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La presión migratoria como arma política contra la UE: Turquía, Marruecos y ahora, Bielorrusia

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Por Pablo Ramiro & Euronews
Los migrantes se calientan junto a una hoguera mientras se reúnen en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, cerca de Grodno, Bielorrusia, el sábado 13 de noviembre de 2021
Los migrantes se calientan junto a una hoguera mientras se reúnen en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, cerca de Grodno, Bielorrusia, el sábado 13 de noviembre de 2021   -   Derechos de autor  Leonid Shcheglov/BelTA

“Ataque híbrido” es como ha llamado la Unión Europea a la presión migratoria que Bielorrusia utiliza en la frontera con Polonia. El término describe una forma de ataque usando cualquier tipo de elemento -y no la violencia directa- para desestabilizar o debilitar a un rival. En este caso miles de personas (cerca de 4000 según el Gobierno polaco) están siendo utilizadas como un arma política, dejándolas en la estacada entre la frontera con Polonia y un muro vigilado por soldados bielorrusos. Los refugiados reportan que el Gobierno bielorruso ha fletado aviones para dejarles varados allí.

Hablé con el ministro de Asuntos Exteriores de Bielorrusia Makei para plantear la precaria situación humanitaria en la frontera con la UE. Se debe proteger la vida de las personas y permitir el acceso de las agencias humanitarias.

La situación actual es inaceptable y debe detenerse. Las personas no deben usarse como armas. Publicó en Twitter el jefe de la Diplomacia europea Josep Borrell.

La Unión Europea criticó al presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, por “poner deliberadamente en peligro la vida y el bienestar de las personas, y agitar la crisis en las fronteras exteriores de la UE” y este lunes, el Consejo Europeo anunciaba más sanciones contra Bielorrusia. Sin embargo, no es la primera vez que esto sucede. Aunque, en otras ocasiones, no se usó el término “ataque híbrido”, ni se impusieron sanciones.

El delicado caso de Marruecos

Cuando el presidente del Frente Polisario, Brahim Galhi, fue tratado en España de Covid-19, Marruecos optó por una acción similar a la que ocurre ahora entre Polonia y Bielorrusia. Cerca de 8.000 personas cruzaron nadando a España por Ceuta en solo 48 horas y ante la ausencia total de policía marroquí. Entonces, la Unión Europea criticó el “chantaje” de Marruecos y aseguró que ningún país puede chantajear a la UE, pero no anunció sanciones al vecino africano.

Leer | Ceuta, puerta europea de la migración: el arma de Marruecos con la vista en el Sáhara Occidental

No era la primera vez que Marruecos amenazaba con abrir el grifo migratorio. En 2018 varios expertos advertían de la utilización de la migración, por parte del reino alauita, como herramienta negociadora en temas como las ayudas migratorias o la pesca. Bruselas anunció aquel año que concedía a Marruecos y Túnez 55 millones de euros para "mejorar la gestión de las fronteras marítimas, salvar vidas en el mar y luchar contra los contrabandistas que operan en la región".

El diario español El País publicaba en abril de 2021 que, según un documento reservado de la UE, Marruecos exigía más dinero a la Unión a cambio de una mayor gestión de flujos migratorios por parte del vecino norteafricano. El reino alauita quiere ponerse al nivel de Libia y Turquía dentro del tablero migratorio, según relata el rotativo español.

Turquía y la guerra en Siria

El 18 de marzo se cumplían cinco años del acuerdo migratorio entre la UE y Turquía. Un pacto criticado por organizaciones como Amnistía Internacional, que considera que ha derivado en políticas fallidas que “han conducido a que decenas de miles de personas se hayan visto obligadas a permanecer en las islas griegas en condiciones inhumanas y han puesto en peligro a las personas refugiadas obligándolas a quedarse en Turquía”.

Con este acuerdo la Unión Europea desembolsó 3.000 millones de euros a Ankara para “proyectos concretos”. Pero la cosa no quedó ahí, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, amenazó repetidamente a la UE con “abrir las fronteras”, así respondía Ankara a la negativa del Parlamento Europeo de dejar que Turquía entrase a formar parte de la Unión Europea. “Cuando 50.000 inmigrantes llegaron a la ciudad fronteriza de Kapikule, empezasteis a lamentaros diciendo: ¿Qué haremos si Turquía abre las puertas de la frontera? Si vais más allá debéis saber que se abrirán las puertas de la frontera”, amenazaba entonces el líder turco.

Amnistía Internacional asegura que “este acuerdo ha sido un borrón en el historial de derechos humanos de la UE y ha puesto de manifiesto su voluntad de llegar a acuerdos para limitar la migración basados en meras razones de conveniencia política y sin apenas tener en cuenta el inevitable coste humano”.

La llamada guardia costera Libia

El 30 de enero de 2021 se cumple un año de la renovación del acuerdo migratorio entre Italia y Libia. Un pacto que criticaron de forma unánime las oenegés, pero también el Comité para los Derechos Humanos del Consejo de Europa. A cambio de que los llamados guardacostas libios intercepten embarcaciones de inmigrantes y las devuelva al país norteafricano, Italia y la UE les dan apoyo se logístico y económico.

La Unión Europea ha respaldado durante al menos tres años ese acuerdo, formando a la llamada guardia costera libia en puertos como Cádiz, en España. Una formación que no ha evitado que se vivan situaciones violentas en el mar Mediterráneo como el pasado 1 de julio, cuando los guada costas dispararon contra una embarcación de personas que trataban de llegar a un puerto europeo.

Las malas condiciones a las que se enfrentan los migrantes en centros de detención libios hacen que, en alta mar, las embarcaciones traten de escapar de los guardacostas. Las oenegés que trabajan en el Mediterráneo se enfrentan con situaciones de pánicoen medio de un rescate cuando las personas rescatadas piensan que volverán a llevarles a suelo libio, lo que hace que muchas vece salten al agua.