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¿Es igual de protectora una mascarilla que una bufanda? Lo puedes comprobar con una cerilla

Las Ramblas de Barcelona, España, el jueves 9 de julio de 2020.
Las Ramblas de Barcelona, España, el jueves 9 de julio de 2020.   -   Derechos de autor  Emilio Morenatti/Copyright 2020 The Associated Press. All rights reserved
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Si después de meses de escuchar y leer sobre el nuevo coronavirus, sigues confundido sobre el uso de la mascarilla y su propósito, no estás solo.

Las recomendaciones de los diferentes Gobiernos han cambiado drásticamente desde el comienzo de la pandemia del COVID-19, con las autoridades sanitarias recomendando inicialmente que sólo las personas enfermas y sus cuidadores usaran mascarillas, en parte para prevenir la escasez en las instalaciones médicas.

Esa orientación ha cambiado considerablemente desde entonces, y muchos países recomiendan ahora que las personas lleven mascarillas en público, tengan o no síntomas de enfermedad, a fin de prevenir la propagación de partículas virales en espacios concurridos o compartidos.

Las mascarillas no pueden impedir que sus portadores respiren partículas diminutas del virus -para ese nivel de protección, tendrían que llevar mascarillas FFP2, que suelen utilizar los trabajadores de la salud- pero, si se usan correctamente, sin duda pueden impedir que sus portadores tosan, estornuden o arrojen sus gérmenes a su entorno.

"Si quieres evitar contraer el coronavirus, lo mejor que puedes hacer es mantenerte alejado de los lugares concurridos y lavarte mucho las manos, por lo que las mascarillas son sólo un añadido", explica a Euronews el doctor Simon Kolstoe, profesor de atención sanitaria en la Universidad de Portsmouth, Reino Unido.

"Pero cuantas más personas las usen, menos probable es que propaguemos el coronavirus en las superficies y eso supondrá una pequeña -pero creo que muy importante- diferencia para prevenir la propagación de la enfermedad".

Aún así, la capacidad de barrera varía enormemente dependiendo de la naturaleza del material de la cobertura para la cara.

Usando una cajetilla de cerillas, Kolstoe hizo una demostración en el programa Good Morning Europe de Euronews de por qué una simple bufanda o pañuelo puede no ser lo suficientemente seguro.

La técnica de Kolstoe para comprobar la capacidad protectora de un material consiste en testarlo intentando apagar una cerilla. El doctor primero prueba con una bufanda y apaga la cerilla rápidamente de un soplido. Luego lo intenta con una mascarilla quirúrgica y no lo consigue.

El uso de mascarillas se está imponiendo en las sociedades europeas y, según una encuesta encargada por Euronews en Alemania, Italia, Francia y España, la mayor parte de la población está de acuerdo con que así sea.

La encuesta, llevada a cabo por Redfield y Wilton Strategies, descubrió que la mayoría de los encuestados creen que las máscaras son efectivas para combatir la propagación de COVID-19 y que siempre las usan en los supermercados o en el transporte público.

Sin embargo, esas cifras disminuyen considerablemente cuando se trata de reunirse con un amigo fuera o de ir a dar un paseo por el parque.

Kolstoe sospecha que el uso de las mascarillas seguirá aumentando hasta que se consiga una vacuna contra el COVID-19 y medicamentos eficaces para tratar la enfermedad, y que este nuevo hábito podría incluso convertirse en un legado de la pandemia a mucho más largo plazo.

"Es muy posible que al avanzar, por ejemplo, cuando se tiene un resfriado y se tiene que salir, sea más aceptable que la gente use mascarillas", dijo.

"Así que creo que es algo que vamos a ver quedándose probablemente por mucho tiempo".