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Oxígeno, un bien escaso y muy caro en México debido a la COVID-19

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Por Carmen Menéndez
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Gente esperando para comprar oxígeno en Ciudad de México
Gente esperando para comprar oxígeno en Ciudad de México   -   Derechos de autor  AP Photo
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En Ciudad de México, el oxígeno se ha convertido en un bien escaso y muy caro, pero de primerísima necesidad para los enfermos de coronavirus. La gente espera durante horas en largas colas para rellenas bombonas de oxígeno para sus familiares afectados de COVID-19. Con el avance del virus, la demanda se ha disparado y con ella, los precios.

"Hace quince días costaba 70 pesos la recarga y ahorita está en 150", se lamenta Blanca, mientras espera para conseguir oxígeno para su hermano enfermo.

Venden oxígeno industrial a precios prohibitivos en el mercado negro

La desesperación lleva a muchos a acudir al mercado negro, donde los precios son prohibitivos y algunos tratan de vender oxígeno de tipo industrial. Este oxígeno suele utilizarse en los sopletes de acetileno y es menos puro que el de uso médico. Las autoridades tratan de luchar contra el fenómeno.

"En los lugares que están autorizados encuentras un precio, pero la fila es tan larga que a veces tienes que esperar horas, aún pagando. Entonces la emergencia te hace tomar decisiones de ir a lugares particulares, en donde se duplica o triplica ese precio", cuenta Jorge, pariente de un paciente de COVID-19.

En la capital mexicana los hospitales están desbordados, con al menos el 87 % de las camas ocupadas. La demanda de oxígeno de los centros médicos es muy elevada y a ella se suma la de todos los enfermos que, por voluntad propia o necesidad, tratan de recuperarse en casa.

"En Iztapalapa las condiciones médicas no son las del primer mundo y eso implica que la gente esté sufriendo para conseguir tanques de oxígeno y el oxígeno como tal. Las empresas que se dedican a esto, en este momento están saturadas", explica Carlos Morales, director de salud de Iztapalapa.

Juan José Ledesma es una de las víctimas de esta situación. Cuando enfermó de COVID-19 a mediados de diciembre, no encontró plaza en ningún hospital, por lo que tuvo que quedarse en casa y llamar a un médico privado. Su hijo sale cada día tres o cuatro veces para tratar de llenar su tanque de oxígeno.

Juan José se lamenta con amargura, al borde de las lágrimas: "Que no se lucren con la necesidad de las personas, porque son vidas".