provincial. Si quiere viajar en tren deberá llevar una máscarilla, una incomodidad que, en cierto modo, se compensa por el hecho de no tener que esperar muchos minutos en colas interminables antes de entrar en el vehículo. Apenas un puñado de personas se dirigen hoy a París. La sensación de vacío aumenta al pasear por los vagones, con muchas filas de asientos sin ocupar.

La línea entre Lyon y París es una de las principales de Francia. He hecho este viaje decenas de veces y nunca había visto el tren tan vacío y es que el Gobierno francés ha decretado que los trenes de la compañía estatal, la SNCF, sólo pueden circular con el tercio de su aforo hasta el 2 de junio. El bar está cerrado, pero los pasajeros pueden llevar una botella de agua. Todos respetan la regla de llevar puesta una mascarilla.

Durante la fase de desconfinamiento, el gobierno francés ha limitado el movimiento de las personas a un radio de 100 kilómetros, salvo por razones de fuerza mayor, pero nadie ha comprobado si estaba justificado este viaje de 500 kilómetros.

Una vez en París, he tomado un tren de cercanías para llegar al aeropuerto. En ninguna parte, he encontrado puntos de distribución de gel desinfectante para las manos, pero sí había mascarillas, en máquinas expendedoras, a 5 euros la unidad.

Ir al aeropuerto Charles de Gaulle es casi como querer llegar a tierra de nadie. En este tren de cercanías con capacidad para cientos de pasajeros, sólo salimos tres personas de la estación.

El aeropuerto Charles de Gaulle es uno de los de mayor tráfico de Europa, pero los vuelos previstos para esta tarde en la terminal en que me encuentro se pueden contar con los dedos de una mano. Los pasajeros pueden comprar comida o bebida en un quiosco que permanece abierto, pero las tiendas y las cafeterías están cerradas a cal y canto.

Al subir al avión, uno se topa con un escenario aún peor que en el tren de alta velocidad: hay menos de 30 pasajeros a bordo en un aparato con capacidad para transportar a 180. Números que ayudan a entender la magnitud de la crisis que atraviesa el sector. Durante el vuelo, hay que rellenar un formulario con los datos personales que se debe entregar a la llegada a Madrid. Antes de recoger el equipaje, 20 minutos de espera en la única larga cola que he encontrado en los distintos medios de transporte con los que he recorrido casi dos mil kilómetros.

Después de que me tomaran la temperatura y entregara el cuestionario con mis datos personales y contactos en Madrid, nos explicaron que estamos oficialmente en cuarentena durante dos semanas. Me dieron una hoja dice que tenemos que medirnos la temperatura corporal por la mañana y por la noche y a dónde tenemos que llamar si sentimos algún síntoma relacionado con la Covid-19.