La decisión del Consejo de la UE de prohibir etiquetas cárnicas en productos vegetales se anunció el mismo día en que dio luz verde a un ambicioso objetivo climático.
La UE recibe llamamientos para acelerar la transición hacia un sistema alimentario más sostenible y evitar "debates simbólicos sobre denominaciones", tras la controvertida prohibición de utilizar nombres cárnicos en productos de origen vegetal.
El jueves, 5 de marzo, el Consejo y el Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo provisional destinado a dar a los agricultores una "posición de negociación más sólida" en la cadena de suministro alimentario.
Además de convertir los contratos por escrito entre agricultores y compradores en un requisito general, la modificación de la organización común de mercado de los productos agrarios (OCM) refuerza también la protección de las denominaciones cárnicas.
La eurodiputada francesa Céline Imart, que ha liderado la ofensiva contra las etiquetas para productos vegetales, calificó el acuerdo de "éxito innegable para nuestros agricultores".
"Al consagrar el uso de los términos filete e hígado para los productos de nuestros ganaderos y comprometernos a ampliar la lista en las próximas negociaciones, el Parlamento ha dado un paso decisivo hacia adelante", añadió. Imart sostuvo que esta ofensiva ayudará a preservar el patrimonio agrícola y gastronómico, pero no abordó las preocupaciones relacionadas con el medio ambiente.
Qué implica la ofensiva de la UE contra las etiquetas cárnicas
La UE acordó impedir que los alimentos vegetarianos y veganos utilicen las siguientes denominaciones: vacuno, ternera, cerdo, aves de corral, pollo, pavo, pato, ganso, cordero, carnero, ovino, cabra, muslo, solomillo, lomo alto, falda, lomo, filete, costillas, paletilla, jarrete, chuleta, ala, pechuga, hígado, muslo, pecho, entrecot, chuletón en T, culata y bacon.
Aunque las propuestas iniciales pretendían prohibir denominaciones muy extendidas como burger y sausage, esta idea se ha descartado. Esto significa que en los supermercados se seguirán viendo productos que se anuncian como veggie burgers y vegan sausages.
Las restricciones, sin embargo, se han ampliado a la carne cultivada (carne creada a partir de células animales), pese a que todavía no está disponible comercialmente. Las dos instituciones colegisladoras acordaron un periodo de transición de tres años, que permitirá a los productores vender las existencias actuales y adaptarse a las nuevas normas.
No obstante, el acuerdo debe someterse aún a la adopción formal y a una votación final en el pleno del Parlamento Europeo, por lo que todavía cabe la posibilidad de cambios de última hora.
¿Confunde al consumidor la carne vegetal ?
El argumento central a favor de la prohibición es que las etiquetas de los productos vegetales inducen a error a los consumidores. Sin embargo, varias encuestas han mostrado que los europeos apoyan seguir utilizando el lenguaje cotidiano para los alimentos de origen vegetal, ya que les ayuda a identificar qué producto se intenta imitar.
"Introducir cambios arbitrarios en estas prácticas de etiquetado, asentadas desde hace tiempo, está desconectado del uso cotidiano que hace la gente del lenguaje", afirma el laboratorio de ideas sin ánimo de lucro Good Food Institute.
"Para el sector de los alimentos de origen vegetal, una de las ramas más innovadoras y de crecimiento más rápido de la industria alimentaria europea, las restricciones de etiquetado también introducirían costes, como el cambio de marca y de envases, y podrían hacer menos atractivo para las empresas internacionales entrar en el mercado comunitario".
Un revés para los objetivos climáticos de la UE
El mismo día en que el Consejo de la UE anunció la prohibición de las etiquetas cárnicas, dio también el visto bueno definitivo a la modificación de la legislación climática europea, con la introducción de un objetivo climático intermedio vinculante.
Esto significa que la UE intenta ahora lograr una reducción del 90% de las emisiones netas de gases de efecto invernadero con respecto a los niveles de 1990. "La transición climática exige que sea más fácil, y no más difícil, optar por alimentos más sostenibles", señala a 'Euronews Green' Jasmijn de Boo, directora general global de ProVeg.
"Los alimentos de origen vegetal suelen tener una huella ambiental significativamente menor que los productos de origen animal, con menos emisiones de gases de efecto invernadero y menor uso del suelo, de modo que las políticas deberían respaldar su desarrollo y su adopción".
Los alimentos de origen animal representan entre el 81 y el 86% del total de emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la producción de alimentos en la UE, a pesar de aportar solo en torno al 32% de las calorías y el 64% de las proteínas.
Según la calculadora de huella de carbono CO2 Everything, una ración de 100 g de ternera equivale a 78,7 km de conducción y libera 15,5 kg de CO2 equivalente.
"En un momento en que Europa intenta cumplir ambiciosos objetivos climáticos, hay desafíos mucho más urgentes en el sistema alimentario, como garantizar unos medios de vida justos para los agricultores, mantener una producción de alimentos resiliente y sostenible y abordar la reducción de los rendimientos causada por los impactos climáticos", añade de Boo.
La directiva general sostiene que los responsables políticos deberían centrarse en facilitar la innovación y acelerar la transición hacia un sistema alimentario más sostenible, en lugar de enzarzarse en lo que describe como debates simbólicos sobre denominaciones.
Silvia Mantilla, de la World Federation for Animals (WFA), comparte este planteamiento y sostiene que las políticas deben fomentar las dietas basadas en vegetales, no ponerles trabas.
"La FAO estima que la ganadería aporta el 14,5% de las emisiones antropogénicas totales, es decir, las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la actividad humana que aceleran el calentamiento global y el cambio climático", explica Mantilla a 'Euronews Green'.
"Pasar a dietas más ricas en vegetales puede reducir las emisiones del sistema alimentario y al mismo tiempo disminuir el sufrimiento animal. Promover y mejorar el acceso a una alimentación basada en vegetales debe ser una prioridad dentro del esfuerzo global para hacer frente a la creciente amenaza que el cambio climático supone para nuestro planeta".
Subvenciones "escandalosas" a la carne de vacuno y cordero
El mes pasado, un informe de la organización sin ánimo de lucro Foodrise reveló que la política agrícola común (PAC) de la UE destinó en 2020 más subvenciones a la producción de productos animales muy emisores que a los alimentos de origen vegetal.
El análisis muestra que los alimentos de origen animal recibieron en torno al 77% de las subvenciones totales de la PAC, unos 39.000 millones de euros, de un total de 51.000 millones de euros desembolsados ese año.
Esto significa que la carne de vacuno y de cordero, que se encuentran entre los productos que más dañan el clima en el sector alimentario, recibieron en torno a 580 veces más subvenciones que alternativas de baja huella de carbono como las lentejas y las alubias en 2020.
Los productos lácteos, también cuestionados por su elevada huella de carbono, recibieron asimismo unas 554 veces más ayudas de la PAC que los frutos secos y las semillas en ese mismo año.
Martin Bowman, de Foodrise, considera "escandaloso" que se destinasen miles de millones de dinero de los contribuyentes a apuntalar alimentos de altas emisiones, y pide a los responsables políticos de la UE que apoyen a los agricultores en la transición hacia una agricultura basada en cultivos vegetales.
Un portavoz de la Comisión explica a 'Euronews Green' que la PAC ayuda al sector agrícola de la UE a convertirse en "un modelo de sostenibilidad", y confirma que la política ha sido objeto de reformas que han desvinculado desde 2003 la inmensa mayoría de los pagos directos a los agricultores de lo que producen.
"Por tanto, las subvenciones de la PAC ya no están vinculadas a qué ni a cuánto producen los agricultores", añade el portavoz. 'Euronews Green' se ha puesto en contacto con el Coreper I, órgano preparatorio del Consejo de la UE, para recabar su valoración.