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La pandemia menos devastadora: ¿por qué la esperanza de vida se recuperará más rápido tras la COVID?

Una anciana, usando una mascarilla para prevenir la propagación del coronavirus, da un paseo en el parque del Retiro en Madrid, España, el lunes 1 de junio de 2020.
Una anciana, usando una mascarilla para prevenir la propagación del coronavirus, da un paseo en el parque del Retiro en Madrid, España, el lunes 1 de junio de 2020.   -   Derechos de autor  AP Photo/Bernat Armangue
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En el siglo XIV la peste negra acabó con hasta cinco de cada diez personas en Europa. Hace unos cien años, la conocida como gripe española dejó más de 50 millones de fallecidos. En 2020, casi ocho meses después de la irrupción del coronavirus, el mundo llega al millón de fallecidos.

Un récord difícil de digerir que se suma a otros que ha ido dejando la pandemia y nos llevan directamente a España.

Por primera vez en 35 años, la esperanza de vida en el país, que ha estado creciendo de forma ininterrumpida, no solo se ha paralizado, sino que ha caído. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) se reduce en casi un año. 10 meses entre las mujeres (85,44) y 11 meses entre los hombres (80,01).

Hablamos de una sobremortalidad en algunas regiones del 40%, en comparación con la cifra de fallecidos que se registrarían en un año normal, tal y como ilustra Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos.

Aún así, aunque los números son fríos, al comparar el impacto que ha tenido sobre este índice, otras pandemias han sido más devastadoras.

Pandemias más devastadoras

Según cuenta Esteve, la gripe española de 1918 se cebaba con la gente joven, con lo cual, tenía una incidencia mayor y llevó a restar muchos años de esperanza de vida.

Con síntomas como tos, fiebre alta y dificultad para respirar, esta pandemia llegó a arrasar continentes acabando con la vida de más de 50 millones de personas. Tan solo en España murieron alrededor de 200.000 habitantes. Una cifra que representa el 1% de la población, según recuerdan los registros oficiales de la época. Aunque los datos reales podrían ser mucho peores.

La gran diferencia era que esta gripe afectaba particularmente a jóvenes y adolescentes. El grupo de edad más vulnerable estaba entre los 25 y los 34 años. “Sin embargo, la COVID-19 tiene un patrón de mortalidad concentrado en edades más avanzadas, algo que dejará menos huella en este índice”, señala.

La demógrafa y socióloga María Sánchez-Domínguez coincide con el experto: “Tanto la gripe española como la peste negra afectaron más a la tasa de mortalidad”. Si observamos la evolución de ésta última, tan solo en Europa destruyó alrededor de un tercio y la mitad de la población.

“Durante un período de cinco años llegaron a morir 25 millones de personas. De esta forma, la esperanza de vida -que ya era muy baja- descendió muchísimo”, añade.

“Avanzar muertes ya programadas”

Para Esteve lo que ha hecho el coronavirus es avanzar fallecimientos que ya estaban programados, porque corresponden a grupos de riesgo o personas vulnerables.

“Lógicamente, a efectos de esperanza de vida, no es lo mismo que mueran personas más jóvenes, que personas más mayores”, señala el director del Centro de Estudios Demográficos.

Esta es una de las razones por las que el índice se podría recuperar de forma más rápida. “Si los científicos desarrollasen la vacuna frente a la COVID-19, la mortalidad en los dos próximos años sería mejor de la que se hubiese registrado sin el virus”, añade. España experimentaría un “efecto rebote”.

Aunque sobre la mesa aún quedan muchas preguntas para las que los demógrafos todavía no tienen respuesta. “En teoría la esperanza de vida se recuperará más rápido frente a otras pandemias, pero todavía no tenemos claros los efectos secundarios que produce el virus”, apunta Sánchez-Domínguez.

Si deja secuelas y afecta en el futuro la salud de las personas que han contraído el virus, esto podría marcar la esperanza de vida a largo plazo.

Efecto colateral en la natalidad

Más allá del efecto del coronavirus, otro factor que entra en juego para medir la esperanza de vida es el número de nacimientos. España lleva arrastrando años con una baja natalidad, algo que ha conseguido situarlo como uno de los países europeos donde nacen menos niños.

La crisis de 2008 ya golpeó con fuerza el número de nacimientos y se prevé que el impacto de esta crisis sanitaria no favorezca los números. “En cierto modo el coronavirus ha acentuado una tendencia que ya se estaba dando. El paro juvenil ahora es muy alto y las familias que estaban planeando tener hijos han pospuesto la decisión. Dada la situación del país es imposible”, sostiene Sánchez-Domínguez.

Para Esteve la situación también juega un papel muy importante ya que invita a tener todavía menos hijos. “El endeudamiento será un lastre en el crecimiento económico del país y arrastrará una ya debilitada fecundidad”. Y, paradójicamente, en unos años la mortalidad podría ser el fenómeno en el que se note menos el impacto del coronavirus, en comparación con otros como la natalidad o las migraciones.