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Lurigancho, una prisión peruana en guerra contra la covid-19

Un recluso muestra un traje de protección creado en el taller de la cárcel
Un recluso muestra un traje de protección creado en el taller de la cárcel Derechos de autor Martín Mejía/Copyright 2020 The Associated Press. Todos los derechos reservados
Derechos de autor Martín Mejía/Copyright 2020 The Associated Press. Todos los derechos reservados
Por Carmen Menéndez
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Lurigancho, una prisión peruana en guerra contra la covid-19. Los propios presos forman brigadas sanitarias y un taller se ha transformado en hospital. Esta misma cárcel fue escenario en abril de un sangriento motín debido a la pandemia

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La prisión de Lurigancho, la mayor de Perú, está literalmente en guerra. No solo los funcionarios, sino también los presos están armados, pero no con pistolas ni cuchillos, sino con termómetros y oxímetros para luchar contra un enemigo común: el coronavirus.

"Lurigancho contra el covid", gritan los presos enrolados en las britadas anticovid, vestidos con trajes de protección y termómetros en las manos. 

"Cada persona que entra hay que desinfectarla -explica Jo´se Garcés, uno de los reclusos-. Hay que colocar correctamente las mascarillas y hay que estar (alerta) prácticamente todo el día porque este es un virus que estamos combatiendo acá y a nivel mundial".

Las brigadas de presos son la primera línea del frente de combate contra el virus.

"La idea es hacer un anillo de contención epidemiológico dentro del sistema penitenciario. Con eso evitar que miles de internos salgan a los hospitales", explica Rafael Castillo Alfaro. vicepresidente del consejo nacional penitenciario.

Sangriento motín en abril

Esta cárcel, situada en Lima, es una de las más pobladas de toda Latinoamérica. En ella se hacinan más de 9300 presos en un espacio previsto para 2500. En abril, la irrupción de la pandemia desencadenó un motín que acabó con nueve muertos y decenas de heridos.

Cuatro meses después, la violencia se ha tornado en concienciación y los presos se han convertido en guardianes y garantes de la salud de sus compañeros.

Además de las brigadas, encargadas de alertar si detectan algún caso sospechoso, se ha creado un improvisado centro de salud y una zona de aislamiento en un taller, convertido en hospital con setenta camas. Aquí se aíslan los casos leves y también se trata de mantener a salvo a la población más vulnerable.

"Tenemos las áreas de aislamiento para pacientes vulnerables, adultos mayores, diabéticos, hipertensos... para cuidar a esa población ante el peligro de rebrote, de reinfección. Esa es la idea", explica el médico Jorge Cuzquen. 

En la cárcel de Lurigancho, la covid-19 ha dejado 33 muertos y 2500 infectados, la mayoría asintomáticos. Al principio, todo fue muy caótico. La enfermería trataba hasta 300 pacientes diarios con fiebre y dificultades respiratorias. Las medidas tomadas han permitido mejorar notablemente la atmófera en el penal. Para algunos reclusos, la pandemia sirve incluso de inspiración para marcarse un rap de la cárcel.

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