16 personas han perdido la vida en los incendios forestales que afectan al sur de Chile desde el sábado. Las regiones de Ñuble y Biobío concentran la tragedia, con más de 9.000 hectáreas consumidas y 30.000 evacuados. El gobierno declaró Estado de Catástrofe.
Los incendios comenzaron el sábado y no han dado tregua. El ministro de Seguridad Pública, Luis Cordero, confirmó las 16 víctimas mortales encontradas en las zonas donde el fuego avanzó sin freno. Durante la madrugada del domingo se activaron cerca de 88 alertas del Sistema de Alerta de Emergencia para advertir a los vecinos del peligro inminente.
La comuna de Penco, situada a unos 500 kilómetros al sur de Santiago, se ha convertido en uno de los epicentros del desastre. Allí, según Esteban Krause, director regional de la Corporación Nacional Forestal, se quemaron preliminarmente unas 5.000 hectáreas. En la región de Ñuble, nueve incendios diferentes han arrasado más de 4.000 hectáreas adicionales.
El gobernador de Biobío, Sergio Giacaman, no dudó en comparar la magnitud de lo ocurrido: "Es una catástrofe tan grave como la vivida en 2010 con el terremoto", dijo en referencia a una de las mayores tragedias que ha golpeado al país sudamericano.
Viento Puelche y altas temperaturas complican la extinción
Las condiciones meteorológicas jugaron en contra desde el primer momento. El llamado "viento Puelche", un fenómeno característico de la zona que trae aire seco y caliente desde la cordillera de los Andes, ha empeorado la situación al elevar las temperaturas y reducir la humedad. Alicia Cebrián, directora del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, admitió que "son condiciones bien adversas las que hemos enfrentado".
El presidente Gabriel Boric reaccionó con rapidez. Este domingo declaró Estado de Catástrofe en las zonas afectadas y anunció que viajará al lugar para evaluar personalmente la situación. Además, suspendió su agenda del lunes para concentrarse en la emergencia. El ministro del Interior, Álvaro Elizalde, explicó que el objetivo es "reforzar las medidas que, hasta el momento, se han adoptado".
Incluso el presidente electo, José Antonio Kast, que asumirá en marzo, hizo un llamado a la unidad: "En este momento crítico de la emergencia no hay espacio para la política. Hoy el foco debe ser combatir los incendios, ir en auxilio de las personas afectadas y apoyar a las autoridades".
Un problema recurrente que se agrava
Chile siempre ha conocido los incendios forestales por su geografía, su vegetación y su clima. Pero lo que antes era manejable se ha convertido en una amenaza creciente. Desde 2010, la frecuencia y la intensidad de los fuegos han aumentado de forma notable. La crisis climática, la megasequía que lleva más de una década y la expansión de la "interfaz urbano-rural", zonas donde conviven vegetación combustible y construcciones, han convertido cada verano en una temporada de alto riesgo.
Los incendios de 2017 marcaron un antes y un después al consumir casi 600.000 hectáreas en las regiones de O'Higgins, Maule y Biobío. Ese año obligó a cambiar la escala con la que se medían estos siniestros. Sin embargo, la peor tragedia relacionada con el fuego ocurrió en febrero de 2024 en Valparaíso, cuando las llamas se cobraron la vida de 136 personas. Lo que está ocurriendo ahora en Ñuble y Biobío vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de Chile frente a estos fenómenos.