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Cara y cruz de la pandemia en Estados Unidos

Por Isidro Murga con AFP
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Nueva York celebró con fuegos artificiales el fin de las restricciones
Nueva York celebró con fuegos artificiales el fin de las restricciones   -   Derechos de autor  AFPTV
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Paradojas de la pandemia. El mismo día en que Estados Unidos superaba la barrera de los 600 000 fallecimientos por COVID-19, buena parte del país celebraba el fin de la mayoría de las restricciones que la han acompañado durante más de un año. Ocurrió en Nueva York, cuya noche se iluminó con fuegos artificiales, pero en todas partes hay signos de la vuelta a una casi normalidad.

En California, el primero estado estadounidense que decretó el confinamiento para combatir la pandemia, hacía mucho tiempo que no se veían pasear a gente sin mascarilla. Estas restricciones y otras se han levantado en la mayor parte del territorio, aunque aún hay quien se muestra reticente a abandonar gestos y medidas sanitarias que han marcado su día a día durante largos meses...

"Me pongo la mascarilla para todo. No me creo lo que dicen. Todavía no creo en la vacuna, pero definitivamente creo en llevar la mascarilla. Póntela", afirmaba una visitante mientras paseaba "sin mascarilla" por Hollywood Boulevard.

"Es totalmente confuso. Todo el mundo debería llevarla o no llevarla, pero depende de los negocios individuales y de los propietarios de las empresas decidir si la llevamos o no", lamentaba un residente de Los Ángeles.

"Sigo llevándola, aunque estoy vacunada. No sé, tal vez es porque estoy tan acostumbrada a quedarme en casa, a las normas... Creo que poco a poco me acostumbraré a salir más y a vivir de nuevo la vida normalmente", afirmaba otra vecina de la ciudad.

En la meca del cine, son muchos los que se resisten a creer que esta película de terror ha terminado para ellos o está muy cerca de hacerlo. En sus retinas quedarán grabadas para siempre imágenes dantescas de los más duro de la pandemia, cuando un trasiego continuo de ambulancias llevaba enfermos a los hospitales y las morgues no daban abasto, siendo necesario conservar los cadáveres en camiones frigoríficos. Hasta este 16 de junio, la COVID-19 ha infectado a casi 33,5 millones de estadounidenses y ha segado algo más de 600 000 vidas.